| 9/1/2006 12:00:00 AM

El semestre financiero

A pesar de que la crisis de los mercados fue fuerte, en general las entidades financieras salieron bien libradas. Hay que aprender de las lecciones, porque el riesgo sigue latente.

La fuerte caída en los precios de la deuda pública y del mercado accionario que se registró durante el segundo trimestre del año, trajo una fuerte reducción de las utilidades del primer semestre para el sector financiero ante la desvalorización de sus portafolios.

Según cifras de la Superintendencia Financiera, el sector financiero consolidado pasó de una utilidad de $2,7 billones en junio de 2005 a $1,8 billones en junio de 2006, una reducción del 34%.

Las pérdidas fueron mayores para aquellos sectores y/o entidades que eran más dependientes de la renta de inversiones (ver recuadros y tablas). La banca, por ejemplo, incrementó su cartera, al encontrar en su actividad básica una fuente para compensar las pérdidas por valorizaciones. El mismo camino siguieron las fiduciarias. Además, tuvo menores pérdidas a las esperadas pues los buenos resultados del primer trimestre y de años anteriores le daban un colchón para aguantar.

Del mismo modo, los resultados evidenciaron que las entidades que tenían sus portafolios más diversificados y bien medidos los riesgos en que estaban incurriendo salieron mejor libradas. Muchas entidades reaccionaron a la crisis acortando la duración de su portafolio y comprando dólares. La banca además reclasificó sus inversiones.

A julio y agosto, los mercados reaccionaron y probablemente los balances del tercer trimestre serán mejores. Pero no hay que olvidar las lecciones que dejó esta crisis pues seguimos siendo dependientes de los mercados internacionales y el riesgo de mercado no ha desaparecido. Los resultados evidencian la necesidad de seguir mitigándolo: el gobierno debe seguir bajando su déficit y mejorando la calidad del stock de TES y los banqueros tienen que seguir avanzando en sus políticas de riesgo y en la diversificación de su portafolio e ingresos. Hay que avanzar en el desarrollo de un mercado de derivados que permita cubrir estos riesgos.

Pérdidas moderadas
Según Anif, las pérdidas por la desvalorización de los TES en el período marzo-junio de 2006 para el sector financiero consolidado ascendieron a cerca de $3,2 billones.

Sin embargo, algunos analistas creen que la caída fue menor a la esperada, considerando el tamaño de la crisis y su larga duración. La banca, por ejemplo, perdió por valorización de inversiones alrededor de $287.000 millones.

Esto se explica pues el sector había tenido un excelente primer trimestre y se había ganado toda la caída de las tasas de la primera parte del año. De hecho, las entidades que más se afectaron fueron precisamente las que más se habían beneficiado.

Las utilidades habían sido tan buenas que esto fue como una corrección. Además, el sistema lleva tres años de recuperación, lo que ha traído consolidación, aumento de las utilidades y una mayor fortaleza patrimonial, elevando su capacidad para reaccionar a choques adversos. “El sector estaba en muy buenas condiciones. Todos sufrimos una disminución de las utilidades pero no se ha hablado de quiebras o liquidaciones. La mayoría de las entidades sigue presentando un balance positivo”, afirma un banquero.

Además, ninguna de las entidades que administran portafolios dejó de responderles a sus clientes.

Más razones
Para la banca, lo sucedido fue una oportunidad de incrementar la cartera, que pasó de representar 53,4% a 57,1% del activo total durante el último año, mientras que las inversiones disminuyeron de 32,2% a 28,2%. En 1998, las inversiones eran el 11,8% del activo total.

Sin embargo, el Banco de la República ha comenzado a advertir sobre la necesidad de “monitorear de cerca el riesgo asociado al aumento de la cartera de consumo que ha duplicado su valor como porcentaje del producto en los últimos tres años”. Y aunque aún está lejos de los niveles de mediados de los 90 y su crecimiento se ha dado con buena calidad y cubrimiento, hay que estar atentos pues la cartera vencida viene creciendo. Pasó de $1,8 billones en diciembre de 2005 a $2,2 billones en junio pasado.

Otra de las razones del menor impacto es que la banca reclasificó sus inversiones. Con esta medida, las inversiones al vencimiento crecieron 45% y perdieron peso las negociables. Como las primeras no tienen la obligación de ser valoradas a precios de mercado, esto hizo que no toda la caída de los TES se reflejara en el portafolio. Del mismo modo, la mayoría de las entidades consultadas comentó haber acortado la duración de su portafolio y haber buscado una mayor diversificación mediante la compra de dólares, que son activos con una correlación inversa a los TES. De hecho, los ingresos netos en divisas de la banca pasaron de $19.000 millones a $340.000 millones.

En general, los fondos registraron una mayor disminución porque no pueden reclasificar su portafolio, debido a que deben cumplir estrategias de inversión más reguladas. Sin embargo, según administradores de estos fondos, sus cifras deben mirarse con unas expectativas de inversión de largo plazo. Además, llamaron la atención sobre la necesidad de contar con más y novedosas oportunidades de inversión como productos e instrumentos financieros de largo plazo más acordes con su horizonte de pagos futuros. De los actuales afiliados a los fondos de pensiones, el 74% es menor de 40 años, mientras que el 95,8% de las inversiones tiene un vencimiento menor a 10 años.

En la agenda
La crisis también recordó que somos cada vez más dependientes de lo que sucede en los  mercados internacionales. “Estamos en un mercado totalmente globalizado, pues dependemos de decisiones que no tomamos nosotros mismos, sino el señor Bernanke”, afirma Martha Juliana Silva, presidente de Fidubogotá.

Y considerando que no hay consenso sobre el futuro de las tasas de interés internacionales, no estamos exentos de que se repitan períodos de alta volatilidad.

Para muchos analistas, esto hace más evidente la necesidad de una reducción del déficit fiscal y de la aprobación de las reformas estructurales, pues esto ayudaría a que los portafolios no estuvieran tan concentrados en el riesgo de gobierno. Mientras tanto, “el gobierno trabaja mediante distintas estrategias de control de suministro para disminuir el stock de TES y mejorar su calidad para resistir mejor estos choques externos”, afirma Julio Andrés Torres, director de crédito público del Ministerio de Hacienda.

Del mismo modo, varios analistas resaltaron la importancia de que los fondos de pensiones —que son inversionistas institucionales de largo plazo— tomen cada vez una mayor posición de TES en sus portafolios. Hoy, los fondos privados tienen el mismo nivel de tenencia de TES que la banca y es probable que al finalizar el año los sobrepasen. Hace tres años, los bancos tenían el 19% y los fondos privados de pensiones poseían el 10,8%. Es benéfico que los TES estén en manos de inversionistas de largo plazo, pues son tenedores finales, afirma Torres. Agregó que para prevenir estos episodios, los agentes del mercado deberían ser mucho más elaborados y cuidadosos en la asignación de riesgos cuando venden instrumentos con apalancamiento.

Por su parte, banqueros como Javier Blanco, vicepresidente ejecutivo de tesorería del BBVA, reclaman que para enfrentar mejor estas coyunturas, es cada vez más urgente el desarrollo de un mercado de derivados.

Por último, en el caso de las entidades que administran portafolios, el desplome de los mercados se reflejó en rentabilidades negativas, lo que hizo que mucha gente saliera de sus inversiones. Esto profundizó la caída de este tipo de entidades y evidenció que aún falta mucha cultura de manejo del riesgo entre los inversionistas.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?