| 3/18/2005 12:00:00 AM

El segundo ciclo

Después de muchos años, la industria de capital de riesgo y capital privado está renaciendo en Colombia. Las iniciativas podrían conseguir fondos por la mitad de lo hecho en los últimos 12 años.

Dentro de los próximos 2 ó 3 años, en Colombia se podría conseguir hasta US$230 millones como capital de riesgo y privado para invertir sobre todo en empresas nacionales. Puede no parecer mucho, pero este monto equivaldría casi a la mitad de lo obtendo en 12 años (entre 1993 y 2004) cuando se reunieron unos US$500 millones con este fin.

Las iniciativas más grandes incluyen un fondo que busca recaudar US$100 millones para invertir, en asocio con empresas del sector petrolero, en la exploración de pequeños campos con reservas probadas y en el cual Ecopetrol ha consignado US$25 millones. El Small Enterprise Assistance Fund, con recursos del Fondo Transandino y la agencia estadounidense USAID, pretende levantar entre US$20 y US$30 millones para invertir en pequeñas y medianas empresas colombianas. Altra, una firma creada por Mauricio Camargo, ex socio de McKinsey Colombia, y Darío Durán, ex vicepresidente de inversiones de Valores Bavaria, planea hacer cinco inversiones en el área andina por entre US$5 y US$20 millones por empresa en los próximos 2 ó 3 años.

El renovado entusiasmo por el tema de capital de riesgo y privado en Colombia obedece a un incipiente fenómeno regional. Según el Latin American Venture Capital Association, en 2004 los administradores de estos fondos obtuvieron más de US$900 millones para invertir en América Latina, duplicando lo hecho en cualquier año desde 2000, cuando se reunieron US$2.600 millones. La debilidad del dólar, la recuperación económica de la región y la falta de alternativas de inversión interesantes han dado un impulso al tema. Con todo, hoy se dice que América Latina está entrando a su segundo ciclo de capital de riesgo y privado. El primero tuvo su auge entre 1997 y 1998. Para tener una idea, Estados Unidos está en el quinto.

En esencia, estos fondos de capital de riesgo y privado invierten en empresas en las cuales creen que se puede crear valor al comprar una participación accionaria en ellas. La empresa le da al administrador del fondo poder para intervenir directamente en todos sus asuntos. Luego de unos años, el fondo desinvierte, idealmente con un buen retorno para quienes suscribieron el capital.

Colombia no ha sido ajena a los fondos de capital de riesgo y privado. Entre 1993 y 2004, al igual que Chile, recibió 3% del capital destinado a la región, equivalente a todo lo que recibió Centroamérica. La gran mayoría de este capital lo trajeron fondos internacionales y ha sido más capital privado o private equity, como se conoce en el mundo, que capital de riesgo. El capital privado se destina a empresas sólidas que necesitan una inyección de capital para dar un salto cualitativo, mientras que el capital de riesgo es para empresas nacientes o en papel y trae considerablemente más riesgo (ver recuadro). Así, inversiones de capital privado reconocidas en Colombia incluyen las hechas por fondos como Newbridge en Carulla, Latin American Enterprise Fund, LAEF, en Diaco y Darby que tiene cuatro inversiones en el país.

Por su parte, poco ha sido lo hecho por fondos colombianos. Por años, el único fondo de capital de riesgo colombiano fue Mercurius Ventures, fundado por Augusto López, ex presidente de Bavaria, a finales de los 90. Este fondo tiene inversiones por $5.100 millones en cuatro empresas de tecnología colombianas.

Entonces, ante la escasez de alternativas, el comienzo del segundo ciclo en Colombia es bienvenido. Sin embargo, el segundo ciclo no se parecerá al primero. Traerá cambios y lecciones, en la medida en que se avanza en la curva de aprendizaje para todos los involucrados.



la curva

de aprendizaje

Se piensa que en el primer ciclo, el modelo de capital privado no se adaptó a las particulares condiciones de los países de la región, lo cual contribuyó al mal desempeño de unos fondos.

Colombia, como los demás países emergentes, no ofrece las mismas reglas de juego que un país desarrollado. Desde el marco legal y los estándares de gobierno corporativo, hasta la poca profundidad del mercado de capitales, todo es distinto y los fondos foráneos necesitan tener gente que entienda esas prácticas Esto es especialmente cierto, dado que ejercerán un control estrecho de las empresas. Para José García, director del Fondo Transandino y del Small Enterprise Assistance Fund, SEAF, de Perú, en los países emergentes las cosas cambian. "Se deben tomar mayores seguridades y tener un nivel de supervisión mucho mayor. Manejar este tipo de inversiones a control remoto, desde Nueva York, Los Angeles y Miami, no funciona".

Tener equipos que entiendan las condiciones locales son un factor de éxito, dice Lorenzo Lara, director del fondo de capital de riesgo venezolano Negocios Digitales, que aspira a realizar al menos una inversión en Colombia en 2005. Como comenta, la imposibilidad de encontrar buenos socios locales les obligó a cerrar sus operaciones en Argentina. Entonces, los fondos foráneos deberán contar con aliados locales o equipos locales propios. El SEAF está armando su equipo colombiano.

En el caso de la constitución del fondo de capital privado para explorar campos petroleros, el factor local fue crucial. Aunque fue armado por la unión temporal de Colcorp, Fiducolombia y Comicol, entidades de Bancolombia, el administrador será el LAEF, con sede en Miami, que conoce el mercado colombiano después de haber hecho tres inversiones en él. Además, abrirá una oficina local para administrar el fondo.

Tradicionalmente, los fondos de capital privado en Colombia han realizado inversiones en empresas grandes para el mercado colombiano, como Carulla y Diaco, entre otras. Las grandes siempre atraerán el interés de los inversionistas; sin embargo, ahora se nota un mayor interés por invertir en empresas medianas también. De las tres grandes iniciativas colombianas todas contemplan, en buena parte, la mediana empresa.

El interés por el segmento mediano es justo lo que una industria de capital de riesgo y privado doméstica necesita para despegar, dice Steven Cowan, de Aviva Capital en Washington D.C. Sin embargo, este enfoque traerá particulares dificultades. Primero, pueden parecer, más bien, un enigma para el tercero y, peor aún, para el dueño. No cuentan con buena y -necesariamente- fidedigna información financiera. Y fiscalmente prevenidas, pueden tener 2 ó 3 tres estados financieros distintos. Por otra parte, no se encontrarán códigos de gobierno corporativo ni protocolos familiares. Lo bueno, dice Julio González, de Acerbank, firma de banca de inversión, es que en estas empresas ha habido un cambio de cultura y apertura mental. Esto puede no ser suficiente. "Hay muchas empresas bonitas pero siempre hay que mirar el personaje detrás de ellas", advierte. En todo caso, puede haber algo positivo en la falta de profesionalismo. "Creo que es una oportunidad para desencadenar un tremendo valor en estas empresas", dice Cowan. Más aún, la capacidad gerencial colombiana atrajo al SEAF a abrir en Colombia su segundo fondo en América Latina.

Por otra parte, los fondos para empresas más pequeñas pueden no ser del todo rentables. De hecho, como comenta García, el primer fondo del SEAF en Perú tuvo varias desinversiones con retornos interesantes, pero el tamaño del fondo orientado a empresas más pequeñas no permitió mejores resultados. Por ello, la segunda generación de fondos en América Latina contará con mayores capitalizaciones y estará orientada a empresas medianas.

Por último, muchos fondos de capital privado han entendido que necesitan ejercer un mayor control sobre las empresas en que han invertido. "En la próxima ronda, buscaremos tener el control mayoritario de la empresa", dice Richard Frank, director del fondo de capital de riesgo y privado Darby de Washington D.C. "Muchos fondos han invertido en buenas empresas pero con posiciones minoritarias". Esto muestra el grado de control que los fondos tendrán que ejercer. Y no hay que ir muy lejos para encontrar las lecciones.

Como dice Diego Fajardo, gerente del Fondo Mercurius Ventures, "inicialmente solo aportamos capital y las empresas pusieron la pauta, a pesar de nuestro comité de inversiones y del puesto en la junta". Eso ha cambiado, "hoy estamos más metidos en la administración", agrega.



Esperanza chibcha

Finalmente, la clave para consolidar el segundo ciclo de capital de riesgo y privado que pasa por Colombia está en la industria local. Por un lado, la experiencia del administrador del fondo es crucial. Las tareas de recaudar recursos para el fondo, detectar empresas con potencial y crear valor en ellas y encontrar una salida rentable no son nada fáciles. En ninguna clase de activos es tan notoria la diferencia en rentabilidad entre los mejores y peores administradores. Así, es particularmente importante, dada la sensibilidad de esta industria a las malas experiencias.

Lo bueno de los locales es que son locales. Saben mejor que nadie cómo funcionan las cosas. Más aún, en Colombia hay una gran experiencia acumulada en las corporaciones financieras y en otros grupos económicos, dice García, del SEAF. Sin embargo, "falta sistematizar esta experiencia y aplicarla en modelos más formales". He aquí la importancia de que los administradores extranjeros, como el SEAF y el LAEF, no solo tengan éxito sino que puedan transferir su conocimiento.

El capital que se inyectará a estos y otros fondos colombianos debe provenir de fuentes domésticas. Altra y el fondo de Ecopetrol buscan inversionistas extranjeros, pero eso no siempre es una opción. "Esto no es de llevar una presentación de PowerPoint a Nueva York", dice Frank, de Darby. "Tendrán que buscar recursos entre las familias colombianas de grandes patrimonios y los fondos institucionales".
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