El reto del microcrédito

| 12/7/2001 12:00:00 AM

El reto del microcrédito

La nueva clasificación de microcrédito subsana deficiencias en la regulación. Se necesita masificar tan rentable práctica crediticia para atender la demanda.

La Superintendencia Bancaria finalmente le abrió la puerta al concepto de microcrédito como modalidad separada dentro de la clasificación de la cartera de créditos del sistema financiero. Desde el pasado 26 de octubre, luego de muchos años de controversia, cada entidad vigilada deberá catalogar como microcrédito el conjunto de operaciones activas de crédito otorgadas a personas naturales o empresas con un máximo de 10 empleados. El monto de endeudamiento con la respectiva entidad no debe superar 25 salarios mínimos legales mensuales vigentes, actualmente equivalentes a $7'150.000.



"Este paso es vital, pues el microcrédito se encuentra en etapa de consolidación y requiere el mayor apoyo por parte de las autoridades", afirma la consultora Beatriz Marulanda. De lo contrario, no podrá avanzar como alternativa de sobrevivencia y desarrollo para la microempresa y las personas de menores recursos.



La importancia del sector microempresarial en Colombia es indudable. Se estima que para 1997 estaba compuesto por 4 millones de empresas unipersonales y 1,07 millones de unidades empresariales de 2 a 10 empleados. Ese año, el sector generó 15,5 millones de empleos, de los cuales 10,8 millones correspondieron a empresas de 10 o menos trabajadores, es decir, 70% del empleo del país. Por su parte, los dramáticos niveles de desempleo, informalidad y pobreza sustentan también la imperiosa necesidad de ampliar el acceso al crédito por este mecanismo. En este sentido, no hay que perder de vista que la microempresa genera alrededor del 60% de los nuevos puestos de trabajo en América Latina, según un trabajo reciente de Albert Berry, experto de la Universidad de Toronto.



En Colombia, el microcrédito está atendido por pocas entidades, muchas autosostenibles y rentables, que no logran abastecer la enorme demanda por esta modalidad de crédito en el país.



Satisfacer la demanda



El conjunto de entidades que otorgan microcréditos en Colombia (ver recuadro) asignó el año pasado 245.200 microcréditos por un valor de US$167 millones (ver gráfica), equivalentes a apenas 0,2% del PIB. Aproximaciones al tamaño de la demanda por microcrédito en Colombia, realizadas este año por Econometría S.A., señalan que el mercado potencial asciende 980.000 créditos por un valor de equivalente a US$3.877 millones, o sea, 4% del PIB.



Diversas instituciones en el país podrían aprovechar este inmenso mercado, al aplicar tecnologías de microcrédito utilizadas con gran éxito por Banco Caja Social. Esta institución es una de las entidades de microfinanzas más grandes del mundo, considerando que tiene más de un millón de clientes (130.000 en el segmento microempresarial), emplea 2.700 personas y tiene 122 oficinas en 42 ciudades. A junio de este año, Caja Social presentó los mejores indicadores de rentabilidad del activo y del patrimonio de todo el sistema financiero y reportó utilidades por US$10,9 millones. "Esto a pesar de incurrir en unos costos administrativos más altos, debido a que el microcrédito implica procesos y un diseño de productos diferentes a los de la banca tradicional", reconoce su presidente Eulalia Arboleda de Montes. Por ejemplo, evalúa más la reputación y el flujo de caja que las garantías y la documentación formal.



Vale la pena destacar otros ejemplos de entidades más pequeñas pero autosostenibles y rentables. El Banco de la Mujer de Cali, una organización no gubernamental (ONG) parte de la red del Women's World Banking (www.womensworldbanking.org), cuenta a octubre con 41.000 clientes, créditos vigentes por $39.000 millones y una cartera vencida de más de 30 días de apenas 1%. Clara de Ackerman, directora del Banco de la Mujer de Cali, demuestra con resultados una excelente ejecución de un negocio bancario al mismo tiempo que logra llegar con crédito a quienes no tenían acceso a él.



Los estudios de caso presentados en la primera edición de la revista Microempresa Américas, publicada por el BID este año, señalan que las instituciones microfinancieras se desempeñan relativamente bien durante las recesiones. Para el caso de los 5 Bancos de la Mujer y Finamérica, la cartera de crédito no cayó en 1999 y repuntó un 26,8% en 2000, mientras el crecimiento de la cartera de los bancos comerciales se contrajo en 1999 y apenas repuntó el año pasado. El indicador de rendimiento de los activos también es superior en comparación con los bancos comerciales a pesar de los tiempos difíciles (ver gráficas).



Por tanto, queda desvirtuada la noción de que el microcrédito no puede ser de ninguna manera un negocio sostenible y mucho menos rentable. Además, las instituciones microfinancieras han mostrado un comportamiento envidiable durante la reciente recesión económica.



El paso siguiente



La consultora Beatriz Marulanda viene realizando un trabajo para el BID, en el que encuentra que no hay grandes distorsiones en la regulación colombiana para el desarrollo de las microfinanzas. En este sentido, Marulanda califica la reciente medida "como un importante paso para diferenciar la actividad en los balances de las entidades financieras. Esta nueva clasificación facilitará la evaluación del riesgo y una regulación apropiada por parte de la Superbancaria".



Las modificaciones al Estatuto Orgánico del Sistema Financiero (EOSF), contempladas en la reforma financiera presentada al Congreso en octubre, también van en la dirección correcta y favorecen el desarrollo del microcrédito.



Por tanto, a futuro, el principal reto consiste en vincular los bancos comerciales en este negocio. En la medida en que adopten tecnologías de microcrédito apropiadas, la competencia disminuiría el costo de los créditos, al mismo tiempo que incrementaría el volumen del microcrédito. Y para apoyar el crecimiento de la actividad, es necesario ampliar y mejorar la base de datos de las centrales de riesgo. Actualmente, el valor del crédito para montos pequeños no se reporta.



Es importante también fomentar la "graduación" de las ONG, alentándolas a alcanzar los mismos estándares exigidos a las entidades reguladas en términos de eficiencia, introducción de nuevas tecnologías, manuales de operaciones, contabilidad, sistemas de información y controles internos. Es decir, a portarse como un banco para facilitar su transición y además asegurar su autosostenibilidad y rentabilidad.



La reciente medida aprobada por la superintendente bancaria Patricia Correa es bienvenida y necesaria. Muchas entidades que se le han medido al negocio del microcrédito están mostrando que su labor merece la máxima atención. En un entorno dominado por el desempleo y la pobreza, el fortalecimiento del microcrédito no podría ser más relevante.



Las microfinancieras en Colombia

La experiencia en créditos pequeños en Colombia se ha dado en cuatro intermediarios financieros formales y por medio de un sector semifinanciero que no está sujeto a la vigilancia especializada del Estado y tampoco opera en el marco legal definido para el sistema financiero. Las entidades formales son Banco Caja Social, Megabanco, Finamérica y Compartir.



El sector semifinanciero o no tradicional está integrado por cooperativas de ahorro y crédito y organizaciones no gubernamentales (ONG). En el país, hay cinco ONG financieras, todas pertenecientes a la red Women's World Banking y localizadas en Bogotá, Cali, Popayán Medellín y Bucaramanga. Hay 9 ONG más que prestan otros servicios, aparte del de microcrédito, como la Fundación Santo Domingo y la Fundación Carvajal.



"El gran reto es que más instituciones entiendan que es rentable entrar al negocio de las microfinanzas", sostiene la consultora Beatriz Marulanda. Para Eulalia Arboleda de Montes, presidente del Banco Caja Social, las microfinanzas son rentables y no implican mayor riesgo crediticio.
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