| 4/1/1994 12:00:00 AM

El orden de los factores desordena el producto

Parece ser que hace algún tiempo Andrés Pastrana minimizó la importancia de que la tasa de cambio real se apreciara, por considerar que dicho proceso era, en esencia, un resultado inevitable de las fuerzas del mercado. Más recientemente, Pastrana, al igual que Samper, ha manifestado que, en las actuales circunstancias, es imperativo mantener una tasa de cambio real competitiva. Es interesante que en un aspecto tan importante haya coincidencia entre los dos más opcionados aspirantes a ocupar la Presidencia. Que quede claro que hay coincidencia en las intenciones; no sabemos si concuerdan en las políticas que se implantarían para lograr el objetivo. Y si algo hemos aprendido en el pasado reciente es que, es fácil proponerla estabilidad de la tasa de cambio, pero muy difícil lograrlo. Veamos por qué.

En una forma u otra, todo político considera prioritarios los siguientes objetivos: 1. Una tasa de cambio competitiva, que fomente las exportaciones y le permite competir a la industria nacional; 2. Reducción de la inflación; 3. Aumento del gasto público, tanto en el área social como en infraestructura; 4. Generación de más y mejores empleos, para lo cuales clave una economía dinámica, con crédito abundante y barato. El problema radica en que varios de estos objetivos son, por lo menos en el corto y mediano plazo, inconsistentes entre sí.

Nuestros reparos al manejo macroeconómico del último año se originan precisamente en esas inconsistencias. Hemos criticado la política de gasto público, no porque éste sea innecesario, o porque creamos que los recursos se estén dilapidando. Hemos estado en contra de bajar las tasas de interés, no porque creamos inconveniente que el sector productivo se beneficie con menores costos financieros. Hemos creído inapropiado el aumento en el precio interno del café, no porque desconozcamos que los caficultores atraviesan serios problemas. Las críticas han sido motivadas en el convencimiento de que un elevado gasto público, unas bajas tasas de interés o un precio interno del café muy elevado son políticas que, en las actuales circunstancias, no son consistentes con el logro de una mejor inflación y el mantenimiento de una tasa de cambio real competitiva.

Cada persona priorizará de manera diferente los distintos objetivos. Algunos no considerarán que la baja en la inflación deba ser una meta importante. Otros considerarán que la reducción de la inflación es crucial, incluso a costa de sacrificar parte del gasto público. Lo que no se puede pretender es alcanzar todos los objetivos al mismo tiempo.

Ya los principales candidatos se pusieron de acuerdo en la necesidad de procurar una tasa de cambio real competitiva. Falta que nos cuenten cómo lo van a lograr. ¿Olvidándose de la inflación y pidiéndole al Banco de la República que acelere la devaluación? ¿Mermándole a los ofrecimientos de campaña y, en efecto, ejecutando un gasto público más austero? ¿O será que la austeridad se hará en el frente del precio interno del café? ¿O más bien, la moderación del gasto correrá por cuenta del sector privado, quien enfrentará mayores tasas de interés?

La necesidad de. prioridad objetivos es ineludible. Hoy en día la inflación va en subida, la tasa de cambio real en bajada y, como si fuera poco, se insiste en una baja en tasas de interés para fomentar aún más la demanda agregada, la cual ya crece dos veces más rápido que el producto. Todo ello ha sido el resultado de perseguir múltiples metas. Ojalá la experiencia no se repita a partir de agosto y que, dentro de la necesaria jerarquización de objetivos, el logro de menores tasas de inflación no pase a ocupar, como en el último año, el asiento de atrás.?
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