| 2/1/1994 12:00:00 AM

El Morgan y el derrumbe del Banasto

La gran pregunta es por qué el J.P. Morgan adquirió poco antes del derrumbe el 9% de las acciones de Banesto.

Aquella fría mañana decembrina del último martes de 1993 los altos ejecutivos de la división internacional de J. P. Morgan llegaron a sus oficinas de Wall Street. El portero les entregó una serie de recados que llamaran a Madrid con suma urgencia. Pero lo que los llenó de prevención fue la noticia que aparecía en grandes letras verdes en la pantalla del Reuter:

"Madrid, 28 de diciembre (le 1993: en la mañana de hoy fue intervenido de manera contundente e inmediata por instrucciones del Banco de España el Banco Español de Crédito, Banesto, y destituidos en forma fulminante su presidente, Mario Conde y el Consejo de Administración en pleno. Luis Angel Rojo, gobernador del Banco de España, considera que el Banco tiene una sobrevaluación de US$ 3.500 millones en su cuenta de activos y que el valor patrimonial del banco sólo asciende a US$ 2.800 millones. El Banesto es el quinto banco español con activos de US$61.000 millones. Banesto es propietario y partícipe de ocho bancos españoles y cuatro extranjeros de Uruguay, Chile, Portugal y Hong Kong; cuenta con ocho financieras españolas, otras cuatro internacionales, así como un grupo industrial que abarca desde la minería hasta la siderurgia, pasando por la construcción, los negocios inmobiliarios, empresas de alimentación, telefonía y electrificación; posee, asimismo, dos grandes compañías de seguros, más cinco empresas de gestión de activos y un sinfín de empresas de "holdings" en España y el extranjero. Su red de inversiones contaba con una elevada participación escrita, radical y televisada".

Hacía sólo cuatro meses el J.P. Morgan, posiblemente el banco más conservador, prestigioso y sólido de Estados Unidos, acababa de inventar US$175 millones, a través del "Fondo Corsario", para adquirir el 9% de las acciones del Banesto. Adicionalmente el Morgan actuó como líder en la emisión de un paquete de US$700 millones en acciones, que fue colocado entre los principales fondos de pensiones de Estados Unidos, entre los que se encontraban el Fondo de Pensiones de la General Electric, que compró el 1.5% del capital de Banesto.

Los ejecutivos del Morgan en Wall Street quedaron paralizados. Por unos breves minutos les volvió la tranquilidad cuando uno de los vicepresidentes comentó: "No debemos preocuparnos. Hay que recordar que el 28 de diciembre es el Día de los Inocentes en España. Con toda seguridad es una broma".

Mas la llamada que entró del gerente general del J. P. Morgan en Madrid los volvió a sumir en pánico cuando les confirmó que los únicos inocentes eran ellos mismos ya que él había en repetidas ocasiones desaconsejado la intervención del Morgan en el Banesto.

Desde la perspectiva de los clientes y accionistas del J. P. Morgan los interrogantes son graves. En primer lugar tanto la sucursal del banco en Madrid como el director general del "Fondo Corsario" desaconsejaron hacer esta operación ¿Por qué el Morgan en Nueva York se empeñó en ella? El analista que contrató el Morgan para hacer la evaluación del Banesto y la gestión dle Mario Conde rindió un informe favorable sobre el Banco Español y la gestión de Conde. Informaciones recibidas desde un paraíso fiscal en el Caribe parecen indicar la existencia de un millonario crédito por parte del Banesto a este analista. ¿Estaban enterados los ejecutivos del Morgan en Nueva York de este crédito?

El principal interrogante que se plantea la comunidad financiera internacional y que sigue resonando en los corrillos de las capitales del mundo desde Londres a Tokio no es la intervención del Banesto, algo que se podría describir como la historia de un derrumbe anunciado, sino qué hacía el J. P. Morgan, la gran dama de las finanzas mundiales, compartiendo pecaminosamente el lecho con Banesto, una pisca financiera de muy dudosa reputación? El colapso del Banesto era una cuestión de tiempo, un secreto a voces. Por contra, la inversión del Morgan es un enigma rodeado de misterios.

Para contestar esta pregunta es importante describir con un rápido pincelazo a los principales actores de esta tragicomedia: en primer término encontramos a Mario Conde, el ex presidente del Consejo del Banesto. Mario Conde es sin duda uno de los personajes más pintorescos en la ya bastante florida fauna financiera española. Brillante abogado del Estado, se graduó con las más altas notas en la Universidad de Deusto, en Bilbao, baluarte de la educación jesuita en la Península Ibérica. Su cuarto de hora se inició cuando el industrial Juan Abelló lo contrató como su asesor en la expansión y consolidación de una serie de empresas en el sector farmacéutico encabezadas por Laboratorios Abelló y que culminó en la toma del control de Antibióticos S.A., la principal empresa farmacéutica española. Conde fue el cerebro de la venta de Antibióticos S.A. a Montedison por más de US$500 millones en 1985. Para premiar el brillante papel de su amigo y asesor, Abelló le entregó a Conde buena parte de las utilidades calculadas en US$300 millones. Con este botín el industrial y el abogado se hicieron al control de Banesto pero a los pocos meses comenzaron las desavenencias entre Abelló y Conde y el primero se retiró por completo del banco en un sonado escándalo público. Para algunos esta hubiera podido ser la primera señal de la conflictiva personalidad de Mario Conde. Pero la ambición desbordada de Conde no se detenía en ser la cabeza de Banesto. Su meta era nada más ni nada menos que suceder a Felipe González.

Por parte del Morgan como actor principal está Roberto Mendoza, el "vice-chairman" del banco y como actriz de reparto una colombiana, Violy McAusland, quien como el capitán Araya, embarcó a todo el mundo pero ella se quedó en la playa, ya que pocas semanas antes de la intervención, ella pasó a otra firma bancaria americana. Por su parte, Mendoza tiene reputación de ser abrasivo y tremendamente ambicioso. Ya en 1992 Mendoza había intentado que el Morgan directamente hiciera una inversión en Banesto pese a la firme oposición de la sucursal del Morgan en España, que estaba más al tanto de los problemas de Banesto.

No es fácil entender las razones por las cuales el Morgan no adelantó una auditoría a fondo de los créditos y las inversiones del Banesto antes de poner su reputación en juego. El Morgan es y ha sido tradicionalmente el banco más sólido en Estados Unidos precisamente porque no se deja deslumbrar por los negocios fáciles que generan utilidades a corto plazo pero serios problemas a largo plazo. El Morgan analiza en forma detenida cada una de sus operaciones de riesgo. No cabe la menor duda que el auditar y analizar una multibanca, como lo es el Banesto, es una actividad compleja. El auditor no sólo requiere conocimientos contables y financieros, sino una visión amplia de los derroteros qué seguirán en el futuro las diferentes industrias de las economías donde se han otorgado los créditos. Es igualmente necesario el auditar y evaluar los procedimientos que siguen las instituciones para otorgar los créditos y hacer las inversiones y calificar la preparación profesional de las personas encargadas de tomar las decisiones.

¿Por qué el Morgan perdió el norte en su relación con Banesto?

La única explicación lógica es que el señor Roberto Mendoza se dejó deslumbrar por la arrolladora personalidad y el carisma de Mario Conde, quien no sólo se presentó como un avezado banquero y el líder indiscutible de las finanzas españolas sino como el único interlocutor real entre la derecha política y la derecha económica española y posible sucesor de Felipe González.

Pero como decía Voltaire del Sacro Imperio Romano Germánico que no era ni sacro, ni imperio, ni romano, ni germánico, se puede decir que Mario Conde no era ni banquero, ni líder, ni interlocutor, ni mucho menos el posible sucesor de Felipe González. Pero esta realidad no la comprendió el señor Mendoza. La situación patrimonial y económica del Morgan no será afectada por este descalabro porque la pérdida es relativamente ínfima en comparación con su patrimonio y sus utilidades. Sin embargo, las consecuencias que puedan llegar a afectar su reputación son más difíciles de cuantificar.
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