El futuro promete

| 7/26/2002 12:00:00 AM

El futuro promete

Con un entorno de incertidumbre como el que vive el país, los instrumentos derivados pueden convertirse en la mejor opción para cubrir su riesgo.

El rumbo del dólar aún es incierto. De una tendencia revaluacionista a principios de año, se ha pasado a una devaluación de cerca del 9% desde junio. Los empresarios con operaciones en dólares no saben qué hacer. Es lógico pues quienes tienen deudas en dólares o importan la mayoría de sus materias primas, están totalmente expuestos al riesgo en la tasa de cambio. Esta tendencia ha impulsado a los empresarios a buscar nuevas herramientas de cobertura para disminuir la incertidumbre de los flujos de caja, producto de la volatilidad de ciertas variables. En lo corrido del año, el uso de estos instrumentos, llamados derivados, ha crecido 40% en comparación con el 2001. Esto porque las empresas ya están reconociendo que su competitividad no puede depender de variables fuera de su control.



En el mercado de los derivados, hasta los operaciones más impensables se vuelven realidad con tal de cubrir el riesgo de las empresas. Uno de los mayores compradores de futuros sobre el precio de los jugos concentrados de naranja es Disney. ¿Quién pensaría que una empresa como Disney podría cubrir parte de su riesgo comprando futuros de jugos de naranja? Aunque no lo parezca, tiene mucha lógica. El clima en la Florida afecta de diferente manera los dos negocios de Disney. Si hace mal tiempo, se reducen los visitantes al parque de diversiones, pero sube el precio de la naranja porque la cosecha se deteriora. Así, Disney puede obtener una utilidad por la diferencia entre el precio que pactó en el futuro y el que está pagando el mercado en ese momento. Para la empresa, entonces, la caída en los ingresos por las entradas al parque se compensan con las ganancias por el aumento en los precios de los jugos de naranja.



Las empresas del país ya están reconociendo los beneficios de acudir a este mercado y cada día están haciendo operaciones de cobertura más sofisticadas. Empresas como Ecopetrol, Bavaria, Porvenir, EPM y la Federación Nacional de Cafeteros, entre otras, ya tienen departamentos dedicados exclusivamente al manejo de riesgo con el uso de derivados. Sectores que importan la mayoría de sus materias primas, como aluminio, cobre y petroquímicos, también están utilizando estos instrumentos para tener certeza sobre el comportamiento futuro de sus flujos de caja. En consecuencia, la oferta de derivados por parte de instituciones financieras como el Citibank, ABN Amro, Bancolombia y el Banco de Bogotá, entre otras, se ha ampliado considerablemente durante los últimos años.



Ahora bien, ¿qué son los derivados? Los derivados son papeles financieros cuyo precio se deriva (como lo dice su nombre) del precio de un activo subyacente. Los derivados se dividen en cuatro categorías: futuros, forwards, swaps y opciones (ver recuadro) y pueden hacerse sobre tasas de cambio, tasas de interés, bienes primarios, acciones e índices. En el país, el mercado más grande de derivados lo representan los forwards que han movido en el 2002 cerca de US$150 millones diarios. Los forwards son acuerdos de compra o venta de un activo en los que el precio se fija hoy pero la entrega del producto se hace en una fecha futura. Así, el comprador o el vendedor logran cubrir su riesgo pues saben con anterioridad cómo se va a comportar su flujo de caja.



Estos acuerdos difieren de los futuros en que no son estandarizados, no se tienen que hacer en una bolsa y no tienen las garantías que ofrecen los futuros, pues el riesgo de no pago de alguna de las partes siempre está implícito. En el país, cerca del 70% de este mercado lo maneja el sector financiero, mientras el resto lo tiene el sector real. El 80% de las operaciones forward se hace a corto plazo --menos de 90 días--.



El mercado de forwards con mayor movimiento en Colombia (más del 90%) es el de tasas de cambio. Esto, pues el riesgo más grande que perciben los empresarios es el de la volatilidad de otras monedas, en especial del dólar. Un empresario que tiene que importar una buena parte de sus materias primas está expuesto a un riesgo de devaluación. Si realiza un contrato forward en el que pacta una tasa de cambio en una fecha determinada, está asegurando el flujo de caja que tiene que desembolsar y reduciendo su volatilidad. Lo mismo puede hacer alguien con una deuda en dólares que lo exponga también al riesgo de devaluación. Para acceder a un contrato forward, las empresas tienen que acudir a los intermediarios financieros.



Con este tipo de instrumentos, situaciones financieras delicadas como las que enfrentaron las empresas de telefonía celular nacionales a finales de los 90, luego de una gran devaluación, que tenían deudas en dólares, se habrían podido evitar. De hecho, a partir de esa época, las empresas nacionales empezaron a tomar conciencia de la vulnerabilidad a la que estaban expuestos sus flujos de caja por factores ajenos a su margen de maniobra y comenzaron a demandar derivados en el país. En solo cinco años, este mercado ha alcanzado crecimientos del 400%. La Federación Nacional de Cafeteros, por ejemplo, empezó a cubrirse de las fluctuaciones en los precios internacionales del café desde hace tan solo 3 años. A partir de 1997, Crédito Público empezó a utilizar derivados para cubrir su riesgo cambiario. El concepto aún es relativamente nuevo en el país.



El futuro



En cuanto a los futuros, la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) ofrece instrumentos de este tipo, denominados Operaciones a Plazo de Cumplimiento Financiero (OPCF). Estas empezaron a implementarse en 1998 con el propósito de comprar o vender activos en una fecha futura sobre tasas de cambio, tasas de interés e índices bursátiles. En la actualidad, sin embargo, solo se negocian contratos sobre tasa de cambio (TRM). A diferencia de los forwards, estos contratos tienen tamaños, fechas y constitución de garantías estandarizados. Para acceder a las OPCF, el comprador y el vendedor deben constituir una garantía básica que depende del comportamiento de la volatilidad del activo subyacente. Actualmente, esta garantía es del 7% del tamaño del contrato. En las OPCF, en la fecha de madurez, el cumplimiento se realiza mediante la entrega de la diferencia en dinero entre el precio pactado y el precio de mercado del activo subyacente el día de vencimiento de la operación.



El mercado para las OPCF en el país, aunque está creciendo a un ritmo semestral de 21%, aún es incipiente comparado con el mercado de forwards. Desde el primer año de funcionamiento de la BVC, se han registrado operaciones por US$504 millones. Esta situación seguramente cambiará cuando se constituya una cámara de compensación que garantice formalmente el cumplimiento de los contratos, al convertirse en la contraparte de los mismos. Así operan las bolsas de futuros del mundo. Dentro de un año, la BVC espera constituir esta cámara, en el marco de un proyecto que tiene en conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo y otras instituciones.



Derecho a comprar o vender



Las opciones son otro tipo de derivado que otorgan a su tenedor el derecho a comprar o vender un activo a cierto precio en una determinada fecha. Es como un seguro que adquiere el tenedor. Así, paga una prima y si, por ejemplo, ha pactado la compra de dólares a una tasa de $2.500 en un mes y esta, al cabo de ese tiempo, llega a $2.600, el tenedor ejerce la opción. Si, por el contrario, la tasa de cambio cae a $2.400, luego de un mes, el tenedor no ejerce la opción y, aunque tiene una utilidad por comprar dólares "más baratos", habrá perdido el dinero que invirtió en la prima.



El mercado de opciones en el país, en palabras de un analista del sector, "aún es totalmente ilíquido". Las primas que se cobran por este tipo de instrumentos son muy altas, pues dependen de la volatilidad de las variables que en el caso colombiano es elevada. En el país, se calcula que este mercado representa tan solo unos US$30 millones al mes.



Canje a la medida



La negociación de swaps (o canjes), que permiten a las partes intercambiar flujos de caja en el futuro, es más dinámica en los últimos meses. Este tipo de instrumentos permite cambiar una deuda por otra. Es decir, la deuda original se mantiene, pero si el deudor paga una tasa fija y ahora quiere pagar una variable, hace un swap en el que termina pagando a una entidad una tasa variable y recibe de esta una tasa fija, con lo cual realiza un canje de su deuda. En el mundo, el de los swaps es el mercado derivado con mayor liquidez y está llamado a ser el mercado del futuro pues permite a las empresas diseñar esquemas "a la medida" que se ajusten a su nivel de riesgo y a sus necesidades particulares y les permitan una cobertura que se puede revaluar constantemente. Para hacer un swap, las empresas deben acudir a una entidad financiera pues esta no solo tiene acceso a tasas más favorables sino, además, los recursos suficientes para buscar una contraparte a la transacción.



El mayor ejemplo de este tipo de operaciones han sido los canjes de deuda que ha hecho el gobierno, mediante los cuales ha cambiado deuda externa por deuda interna y ha cambiado las amortizaciones de sus deudas. Recientemente, Empresas Públicas de Medellín hizo un swap con la International Finance Corporation para reducir su exposición en dólares, al canjear una deuda en esa moneda a tasa fija a otra en pesos a tasa fija.



Los swaps pueden ser tan sofisticados como lo permita la imaginación. Esto, pues es difícil encontrar dos partes que quieran operaciones que se complementen perfectamente y, por ende, los canjeen. Aquí el reto es de las entidades financieras que, a su vez, tienen que buscar cobertura en los mercados internacionales y desarrollar instrumentos novedosos que les permitan ofrecer el mejor producto al cliente. No hay que olvidar que las empresas tienen varias opciones y, por lo general, le apostarán a quien les ofrezca las mejores condiciones.



La herramienta del empresario



Aunque los derivados pueden utilizarse también para especular, su desarrollo en el país tiene un potencial enorme en el campo de cobertura. En un país en donde la volatilidad es una constante, estos instrumentos son adecuados para permitir que los empresarios tengan alguna certeza sobre el comportamiento de sus flujos de caja en el futuro.



Las entidades financieras están haciendo la tarea de volver estas herramientas cada vez más accesibles a las empresas. Estas, por su parte, tienen que tomar conciencia de que cuando utilizan derivados, aunque en ocasiones terminan haciendo un mejor negocio (si compraron dólares y hay devaluación) en otras, el negocio no es tan bueno (si por el contrario hay revaluación). Este es el riesgo que se corre cuando se quiere reducir la incertidumbre. En este mercado, la premisa es no mirar atrás una vez se hace la operación.



Las decisiones de inversión en derivados, entonces, deben involucrar a los cargos directivos de la organización para que todos vayan más tranquilos. Así mismo, la empresa tiene que evaluar detenidamente su grado de exposición. Para una empresa con ingresos y egresos en dólares, el riesgo cambiario es mucho menor que para una con ingresos en pesos y egresos en dólares. El perfil de riesgo es único para cada empresa; por ello, las herramientas para cubrirse pueden ser muy diferentes.



Además, es importante tener en cuenta que siempre hay un riesgo de contraparte por lo cual su elección debe ser cuidadosa, mientras en el país no se desarrollen mecanismos de garantía más eficientes.



Por ahora, es importante que el empresario reconozca que ya tiene a su alcance instrumentos que le permiten reducir su riesgo de volatilidad en variables que no puede controlar. El potencial del mercado de derivados en el país es alto. Y su desarrollo apenas comienza.
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