El año del destape

| 2/25/2000 12:00:00 AM

El año del destape

La crisis del sector financiero pareció disiparse a finales del 99, pero todo indica que en este año podrían contagiarse los bancos menos pequeños. El ajuste de la banca ya entró en la fase II.

Si 1999 se consideró el año del ajuste, este podría denominarse el del destape. Después de registrar unos resultados desastrosos en sus balances anuales, en los que las pérdidas del sistema superaron los $2,0 billones y la cartera bruta se paralizó, a los bancos les toca enfrentarse este año a la publicación de todas las cuentas que se manejan entre las entidades financieras de cada grupo.



Este balance consolidado lo realiza desde hace unos meses la Superintendencia Bancaria con base en las cifras y balances de los bancos, CAV, compañías de financiamiento comercial, leasing y corporaciones financieras. Pero tan solo hasta el tercer trimestre del 2000 lo presentará a la opinión pública. Por eso, el primer paso se orientó el año pasado a generar un ajuste interno en cada entidad en cuanto a su manejo de cartera, provisiones, bienes recibidos en dación de pago, activos improductivos y utilidades.



Lo que viene mostrará el nivel patrimonial por grupo y las necesidades de capitalización que tienen, una vez decantadas todas las cuentas clave. Buena parte de ese balance consolidado estará basado en los resultados obtenidos por el sistema durante 1999.



El balance al cierre del ejercicio deja una conclusión: de no haber sido por diciembre los resultados de los bancos habrían sido mucho peores. Las cifras de diciembre mostraron una reducción de la cartera vencida de casi $1 billón con respecto a noviembre, solo explicable por los numerosos procesos de reestructuración de créditos que se realizaron en esas semanas y que involucraron créditos por un valor aproximado a $1,8 billones.



Ese hecho justificaría también que el nivel de provisiones, que afecta de manera directa el P y G de los bancos, se hubiera ubicado por debajo del registrado en diciembre del 98 en cerca de $100.000 millones. Eso a pesar de la intensa labor de revisión de cartera que hizo la Superbancaria y que obligó a realizar capitalizaciones para castigar cartera.



Un análisis detallado muestra, sin embargo, que el deterioro también afecta a los bancos que no se consideran pequeños y que hasta ahora han contado con recursos propios para capitalizarse. Ese ajuste daría como resultado la demanda de nuevas capitalizaciones. Las alternativas para inyectarles recursos son varias: emisión de acciones, crédito Fogafin o venta de activos. Lo más indicado sería optar por una solución de mercado, como la venta de acciones o de activos, como fondos de pensiones.



Es de prever que la banca extranjera siga ganando terreno, pues a pesar de registrar pérdidas o pequeñas utilidades, su fortaleza patrimonial le da un amplio margen de maniobra.



Pero el gran hueco lo sigue generando la banca pública. Ni siquiera las capitalizaciones realizadas por Fogafin lograron mejorar sus principales indicadores. Y el deterioro sigue. El primer paso ya se dio con la cesión de activos, pasivos y patrimonio del BCH a Granahorrar, pero esta CAV corre el riesgo de que empeore su situación de solvencia con esa operación, tal como le ocurrió a Bancafé cuando se fusionó con Concasa.



Lo cierto es que en esta segunda fase del ajuste al Gobierno le toca tomar decisiones drásticas para evitar que sus bancos se sigan 'chupando' los recursos. No sería de extrañar que en lo que resta del año se dieran más de dos liquidaciones.



También las CAV privadas tendrán que cambiar rápidamente de estrategia pues sus cifras no son buenas y el mercado sigue percibiendo un riesgo demasiado alto en ellas, que no les favorece a la hora de competir por recursos. Lo más lógico es que se acelere el proceso para convertirlas en intermediarias de hipotecas y administradoras de cartera hipotecaria, dejando el negocio bancario a una entidad con indicadores más sanos.



Cabe anotar que todos los resultados de la banca en lo que resta del año dependen de lo que ocurra con la economía. Si la reactivación se inicia de manera definitiva, podrían estar al otro lado en pocos meses; si esto no ocurre, el viacrucis podría alargarse.
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