| 2/28/2008 12:00:00 AM

Efecto colateral

La fiducia quedó herida con el escándalo que involucra a Fiduagraria, pero no se puede estigmatizar este instrumento que administra activos por más de $109 billones.

La pérdida de los $13.000 millones que tenían las gobernaciones de Casanare y Meta en Fiduagraria, y las declaraciones públicas sobre este caso, tienen preocupados a los inversionistas, al gobierno y a las fiduciarias. Las declaraciones públicas del Contralor de la República, en las que calificó de riesgosas a las fiduciarias, pueden generar un impacto entre los inversionistas del sector privado. El efecto de este nerviosismo dependerá del manejo que se le dé al problema. Por eso, hay que tener mucho cuidado con las medidas que se tomen para lograr que los entes territoriales no pierdan sus recursos y que un mecanismo que ha sido tremendamente útil, como la fiducia, no salga resquebrajado.

Si bien todavía no se ha determinado qué responsabilidad le cabe a la Fiduciaria Agraria, sí se han prendido señales de alarma por la posibilidad de que este instrumento sea utilizado para desviar dineros. "Estamos revisando si se incumplieron o no los deberes fiduciarios y, por tanto, no nos podemos pronunciar, pues sería prejuzgar", indicó Ligia Helena Borrero, Superintendente Delegado para Pensiones, Cesantías y Fiduciarias. Además, la Superfinanciera está haciendo un inventario de los negocios que tienen las fiduciarias con los entes territoriales.

No obstante, para los expertos consultados por Dinero, el problema de fondo no está en el esquema fiduciario sino en cómo están invirtiendo el dinero los entes territoriales. Especialmente las regalías. Para muchos se utilizó una modalidad contractual que permitió que, a través de terceros, las entidades territoriales lograran canalizar recursos públicos en negocios privados (ver recuadro). Así se le terminó haciendo daño a una figura que ha permitido grandes negocios, tanto en el sector privado como en el sector público.

El Estado escogió la fiducia

Todas las fiduciarias tienen recursos de entidades públicas, pero esto no significa que todas estén metidas en negocios donde se hace triangulación de recursos. Por tanto, es necesario no estigmatizar este instrumento tan versátil y que ha resultado muy útil para el Estado y el sector privado.

Por ejemplo, fue mediante la fiducia que se realizó el saneamiento fiscal y el fortalecimiento institucional de diversos municipios. Es más, no hay un proyecto de saneamiento de un ente territorial que no tenga detrás una fiducia.

Por otra parte, en la actualidad las sociedades fiduciarias son quienes pagan muchas de las pensiones de entidades estatales. Administran los pasivos pensionales de entes territoriales (Fondo de Pensiones de Entidades Territoriales Fonpet) y el pasivo pensional de entidades como Telecom y Ecopetrol. Dichos pasivos pensionales alcanzaron al finalizar el año anterior cerca de $27,8 billones.

Según Asofiduciarias, gremio del sector, las sociedades fiduciarias contaban con más de 237 contratos en materia de fideicomisos públicos de garantía a finales del año anterior, dado el "significativo crecimiento que la fiducia pública ha venido registrando en los últimos años, tanto en el volumen de recursos administrados como en la diversidad de objetivos que se le han planteado en cada uno de los contratos", afirma Federico Rengifo, presidente de Asofiduciarias. Estos contratos alcanzaron los $12 billones a fines de 2007.

La fiducia también es el gran agente de recaudos y pagos, pues mediante este mecanismo se administran fondos como el Fopep, Prosperar, Fosyga, Fomag, y la sobretasa de la gasolina en diversos municipios colombianos, entre otros.

Además, se administran bajo esta figura recursos para proyectos de construcción por concesión como el aeropuerto El Dorado y numerosas concesiones viales, entre otras cosas, permitiendo el desarrollo de la infraestructura en el país.

Y los privados también

El sector real también tiene diversos negocios con el sector fiduciario, dado que, al ser el típico negocio de confianza, permite que se efectúen operaciones comerciales, que de otra forma no se llevarían a cabo.

Por ejemplo, el repunte de la construcción durante los últimos años, después de la crisis de confianza de finales de los 90, está relacionado con el esquema fiduciario. En un momento en que ni los bancos ni los clientes creían en los constructores, la fiducia permitió muchos negocios. Hoy la fiducia inmobiliaria, que incluye la construcción de hoteles y proyectos turísticos, entre otros, alcanza los $2,5 billones en alrededor de 703 encargos fiduciarios.

Las fiducias también administran buena parte de los fondos de inversión. En la actualidad, los fondos comunes ordinarios, los fondos comunes especiales y los fideicomisos de inversión superan los $12,5 billones, pertenecientes a más de 300.000 inversionistas. Las fiduciarias administran igualmente fondos voluntarios de pensiones por $800.000 millones.

La fiducia de administración y pagos, el tipo más amplio de fiducia que existe, pues incluye desde la administración de una finca hasta contratos con grandes empresas para el recaudo de servicios públicos, alcanzó los $39,8 billones.

En total, las fiduciarias administraban al finalizar el año anterior más de $109 billones y un total de 8.254 negocios registrados ante la Superintendencia Financiera.

Lo qué viene

Precisamente esta gran diversidad y baja estandarización en los negocios que realizan las fiduciarias es lo que dificulta la identificación y la cuantificación de los riesgos a los que están expuestas. La experiencia de Fiduagraria demostró que la fiducia es un mecanismo susceptible de ser mal usado y dio un campanazo de alerta para seguir avanzando en los temas de regulación prudencial. La Superintendencia tiene que exigir estándares cada vez más altos y mejor gestión de riesgos a los intermediarios financieros. Además, hay que hacer una supervisión mayor cuando los fideicomisos involucran recursos públicos.

Lo ideal del caso de Fiduagraria es que la fiducia salga más fortalecida para que continúe su crecimiento y siga siendo un negocio de confianza. Hay que revisar el mecanismo y fortalecerlo para que esto no vuelva a suceder. No obstante, es claro que lo que se debe evitar es que los dineros públicos sigan financiando negocios privados y que se debe frenar la corrupción que hay alrededor de las regalías.
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