| 3/16/1998 12:00:00 AM

Derivados, futuro seguro

Una nueva regulación abre las puertas para el desarrollo de forwards, futuros, swaps y opciones en Colombia. También ayudará a las entidades financieras a salir de sus TES.

Los derivados están de moda, pero pocas personas saben de qué se tratan. Si está en el grupo de los que han oído hablar de derivados pero no ha podido entender por qué son tan importantes, no se preocupe: la Superintendencia Bancaria está convencida de que usted se encuentra en privilegiada compañía, al lado de muchos empresarios del sector real que podrían beneficiarse de los derivados si conocieran sus ventajas, y también de algunos financistas que los negocian a diario sin entenderlos del todo.



Para promover el desarrollo de un mercado de derivados transparente, la Superintendencia acaba de expedir la circular 14 de 1998, que define los distintos tipos de operaciones de derivados, explica cómo deben calcularse sus precios y determina cómo deben contabilizarse. El tema parece árido, pero su importancia es muy grande, pues se están construyendo los cimientos de un mercado de capitales más líquido en Colombia. La mayoría de las dificultades que enfrentan las empresas colombianas para obtener el capital que les permita realizar sus proyectos nace, simplemente, en que nuestros mercados de capital son muy poco profundos. Si esto va a cambiar algún día, hay que avanzar en esta dirección.



¿Qué son los derivados?



Aunque el tema puede volverse muy complejo rápidamente, el concepto es sencillo: los derivados son operaciones financieras por las cuales se adquiere el compromiso de comprar o vender activos en una fecha futura. Estos activos pueden ser divisas o títulos valores.



¿Para qué se hace esto? El objetivo es obtener una cobertura contra el riesgo. En el curso de sus actividades normales, las empresas adquieren activos, los transforman y los venden. Pero el valor de estos activos puede verse afectado por muchos factores. Un importador, por ejemplo, puede adquirir una mercancía con el compromiso de pagarla a 90 días. Entre la fecha en que adquiere el compromiso y aquella en la que hace el pago, sin embargo, puede ocurrir una fuerte devaluación, que eleve el costo de la mercancía y acabe con la rentabilidad del negocio.



Este es un caso típico en el cual conviene hacer una cobertura. El empresario podría adquirir un contrato en el cual su contraparte se obligue a venderle dólares en la fecha en que los necesita, a la tasa que requiere para que su



operación importadora sea rentable. Para que la operación pueda ocurrir se necesita, por supuesto, que la contraparte crea que el riesgo opera al contrario, es decir, que la tasa de cambio va a caer. Este contrato ("forward") es un ejemplo típico de una operación de cobertura.



La circular de la Superintendencia Bancaria llega en un momento oportuno, porque las operaciones con derivados se están multiplicando velozmente. Las operaciones de forwards en divisas, que en el primer semestre de 1997 mantuvieron un nivel mensual cercano a los US$300 millones, despegaron en el segundo semestre para ubicarse cerca de los US$600 millones mensuales, y en enero de este año se acercaban a los US$900 millones, tres veces más que las registradas en el mismo mes del año pasado. Este incremento refleja la creciente percepción de un riesgo de devaluación y el deseo de buscar cobertura contra esta posibilidad.



Pero, además, las operaciones de derivados no sólo se dan en dólares, sino también en pesos. Las operaciones "repo", en las que una entidad vende un papel en el mercado financiero, adquiriendo al mismo tiempo el compromiso de volverlo a comprar en una fecha futura a un precio determinado, entran en la definición de derivados que da la Superbancaria. Los llamados "carruseles", en los cuales varias entidades se comprometen a vender y comprar el mismo título en distintos momentos en el futuro, caen en la misma definición. Cientos de operaciones de este tipo se hacen en el mercado financiero colombiano todos los días.



Un momento difícil



Ahora bien, si estas transacciones ocurren con tanta frecuencia ¿cuál es el aporte de la nueva regulación? La verdad es que, hasta ahora, los repos y los carruseles cumplían todos los requisitos de un derivado menos uno, fundamental: no podían ser contabilizados como verdaderas operaciones de cobertura. Las ganancias y pérdidas en ellos tenían que registrarse en su magnitud completa, y no por el resultado neto de la operación original sumado al de su cobertura.

Si una empresa compra hoy un título de tesorería, TES, a una tasa determinada y luego las tasas de interés suben, el valor del TES en el mercado se reducirá. Esto ocurre porque para poder vender el título sería necesario aceptar menos dinero que el pagado originalmente, lo cual permite al nuevo comprador obtener conseguiría un rendimiento similar al que conseguiría en el mercado con las más altas tasas de interés. De otra forma , nadie lo compraría.



Al vender a menor precio, es necesario registrar una pérdida en la venta del título. Y aquí aparece el aporte del cambio en la regulación. A partir de la circular 14, lo que se registrará no es la pérdida completa en la venta, sino el resultado neto de la operación inicial sumada a su cobertura. Esto significa que si al adquirir el TES se compra también algún activo que aumente de valor con un alza de la tasa de interés, lo que se registra es la utilidad o pérdida neta en la combinación de las dos operaciones sumadas, que sería inferior a la pérdida en la transacción original.



Este cambio puede tener un impacto significativo en la liquidez general del mercado. Como es lógico, las entidades financieras no ven con buenos ojos la idea de registrar sus pérdidas en las operaciones con pacto de recompra. En general, prefieren repetir indefinidamente los compromisos de recompra, para dilatar el momento en el que salen definitivamente del título y aceptan la pérdida. Esta repetición de recompras les resta liquidez a las emisiones de títulos. La circular permite ahora adquirir coberturas adecuadas que reduzcan las pérdidas registradas.



El momento para la medida es oportuno, teniendo en cuenta que, desde 1997, muchas entidades han acumulado grandes volúmenes de TES en sus portafolios, en parte haciendo méritos para participar en el sistema de "Hacedores de Mercado" promovido por el Ministerio de Hacienda y en parte motivados por las ganancias que podían obtener mientras las tasas de interés mantenían una tendencia a la baja. Las colocaciones de TES por subasta en 1997 fueron superiores a los $2,8 billones.

Al aumentar las tasas de interés en los últimos meses, muchas entidades se han abstenido de registrar las pérdidas y salir de los títulos. Cómo van a hacerlo es una de las grandes incógnitas del sistema financiero colombiano en 1998. La nueva regulación sobre derivados les ofrece una opción para resolver este problema en una forma ordenada.
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