| 10/15/2004 12:00:00 AM

De educación y mercados de capitales

Los contratos de capital humano son una novedosa opción para financiar la educación superior y mejorar este mercado. Apenas en sus inicios, todavía enfrentan un período de prueba. La empresa colombiana Lumni impulsa su adopción en América Latina.

Nadie duda que, además de importante, la educación es una buena inversión. Pero por la forma en que suben los costos de la educación superior, la cuestión relevante es cómo financiarla. Tradicionalmente, los gobiernos han respondido con créditos subsidiados, pero estos fondos siempre serán limitados. La banca comercial también ofrece financiamiento atractivo, pero está fuera del alcance de muchos estudiantes que no pueden cumplir los requisitos. Parte de la solución podría estar en el mercado de capitales.

Para aprovechar esa fuente de recursos nacieron unos instrumentos financieros llamados Contratos de Capital Humano, CCH. En el mundo, estos instrumentos son relativamente novedosos y su oferta todavía es pequeña. En Estados Unidos los ofrece una firma con un nombre sui generis, MyRichUncle. En América Latina han sido introducidos por Lumni, fundada por los colombianos Felipe Vergara y Miguel Palacios. La sucursal chilena de Lumni ya desarrolló dos fondos, uno para pregrado y otro para posgrado, y está en el proceso de abrir dos más. Además de Perú, en Colombia próximamente abrirá fondos exclusivos para tres universidades de Bogotá. También ofrecerá un fondo para 500 estudiantes de pregrado de cualquier universidad del país. Los fondos han sido útiles para las universidades que quieren volver sostenibles en el tiempo sus fondos de becas, dice Vergara.



Un esquema ventajoso

Los CCH no son préstamos ni involucran un intermediario bancario tradicional. Son una inversión cuyos retornos son inciertos y cuyos riesgos los asume el inversionista. En una analogía simple, los CCH se asemejan al 'pase' de un futbolista. Un equipo invierte en él esperando que se convierta en una gran estrella que luego puedan "vender".

Los inversionistas detrás de los CCH proveen un capital para financiar los últimos semestres de un estudiante. El retorno esperado proviene del trabajo profesional del estudiante, que cederá un porcentaje de sus ingresos durante un número determinado de años, y esas condiciones se estipulan en el contrato cuando se le aprueba el monto que se le otorgará. A diferencia de un préstamo bancario, lo que reciba el inversionista puede ser mayor o menor de lo que puso; depende del sueldo que devengue el estudiante en su vida laboral. El único que con seguridad gana es el estudiante, que logra terminar sus estudios.

Los CCH tienen claros beneficios para el estudiante. Por un lado, no necesita una garantía real o un fiador. Dado que es una inversión de riesgo, al inversionista no se le garantiza que vaya a recibir ni siquiera lo que puso, como en un préstamo tradicional. "Esto elimina la necesidad de garantías", dice Miguel Palacios. Por otro, los CCH ofrecen mayor independencia financiera al estudiante. Primero, debe pagar solo cuando esté devengando un sueldo. Sin embargo, este seguro de desempleo es limitado al período de repago estipulado desde el comienzo. Segundo, dado que el estudiante paga un porcentaje fijo de su sueldo durante un tiempo dado, se evitan los rigores de las cuotas fijas. Cuando el sueldo es alto paga más, pero cuando es bajo paga menos. Sin embargo, para María Cristina Ortegón, gerente general de Lumni Colombia, los mayores beneficios están en la tutoría y orientación profesional que se le da al estudiante, además de la red de egresados de los programas de la empresa.



Administración del riesgo

Las ventajas para el estudiante se convierten muchas veces en riesgo para el inversionista. La cuestión es cómo manejarlo, dado que no hay garantías y se depende tanto del estudiante. El estudiante debe firmar un pagaré y en caso de que voluntariamente incumpla sus obligaciones, el contrato se puede hacer cumplir mediante un proceso de cobro prejurídico y luego jurídico. Sin embargo, no hay contrato perfecto y con el tiempo irán mejorando, dice Ortegón. Por otro lado, las empresas que implementan estos contratos también tienen su know how que es una "eficiente labor de cobro", dice Vergara. Por otro lado, al estudiante no siempre se le presta todo lo que necesita. En últimas, la mejor defensa es una buena selección de los estudiantes. Para Jerónimo Castro, director de Colfuturo, los estudiantes "pilos" suelen ser tan cumplidos con sus obligaciones financieras como con sus trabajos de clase.

La naturaleza de los CCH también ofrece protecciones inherentes. Por ejemplo, teóricamente, los intereses del estudiante y el inversionista están alineados. El estudiante querrá devengar el mejor sueldo posible, lo que a su vez significará un mejor retorno al inversionista.

El secreto para este esquema es medir el riesgo adecuadamente. Esto es, que lo que los estudiantes paguen una vez estén trabajando sostenga el fondo y las rentabilidades esperadas de sus inversionistas. Esto implica evaluar el estudiante y pronosticar correctamente sus sueldos esperados. Esto llevaría a colocarle a cada contrato los términos "justos". Es decir, que el monto a otorgarle al estudiante, el porcentaje que él cederá y el plazo aseguren que los fondos sean rentables y sostenibles y que eviten la selección adversa, incentivando a los buenos estudiantes a participar. Así, el modelo de evaluación deberá definir acertadamente los términos del contrato con base en las variables relevantes para pronosticar el sueldo futuro. Como comenta Vergara, uno de los atractivos para los estudiantes es que los CCH obligan a hacer una evaluación más integral de los candidatos. No miran qué tiene o a quién conoce, sino su potencial, dice. Más aún, el desempeño académico, aunque importante, no lo es todo. "No hay correlación directa entre éxito académico y éxito profesional", asegura.

Los CCH ofrecen otros beneficios, pues pueden complementar la política pública de financiamiento de educación superior, dice Alexandra Hernández, del Icetex. Préstamos gubernamentales como los del Icetex están dirigidos a estudiantes de menores estratos. Esto deja una población sándwich, que no califica para los préstamos subsidiados, pero que tampoco tiene los recursos para terminar la carrera. Después del quinto semestre se presenta la mayor deserción, dice Hernández. Los CCH financian solo los últimos semestres, lo que asegura que se cubriría a los estudiantes que tuvieron con qué arrancar sus estudios, pero que se quedaron cortos hacia el final.



Información del mercado

Por otro lado, este esquema puede proveer valiosa información acerca del mercado de la educación superior. Concretamente, ayudaría a evaluar las universidades y las carreras con base en su costo y los sueldos que pueden esperar sus egresados. Como dice Felipe Vergara, a veces, los esfuerzos económicos de los estudiantes no se ven retribuidos adecuadamente cuando ingresan al mercado laboral.

Los contratos ofrecen más información, tal vez incómoda para la sociedad. Como los fondos pueden enfocarse en tipos de carreras o universidades, se pueden prestar para discriminar contra carreras y universidades consideradas de "menor valor económico". Incluso, contra cierto tipo de individuos. En teoría, el inversionista racional tendría que discriminar, aunque podría no hacerlo. Si bien el retorno social a la educación ya es una ganancia, Palacios y Vergara comentan que muchos inversionistas tienen intereses altruistas. Además, los fondos de CCH completamente altruistas (y apenas sostenibles) son más eficientes que solo regalar la plata con becas, dice Palacios.

El éxito de los CCH no está asegurado. Tendrán que competir con otros instrumentos para financiar la educación superior, como los créditos tradicionales que son cada vez más accesibles. Un CCH promete financiar al estudiante a tasas competitivas con el mercado, lo que quiere decir que su costo promedio está alrededor del 20 al 24% en Colombia. Y puede preocupar el escaso desarrollo del mercado de capitales y la tradicionalmente alta aversión al riesgo de los inversionistas colombianos. Hasta ahora, los inversionistas detrás de los fondos tienen un buen componente de altruismo, dice Palacios. "Pero se espera que en la medida en que el modelo se afiance, pueda atraer al inversionista puro".
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?