| 5/7/1999 12:00:00 AM

Cuídese del dinero alegre

Milton Friedman, uno de los economistas más grandes del siglo -quizás el más importante en el tema del monetarismo- reflexiona sobre la inflación, la moneda y la crisis asiática.

"Las probabilidades están en contra", aseguró riéndose Milton Friedman, laureado Nobel de Economía e investigador senior del Hoover Institution de la Universidad de Stanford, cuando terminamos una entrevista (Diciembre 29, 1997) diciendo que nos veríamos otra vez en el año 2002.



Friedman, de 86 años, tiene cosas muy importantes por decir acerca de qué está mal y que está bien en la economía mundial. Llegamos a su apartamento de San Francisco, justamente antes de que Friedman y Rose, su esposa de 61 años, viajaran a Hong Kong para un crucero por el Pacífico.



Dice la sabiduría popular: "La inflación ha muerto y ahora hay que preocuparse de la próxima recesión".



No veo signos de recesión. Pero sí veo alguna posibilidad de mayor inflación. Creo que la Reserva Federal ha sido muy expansionista, a pesar de algunos signos de estar disminuyendo.



Nos encontramos en un período como en los 60, cuando nadie le ponía atención a la oferta monetaria. Después tuvimos inflación. Hacia los 80, todo el mundo estaba obsesionado con la oferta monetaria. Ahora la están volviendo a olvidar. Esta dará un vuelco y nos volverá a sorprender.



Yo me apresuré a agregar que, en la mayoría de las anteriores recesiones, los comentaristas no veían ningún tipo de señales. No creo que las recesiones surjan de algún inevitable proceso interno dentro de la economía, sino de un shock inesperado. Parte de la explicación por la cual nos (a Estados Unidos) ha ido tan bien en los últimos dos o tres años es que al Este del Asia le ha ido muy mal. Esto ha tenido el efecto de disminuir el costo de las importaciones y ha hecho de Estados Unidos un buen lugar para invertir. Ahora, el Este de Asia dará un gran giro positivo. La recuperación del Este de Asia, y no lo contrario, puede ser lo que nos cause problemas.



Japón tiene la capacidad de llevar a cabo una inmensa recuperación. No hay nada que le impida a Japón entrar en un gran boom al término de uno o dos años. Y la recuperación de Japón puede desestabilizar la economía de Estados Unidos, al elevar las tasas de interés globales.



Parece que ellos están aceptando su recomendación de que deben imprimir más dinero.



Quién sabe. Uno escucha muchas historias contradictorias acerca de Japón. El mecanismo de recuperación es la expansión monetaria, además de una reforma de su sistema bancario. En el corto plazo, nada distinto a la expansión monetaria funcionará y a esto hay que sumarle una reducción de los estímulos fiscales mal dirigidos. Japón está desperdiciando sus activos de capital al construir estructuras públicas que tienen una tasa de retorno negativa.



En esencia, ¿este problema del Este del Asia ha sido causado por la falta de seriedad de los gobiernos respecto a sus tasas de cambio?



Completamente, completamente. Observe, ningún gobierno del Este del Asia, o de ninguna parte, que haya tenido una tasa de cambio flotante, ha tenido una crisis de divisas. Todo el mundo se refiere a los problemas de Indonesia, Malasia y Corea. Nadie le pone atención al hecho de que a otros países de esa región, como Nueva Zelanda y Australia, les ha ido bien. Japón tiene serios problemas internos, pero no tiene una crisis de divisas.



El Fondo Monetario Internacional tiene gran parte de la culpa por la crisis del Este de Asia. Fue la existencia del FMI y la percepción, estimulada en gran parte por el episodio mexicano, de que el FMI salvaría a los prestamistas extranjeros, lo que indujo al excesivo flujo de fondos al Este de Asia.



El FMI también jugó un papel importante en aquellos países que adoptaban tasa de cambio de flotación intervenida. Sólo hay tres tipos de regímenes de tasa de cambio: las tasas de cambio realmente fijas y unificadas frente al dólar de Estados Unidos, como las de Hong Kong, Argentina y Panamá. Las realmente flexibles, como las de Nueva Zelanda, Australia y Japón. Y las tasas de cambio de flotación intervenida como las de Tailandia, Indonesia y Malasia, antes de la crisis del Este de Asia.



Ahora, en un mundo de verdaderas tasas de cambio fijas, no hay nada que pueda hacer el FMI. El mercado maneja las cosas. Por tanto, no es un accidente que el FMI haya tendido a favorecer los regímenes de tasa de cambio de flotación intervenida. Y son éstos los que causan problemas. Si no hubiera existido el FMI, no habría ocurrido la crisis del Este de Asia.



La gente dice: "Mire, el rescate mexicano fue exitoso, el tesoro de Estados Unidos recibió de vuelta su dinero".



¿Que México fue un éxito? Pregúnteles a los mexicanos. No a los de Morgan Guaranty. Fue un éxito para las personas que tenían préstamos con México. Pero el producto nacional mexicano y el ingreso promedio son menores de lo que eran hace diez años. México ha tenido una recesión espantosa y el país ha empobrecido la economía interna para poder pagar las deudas externas. Yo no creo que el rescate mexicano haya sido un éxito. Creo que fue un terrible fracaso.



En lo que concierne a Estados Unidos, una de las reformas más importantes es deshacerse del Fondo de Estabilización de Intercambio (Exchange Stabilization Fund). Es de cierto modo, una agencia inocua ­nadie sabe mucho de ésta­ establecida originalmente en 1934 y financiada por las ganancias de papel obtenidas por el aumento en el precio del oro. Esta institución fue diseñada para estabilizar los mercados de divisas. Pero esencialmente permite al Tesoro hacer política exterior.



Así es como ellos rescataron a México



Sí, seguro. El Congreso no lo aprobaría. Pero el Presidente (Clinton) logró hacerlo por sí solo gracias al Fondo de Estabilización de Intercambio.



En Canadá hay un creciente interés por adoptar del todo el dólar de Estados Unidos. Uno de nuestros columnistas, Steven Hanke, es un fanático de la dolarización, para países como Argentina.



Si yo fuera argentino, me opondría. Esto significa que Argentina acepta la política monetaria de Estados Unidos.



Es lo mismo que el euro. Argentina se negaría a sí misma sus propias herramientas monetarias. Esto es deseable, si la política monetaria de Estados Unidos continúa siendo buena. Pero, ¿puede contar usted con esto todo el tiempo? Volvamos a 1981-82 cuando el dólar estadounidense se duplicó. Chile, que estaba atado al dólar, se sumió en una profunda depresión y le tomó años recuperarse.



El problema no es simplemente que las autoridades monetarias se equivocan, sino que sus condiciones sean tan diferentes. ¿Qué tan integradas están las economías argentina y estadounidense?



No, particularmente. Hay una mejor oportunidad para Canadá. Como cuestión económica, tiene sentido. No estoy seguro de que lo tenga como cuestión política. La moneda es un símbolo importante de soberanía. Me parece, que una nación, si quiere permanecer como tal, necesita tantos símbolos de soberanía como pueda tener.



¿Cuáles son las implicaciones de la dolarización para la política monetaria de Estados Unidos?



El impacto de Argentina es trivial. El caso de Canadá puede ser más serio. Ahora, si usted toma mi visión de la apropiada política monetaria, la cual consiste en deshacerse del banco central y tener una tasa fija de crecimiento del dinero de alto poder, entonces no importa qué tantos países estén vinculados a ésta. Lo mismo les ocurriría a todos. Pero esto no es realista. Usted necesariamente tendrá un banco central.



¿Realmente?



Me temo que sí. El banco central ejercería una política discrecional porque los burócratas quieren ser importantes. Entonces usted no sólo deberá mirar los reportes de los 12 distritos de Reservas Federales, sino también los del Banco de Canadá y el Banco de Argentina. No estoy seguro de cómo podría usted ajustar a ambos, en especial si usted no tiene ningún tipo de responsabilidad política por esos países.



La primera vez que hablamos (diciembre 12 de 1988) usted afirmó que el liberalismo -en el sentido estadounidense de un gobierno grande- estaba muerto. Pero al liberalismo le ha tomado un buen tiempo aclimatarse. El gasto federal, como una fracción de la economía ha descendido. Pero la tajada del fisco nunca había sido más alta.



En parte, el involucramiento del gobierno ha cambiado de lo económico a lo social: contaminación, ayuda a los discapacitados. Y esta política se ha combinado con la desregulación de aerolíneas y telecomunicaciones. Impresionados por esto último, muchas personas subestiman la importancia de lo primero.



Para mí, es increíble que las compañías de alta tecnología hayan sido tan miopes como para invitar al gobierno a proseguir el caso Microsoft. Aparte de los costos legales, éstas terminarán con reglamentaciones del gobierno que harán mucho más daño a sus resultados finales que el que les pudo haber hecho Microsoft.



Aparte de esto, si alguna observación empírica está bien fundamentada es que el gobierno gastará todo el dinero que recolecte, todo el que pueda.



Sin embargo, yo creo que hay otro fenómeno en el horizonte, que será efectivo para mantener el gasto del gobierno y los impuestos. Este es internet.



¿Cómo?



Los estados están perdiendo millones de dólares en ventas de internet. Si empiezan a cobrar impuestos, no habrá nada que evite que se hagan estas ventas desde Bermudas, China o cualquier lugar del mundo donde el impuesto es menor. Lo que está faltando por el momento es el dinero electrónico (e-cash). Pero éste llegará. Habrá una manera por la cual usted podrá transferirme dinero sin que yo sepa de dónde proviene o sin que usted sepa hacia dónde va. ¿Cómo hará el gobierno para cobrar impuestos sobre esto?



Ellos pensarán en algo.



Las personas que operan internet serán más inteligentes. Los gobiernos no podrán tener éxito, así como no han podido evitar hasta ahora la evasión de impuestos.
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