| 12/14/1998 12:00:00 AM

Cruce de cuentas

La Central de Riesgos de la Superintendencia Bancaria usa la estadística para vigilar a las entidades financieras.

La medición y el manejo del riesgo son el tema central en el sector financiero, en especial en épocas de crisis como la actual. La diferencia entre las entidades exitosas y las que se quedan atrás está, la mayoría de las veces, en el nivel de información que cada una tiene sobre los riesgos y en la calidad de las políticas adoptadas para manejarlos.



El rigor del análisis de riesgo y la disponibilidad de medios para hacer este trabajo están avanzando rápidamente en Colombia. Por una parte, las entidades están usando metodologías modernas y sofisticadas, como el Valor en Riesgo (VaR). Por otra, la información aumenta.



La Central de Riesgos de la Superintendencia Bancaria se está convirtiendo en un elemento fundamental para el avance de estas nuevas metodologías. El sistema financiero y asegurador está obligado a reportar trimestralmente a la Superintendencia la clasificación de todos sus deudores con operaciones activas de crédito (saldo de capital, intereses y contingencias) superiores a 100 salarios mínimos. Recientemente, la Superintendencia ha hecho sustanciales inversiones en sistemas para manejar estos volúmenes de información en forma más ágil y oportuna, y los resultados comienzan a verse.



La información le permitirá a la Superintendencia hacer un mejor seguimiento de las entidades y detectar los problemas con mayor anticipación. Por otra, este depósito de datos permitirá hacer estimaciones de la probabilidad de deterioro de la cartera de cada tipo de deudor, una variable de entrada fundamental en los modelos de Valor en Riesgo, que hasta ahora han empleado estimaciones producidas en mercados como el de Estados Unidos.



Supervigilancia



La Super se está apoyando cada vez más en los cruces de información de la Central de Riesgos para acelerar la identificación de problemas en el manejo de riesgo.



Son muchas las pistas que se pueden seguir con esta información. Ella permite establecer, por ejemplo, si las entidades se están acercando a los límites legales sobre concentración de créditos. La ley establece que no se puede prestar más del 10% del valor patrimonial de una entidad a un mismo deudor, a menos que cuente con garantías admisibles que le permitan llegar a un nivel del 25%. También se identifican las operaciones individuales que superan el 5% del patrimonio técnico del intermediario y se hace un seguimiento detallado a aquellas compañías con más de $25.000 millones de deuda.



Otra fuente grande de problemas, como se ha demostrado en la actual coyuntura, son las operaciones con vinculados (es decir, accionistas, administradores y miembros de junta). En Colombia, éstos no pueden recibir préstamos superiores al 20% del valor patrimonial de la entidad. Cualquier problema en las operaciones con vinculados da una clara señal de alarma, pues en caso de requerirse una capitalización, el inversionista probablemente no estaría en condiciones de hacerla. Si un accionista ha tomado créditos con otros intermediarios dando sus acciones como garantía, la entidad puede cambiar de dueño si éste se ve obligado a darlas en pago, como ocurrió en el caso de Granahorrar.



Un mecanismo muy útil es el cruce de información en busca de inconsistencias. La Central detecta con frecuencia casos de clientes con buena calificación, pero cuyas obligaciones son consideradas como de difícil cobro o irrecuperables. La Central permite ver también cuándo la calificación dada a un cliente es muy diferente de aquella que le da el promedio del mercado.



Aparecen asimismo compañías en concordato, liquidación o bajo control administrativo cuyas acreencias tienen calificaciones grado A o B. Para no hablar de delitos abiertos, como la creación de clientes ficticios.



Otros problemas adicionales pueden ser el riesgo de exclusividad, que indica cuándo más del 90% de la deuda de un cliente se concentra en una sola entidad; el riesgo de concentración por sector económico, zona geográfica o tipo de deudor; y los riesgos de cambio, que miden el tamaño de las deudas en dólares y las valora respecto a la volatilidad de las tasas de cambio y de interés.



El análisis permite identificar cuándo un banco, por alguna razón no establecida, oculta información sobre la reestructuración de obligaciones. Se tienen indicios de que ello está ocurriendo cuando el saldo de las obligaciones crece y la calificación mejora. Este es uno de los recursos preferidos de las entidades cuando empiezan a tener problemas con los clientes. Para tener una noción de la magnitud del problema, basta anotar que a marzo de 1998, del total de los 118 establecimientos de crédito, 64 no habían declarado ninguna reestructuración de deuda. Si se considera el tamaño de la crisis del sector, esta cifra muestra que hay un problema en la revelación de información por este concepto.



Valor en Riesgo



Aparte del trabajo de supervisión, la información de la Central puede servir de punto de partida para establecer la probabilidad y velocidad de deterioro de la calidad de un tipo de deudor en un horizonte de tiempo determinado. Estos cálculos son esenciales para el desarrollo de los modelos de Valor en Riesgo (VaR) que están el corazón de las técnicas modernas de análisis de riesgo.



Estos modelos permiten calcular la máxima pérdida potencial en que puede incurrir una entidad dentro de un plazo determinado (ver Dinero No. 54). Conociendo estas probabilidades, las administraciones pueden adoptar políticas precisas para el manejo de los riesgos ante circunstancias cambiantes del mercado. Hasta ahora, la falta de información básica para la totalidad del mercado colombiano ha impedido establecer unos parámetros sólidos para estas estimaciones.
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