| 3/1/1994 12:00:00 AM

Colombianismos no muy imitados

La virtud de los colombianos de complicar las situaciones más sencillas nos hizo caer en los certificados de cambio. Cuando los eliminan, todos se quejan.

Por fin se acabaron los certificados de cambio (CC). Dicho instrumento permitía que en una sola operación el Banco de la República (BR) adquiriera dólares y contrajera los pesos con los cuales los compró. A eso de adquirir reservas y contraer pesos han estado dedicados la mayoría de bancos centrales de América Latina. Ninguno ha optado por introducir un elemento como los CC. Todos prefirieron el esquema usual de tener una ventanilla en la cual se compran los dólares emitiendo pesos, y otra en la cual se emiten bonos (parecidos a los Títulos de Participación) para contraer pesos en un monto equivalente.

Había buenas razones para no imitarnos. Por un lado, en aras de la equidad y la eficiencia, la contracción monetaria debe ser optativa. Los TPs del BR no son ni deben ser de suscripción forzosa. Los CC sí lo eran. Claro está, el exportador al que forzaban a contraer, necesitaba pesos; ello lo obligaba a descontar el CC en el mercado. De allí surgía la tasa de cambio de mercado, inferior, por supuesto, a la oficial. El éxito del CC fue permitir una apreciación nominal, en respuesta a la entrada de divisas. Revaluaciones se dan todos los días en todas partes. Para ello no se necesita un mecanismo como el CC.

Por cierto, la eliminación del CC hizo poner el grito en el cielo a algunos, que le asignaban la prodigiosa virtud de ser el mecanismo mediante el cual el BR sostenía la tasa de cambio. Se olvidan que el CC se introdujo precisamente para revaluar la tasa de mercado, mientras el BR seguía sosteniendo la tasa de cambio de los "CC vencidos", es decir, la tasa a un año.

Cuando a un extranjero se le dice que el CC es un mecanismo que hace en una sola operación lo que en otras partes se hace en dos, la reacción es obvia. ¿Dónde está la trampa? Muy sencillo. Dicho instrumento conlleva a que mientras el banco central da señales claras sobre la tasa de cambio a un año, deja que el mercado determine la tasa "spot". Prefieren no imitarnos.

El mecanismo tenía otros costos. Ni hablar del tiempo que perdían funcionarios públicos, banqueros, agencias de viaje, hoteles y quien sabe cuántos más, tratando de dilucidar cuál era la tasa de cambio aplicable a distintas operaciones. Según el Fondo Monetario Intemacional, en Colombia ha estado imperando un sistema de tasas de cambio múltiples. Eso de los cambios múltiples suele caracterizar modelos económicos de corte intervencionista, del cual éste y la mayoría de gobiernos de la región han pretendido distanciarse.

La junta Directiva del BR optó por sustituir el CC por una banda de flotación más amplia que la que estaba implícita en el CC. En principio, la actual banda se devaluará a un ritmo del orden de 11% anual. Dado el ancho de la actual banda, la tasa de cambio podría sufrir una apreciación nominal de 7%. El BR se reserva el derecho de intervenir, para evitar que ello suceda. Claro, si las presiones revaluacionistas son muy fuertes, dicha intervención puede comprometer el cumplimiento de las metas monetarias. En tal caso, el BR puede optar por no intervenir, y dejar que la tasa de mercado en efecto caiga hasta el piso de la banda. Cuando el piso se alcanza, el BR se convierte en el mejor comprador del mercado. En ese caso, tendrá que hacer una de dos cosas: comprar divisas a esa tasa de cambio, corriendo el riesgo de no cumplir su meta monetaria, o desplazar hacia abajo la banda, para dejar de ser el mejor comprador. Esto último lo hizo Chile hace dos años.

El BR ha afirmado que desea que la tasa de cambio se mantenga cerca del medio de la banda, pero ha sido claro en anunciar que si la política fiscal deja de ser compatible con las metas macroeconómicas, permitirá que la misma caiga. Más claro no canta un gallo: si el gasto público no se modera, habrá revaluación. Esa amenaza se venía haciendo hace rato. Ahora, parece que la amenaza va bien en serio. Y como recientemente lo afirmó un director del Banco, esa es una advertencia, ante todo, para el próximo gobierno.

No sobra aclarar que las presiones revaluacionistas no sólo las genera la política fiscal; también pueden provenir de entradas especulativas de capital, originadas en el convencimiento de algunos en torno a que, si la banda es tan ancha, es porque muy probablemente habrá revaluación. En ese caso, puede ser buen negocio traer divisas, lo cual, en efecto, genera revaluación. La teoría anglosajona se refiere a ello como "self-fulfilling expectations". Para disiparlas, sería bueno que el BR fuera más enfático en su compromiso de defender la tasa de cambio. Al fin y al cabo, el solo hecho de proponer una devaluación nominal de 11% con una inflación que no baja del 20% ya significa una apreciación real no despreciable. No es conveniente que en adición a ella, haya más revaluación; es posible que el solo hecho de amenazar con que ello podría suceder pueda, en efecto, generarla.

Un addendum. En junio pasado esta columna planteó que, para evitar estar cambiando la corrección monetaria a cada momento, o más precisamente, con cada cambio de ministro de Desarrollo, sería bueno suprimir la UPAC y permitir a las CAVs captar y prestar a las tasas que deseen. Informes de prensa indican que se estaría cocinando un nuevo cambio en la fórmula de la corrección más un interés libre, donde la corrección sería función del DTF, el cual, por supuesto, es libre. Es decir, las CAVs pagarían y cobrarían unas tasas con dos componentes: el uno libre y el otro también. Estoy seguro que, como en el caso del CC, ese sería otro colombianismo que no va a ser muy imitado.
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