| 5/1/1994 12:00:00 AM

Colombia en bonanza

El boom que vive la economía colombiana ha significado un aumento en la demanda agregada. El gobierno ha tomado medidas antipáticas como la restricción al crédito.

Recientemente, la junta Directiva del Banco de la República revirtió parcialmente la apertura financiera de la economía, al extender y profundizar los encajes al endeudamiento externo del sector privado. Igualmente, introdujo - algunos controles sobre el crédito interno y mayores requerimientos de capitalización para los intermediarios financieros. Es una lástima que ello haya sucedido, pero difícilmente se hubiese podido optar por alguna otra política.

A la economía colombiana le está yendo bien. Quizás el más grave problema que tiene es una inflación moderadamente alta, que si bien preocupa mucho a la mayoría de economistas, no parece afectar significativamente a los inversionistas extranjeros. Estos últimos creen que el país es un buen riesgo: nos prestan plata, invierten directamente en el sector productivo y, por supuesto, hacen uso intensivo de las inversiones de portafolio en el mercado de valores. A la confianza de los extranjeros hay que sumarle el optimismo de los nacionales.

El consumo privado anda disparado y la inversión evoluciona muy satisfactoriamente.

Este favorable panorama es resultado de muchos factores. Algunos son exógenos: desmejora en las oportunidades de inversión en los países desarrollados y, más recientemente, en algunas naciones vecinas. Sin lugar a dudas, también hay importantes factores de política, la mayoría vinculados a las muy favorables reformas estructurales emprendidas desde el pasado gobierno, y consolidadas durante el actual.

Bien sabemos que en economía nada es gratis. La confianza de los nacionales dispara el gasto interno; la confianza de los extranjeros nos inunda de divisas. Ambos elementos atentan contra la inflación y contra el mantenimiento de una tasa de cambio competitiva. Lo qué está sucediendo no es exclusivo de Colombia. Muchos otros países de la región y de Asia han enfrentado problemas similares, producto de haber puesto en marcha importantes reformas estructurales, consideradas exitosas por el sector privado nacional y extranjero. Un reciente estudio comparativo elaborado en el Fondo Monetario Internacional sugiere que en casi todos los países que enfrentaron afluencia masiva de capitales extranjeros, se hizo necesario introducir algún tipo de restricción a la entrada de capitales, pero que por lo menos en los casos más exitosos (Chile en América Latina y Tailandia en Asia), lo esencial no fue la introducción de restricciones sino el manejo de la política fiscal.

Para tener una idea de los montos involucrados, mientras en Colombia la situación fiscal antes del "revolcón" señalaba un déficit del orden de 2% del PIB, y del orden de 0% en la actualidad (excluidas las ganancias extraordinarias y por una sola vez de la privatización del Banco de Colombia y de la licitación de la telefonía celular), en Tailandia se pasó de un déficit de casi 2% a un superávit del orden de 5%. En Chile desde hace rato el sector público arroja un superávit anual del orden de 3% del PIB.

Los booms de gasto privado que suelen acompañar a todo paquete de reformas estructurales, que sea creíble y exitoso, atentan contra la posibilidad de mantener una tasa de cambio elevada. En tanto el desarrollo del sector exportador no tradicional se continúe considerando prioritario, es indispensable tratar de evitar al máximo que dicho boom de gasto y financiamiento sea exacerbado por el gasto del sector público. Las experiencias de países que han sido exitosos en acomodar la afluencia masiva de capitales sugiere la importancia de concentrar los esfuerzos en la política fiscal. Dichos esfuerzos pueden requerir de la 'generación de un importante superávit, lo cual es una buena lección para Colombia, donde desde hace rato el gobierno decidió cantar victoria porque el fisco estaba en "equilibrio". Quizás ello no sea suficiente. Y si no lo es, la imposición de controles -desagradables, poco transparentes y bastante ineficientes más allá del corto plazo- se vuelve inevitable.
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