| 5/26/2006 12:00:00 AM

Cambio de arquitectura

El gobierno abrió la discusión sobre la reforma financiera que llevará al Congreso a mediados del segundo semestre. ¿Qué les espera a los bancos?

La reforma financiera que propondrá el gobierno a mediados del segundo semestre no caerá como un gran terremoto sobre el sector, sino que más bien será un ajuste, que llegará como un sismo de mediana intensidad.

En la última gran reforma financiera en 1990 todo estaba abierto a discusión: la eliminación de barreras de entrada y salida del negocio, la llegada del capital extranjero a la banca, la creación de un banco central independiente, la conformación de un nuevo esquema de banca de filiales alrededor de un banco matriz, la mejora en la contabilidad, la modificación en la política de calificación de cartera mala y de inversiones.

Esta vez, los temas serán más limitados, aunque las reformas tendrán efectos notorios sobre la manera como se conduce el negocio financiero y sobre los clientes del sector.

Estructura

El aspecto central de la reforma está planteado alrededor de la necesidad de que los bancos comerciales puedan ampliar su rango de acción. En particular, realizarían directamente operaciones de leasing, fiducia y banca de inversión. En esencia, esa propuesta no es novedosa. En 1993, cuando se hizo una minirreforma financiera, se discutió ampliamente la conveniencia de avanzar hacia la banca múltiple, que permite ofrecer todos los servicios financieros bajo un solo techo. En su versión más extrema, la 'banca universal', los bancos comerciales pueden tener participación accionaria en empresas del sector real.

En ese momento, se encontró que era prudente permitir que el recién propuesto esquema de filiales madurara. La espera tenía un gran sentido práctico, porque evitaba los costos de un nuevo remezón, pero también tenía una justificación teórica, porque no había evidencia internacional concluyente sobre la superioridad de un esquema de banca universal o multibanca.

Ahora revive el tema. En las actuales condiciones, la multibanca parece ser un resultado que verán los colombianos en materia de reforma al sistema financiero.

Al parecer, hay un gran consenso en el sentido de no llevar el sistema hasta el punto de permitir que los bancos sean dueños de las empresas. Se llegaría hasta que la banca podría hacer leasing y fiducia, sin que eso implique el cierre de las compañías de financiamiento comercial especializadas en leasing o de las fiduciarias no bancarias.

Se pretende además reforzar la capacidad de los bancos en banca de inversión. Aunque no comprarían directamente acciones de empresas del sector real, podrían prestarles a sus clientes para que las compren. Hoy las empresas se compran con créditos de bancos extranjeros que no tienen esa limitación. Con el fortalecimiento de la función de banca de inversión en los bancos comerciales, tal vez las corporaciones financieras desaparecerían.

En cuanto a las carteras colectivas se propondría tener un solo vehículo para manejarlas. Hoy las fiduciarias y los fondos de valores administran esos fondos. Esto eliminaría por fin el problema de arbitraje legal que les da ventajas a algunos de los fondos sobre otros. También desaparecerían las sociedades de capitalización.

Inversiones forzosas

De otro lado, se discutirán de nuevo los temas de los costos de las inversiones forzosas y el 4 x 1.000, un asunto sobre el que no hay tanta unanimidad.

Personas como Leonardo Villar, codirector del Banco de la República, estiman que las inversiones no son tan costosas. "Las inversiones forzosas son muy bajas. Están casi restringidas a las de Finagro y pagan una rentabilidad que hace que no sean un problema", señala.

Patricia Cárdenas, presidenta de la Asociación Bancaria, en cambio, les atribuye a las inversiones forzosas 1,5 puntos porcentuales del margen de intermediación.

Todos coinciden en la inconveniencia del 4 x 1.000, porque afecta con especial rigor las cuentas de ahorros de bajo monto, esto es, impide la bancarización. Patricia Cárdenas señala que el tributo es responsable de dos puntos porcentuales del margen.

Derechos de los acreedores

En cuanto a los derechos de los acreedores, los banqueros insistirán en conseguir un mayor equilibrio en su favor cuando hay créditos en mora. Se revisará, por ejemplo, el caso de la prelación que tienen los impuestos y las acreencias laborales en el acceso a las garantías de una deuda.

También se diseñarán procedimientos que agilicen los cobros ejecutivos. Para reducir el número de procesos pendientes propondrán muy seguramente que se destaque un grupo de jueces de descongestión. También que se eliminen muchas de las condiciones de excepción que demoran el pago de un crédito respaldado con un pagaré.

De igual modo se revisará el sistema que se sigue para el secuestro de bienes, que en algunos casos toma más de un año por falta de personal que lo ejecute.

Por último, se discutirá la forma en que las garantías puedan hacerse exigibles, incluso dentro de un proceso de Ley 550. Una forma de hacerlo es que el deudor no vote en fórmula de solución.

Bancarización

La reforma tratará de profundizar la bancarización, es decir, la participación del sistema financiero en las transacciones del país. Como lo señala un estudio de Sergio Clavijo, presidente de Anif, que se publicará en un mes en la revista Carta Financiera de esa entidad, en 1997 la cartera bancaria medida como proporción del PIB representaba el 39% y apenas 23% en 2005. Esto es muy poco para estándares internacionales.

Para bancarizar al país, habrá que buscar un nuevo balance en los requisitos de información. De un lado, los bancos señalarán que los datos que se piden para prevenir lavado de activos son demasiados y que dificultan la vinculación de personas de bajos ingresos al sistema. Pero de otra parte propondrán que las bases de datos de crédito incluyan información sobre pago de servicios públicos y a establecimientos comerciales no bancarios. Con esto, podrían analizar el riesgo de más personas y llegar con sus productos a nuevos sectores.

Se tratará de ampliar la cobertura de los bancos permitiéndoles hacer contratos de corresponsalía, de manera que puedan contratar a una cooperativa, o una droguería tramitar la vinculación de personas o incluso recibir dinero o hacer desembolsos de crédito. Con esto, se disminuiría la necesidad de ampliar la red de oficinas para acercarse a los clientes, sobre todo a los de ingresos más bajos.

También es posible que la discusión reviva el tema de eliminar el tope de la tasa de usura. Las operaciones microcrediticias son costosas porque son de montos pequeños y requieren una labor administrativa intensa. Si los márgenes no son atractivos, muchos bancos no se interesarán en hacer esos préstamos. Para que no hubiera necesidad de cambiar las normas de la tasa de usura pero que los bancos pudieran conseguir un margen adicional, la Ley Mipyme les permitió cobrar comisión del 6% del valor del crédito por una sola vez en préstamos menores de $9,5 millones. La norma ayuda, pero los bancos aún encuentran problemas con ella.

Evolución natural

En general, más que un cambio radical, la reforma institucionaliza el fortalecimiento de los bancos comerciales que se gestó en los últimos años. Como lo señala el estudio de Sergio Clavijo, mientras los activos de todo el sistema financiero pasaron de ser el 55% del PIB en 1995, a ser el 52% en 2006, los activos de los bancos comerciales pasaron de ser 29% del PIB a 44% en el mismo período.

Ahora hay menos bancos y compiten de manera más agresiva. Mientras en 1995 había 201 entidades financieras, en 2006 hay 77. Las fusiones ya tocaron el 50% de los activos financieros, la competencia se agudizó y trabajan con márgenes más estrechos. Mientras al finalizar los 90 la tasa de interés para los préstamos bancarios estaba en 15% real ahora bordea el 8% real.

Además, en la parte de captación y servicios de pago, la integración ha sido casi total. "Incluso los que no operan 'bajo el mismo techo', más por cuestiones de explotación de sus diversas marcas (el llamado branding), han creado las redes interinstitucionales necesarias para que el sistema replique el equivalente al de banca 'universal' de servicios, al menos por el lado pasivo", señala Clavijo.

Leonardo Villar considera que es bueno que esta reforma no plantee una gran revolución. "Afortunadamente, no implica una revolución porque las revoluciones destruyen mucho valor", señala.

Vista en ese conjunto, la reforma parece interesante. Con todo, hay que estar seguros de no perder el norte. En último término, las finanzas son una herramienta para el desarrollo siempre que se recuerde el objetivo final, que como lo explicó Rohinton Medhora, autor del libro Reforma financiera en países en desarrollo, en entrevista desde Montreal, es bien claro. "Lo que se persigue con el fortalecimiento del sector bancario, es facilitar el acceso al capital a menor costo. Esa es la función objetivo".
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