| 5/12/2006 12:00:00 AM

Bancos para todos

Qué se debe hacer para aumentar la bancarización en Colombia, en especial en los estratos más pobres. El crédito de consumo en grandes dosis es un verdadero peligro.

Bancarización no es una palabra en inglés, mal traducida por algún vicepresidente financiero que estudió en Wharton. Por rara que suene, es una palabra aceptada en castellano y quiere decir aumentar la presencia y la acción social y económica de la banca. Y aunque les parezca extraño a algunos usuarios de las oficinas bancarias, los economistas concuerdan en que tener más personas haciendo sus transacciones por medio de los bancos facilita el crecimiento económico y la reducción de la pobreza.

La teoría es sencilla. Las transacciones financieras tienen economías de escala. Mientras más aumenten en número, su costo por transacción se reduce y por eso se consigue un ahorro para el país en conjunto, que puede hacer sus pagos más barato. Otros argumentos más sofisticados sobre manejo de información y riesgo también demuestran que la intermediación financiera es ventajosa para las economías. El acceso al crédito, por ejemplo, hace que las inversiones dependan menos de los vaivenes en el ingreso de las empresas, por eso la inversión sería más estable que el PIB.

Pero en Colombia los bancos les llegan a muy pocos. Las cifras oficiales más recientes muestran que el 30% de los municipios del país no tienen presencia de esas entidades, lo que dificulta la bancarización que depende mucho de la cercanía a la institución. Los datos de un estudio de la consultora internacional Beatriz Marulanda son más duros. Solo el 28% de las familias y en las de estratos de menor ingreso apenas el 20% tienen una cuenta de ahorros. Además, hoy la relación de cartera bancaria a PIB es de 20%, más baja incluso que la de otras épocas en el país. Si esa relación aumentara a 30%, la tasa de interés podría bajar un punto sin que los bancos desmejoraran sus ingresos.

Por eso, se requieren fórmulas para aumentar la bancarización, en particular entre la población más pobre. Algunos bancos están tratando de llegarle a este grupo con crédito, sobre todo de consumo. ¿Es una buena estrategia? Contestar esta pregunta fue uno de los temas centrales del Tercer Encuentro Latinoamericano de Microfinanzas, realizado en Cartagena a finales de abril y auspiciado por la Asociación Bancaria, la Federación Latinoamericana de Bancos y el Banco Mundial de la Mujer.

Fiesta del crédito

Hoy los bancos están entusiasmados con el crédito de consumo, las tarjetas de crédito y el microcrédito. Esto se observa en el crecimiento de 25% en el número de tarjetas y del 36% en la cartera de microcrédito en los últimos 12 meses.

La invitación forzosa del gobierno a participar en microcrédito les abrió un mundo interesante para masificar el crédito cuando descubrieron la posibilidad de hacer ventas cruzadas, de otros préstamos a sus clientes microempresarios. Además la competencia de Codensa, Falabella y almacenes Éxito, que financian a personas sin pasado crediticio, aceleró los programas de algunos bancos para expandirse hacia estratos de ingresos bajos.

Ahora preocupa la dosis. Cuando se exagera, se sobreendeuda a los clientes y estos comprometen ingresos que requieren para el sustento familiar. Entonces hay que pensar si la solución para bancarizar al país está por el lado del crédito, o por el de los depósitos y otros servicios financieros.

"Se habla mucho de crédito, sobre todo para consumo, pero no se oye de depósitos", dijo Asad Mahmood, director del grupo financiero para el desarrollo comunitario del Deutsche Bank. Incluso, a veces, no se trata de dar o recibir dinero. "En muchos casos, se debe llevar el conocimiento de las personas del banco, no solo su capital", explica. Su comentario deja entrever una cuestión de fondo: bancarizar a los estratos bajos es cuestión de microfinanzas, no de microcrédito.

Mercedes Canalda, presidenta de la Asociación Dominicana para el Desarrollo de la Mujer, Adopem, de República Dominicana, pone el asunto de la ayuda no financiera en otros términos. "Hay que ayudarles. A veces, aunque oigan las noticias por la radio, no las procesan", explica.

Cuestión de método

Las microfinanzas necesitan una metodología especial, diferente a la de un banquero comercial. Los oficiales de microcrédito tienen que hacer visitas al cliente y hasta elaborar los papeles de solicitud, empezando por los balances.

Prestan en montos pequeños al principio que van incrementando con la antigüedad del cliente y con el cumplimiento en los pagos. Cobran el mismo momento en que el cliente entra en mora; tanto, que la ONG Adopem provisiona en su contabilidad el 100% de los créditos al primer día de mora.

El método necesita cercanía y hay muchas recetas para acercar los bancos a la gente. Una es entregar tareas bancarias a droguerías, supermercados, oficinas de correo o a ONG. Así lo hace la ONG boliviana FFP FIE. En sus oficinas abre o cancela cuentas, recibe pagos de servicios y amortizaciones de créditos entre otras cosas y atiende 67.000 personas de ingresos bajos.

De igual modo se pueden usar canales casi financieros, como las cooperativas para manejar remesas, depósitos, o seguros. La Red de la Gente, del banco Bansefi, de México, funciona en 1.200 de los 2.450 municipios de ese país y hace 70.000 transacciones de remesas al mes por un valor de US$1.250 millones. Usa cuentas de ahorro, que muchas veces son las primeras que abren sus clientes. La mayor parte de los establecimientos de la red Bansefi son cooperativas contratadas por el banco a las que apoya con un programa de inversión para capitalización y mejora de sus sistemas administrativos.

También hay espacio para encontrar mecanismos novedosos que los bancos repliquen prácticas que ya están en la calle. Por ejemplo, el de las cadenas, que funcionan con grupos de 20 a 30 personas —predominantemente mujeres—, que hacen un ahorro mensual programado. Rifan cada mes un crédito de un monto equivalente a lo que se recogió por el ahorro de todos y se van rotando ese crédito hasta que todos lo hayan recibido.

Pero no necesariamente hay que pensar en productos sencillos. Antes de su cargo actual, Mahmood trabajó en el área de derivativos de crédito del Deustche. Asegura que las líneas de microfinanzas pueden ser tan complejas como las que diseñaba en su cargo anterior. "El riesgo cambiario no debe tener espacio en microfinanzas", mencionó como ejemplo de campos de acción de la ingeniería financiera sofisticada.



Riesgo de transparencia

El mayor riesgo de hacer crédito para las familias de ingresos bajos es político, explica Asad Mahmood. Cuando un banco presta al 30% y tiene un retorno del 60%, la gente comienza a decir que está sacando su rentabilidad de la gente pobre, ilustra. Por eso, las entidades microfinancieras deben ser muy claras y transparentes con sus costos. "Hay que hablar francamente. Si se cobra caro, se tiene que estar dispuesto a mostrar los costos", asegura.

Con él concuerda Max Chion, gerente general del Banco del Trabajo, de Perú. "No hay productos más fáciles para esconder precios que los financieros. Por eso, hay que ser claros en los costos de los activos y los pasivos", explica. La regulación los obliga a divulgar las fórmulas con las que calculan las cuentas (si usan años de 360 ó 365 días, cómo se cargan los seguros, etc.). "Hoy es difícil no ser transparente en Perú", argumenta. Cuando todos los costos están en las tasas de interés, solo hay un elemento de comparación, con el que los consumidores pueden tomar mejores decisiones.

La transparencia y el respeto por el cliente más pobre son clave. Y es que las microfinanzas tienen dos objetivos, rentabilidad e impacto social. "Para ser bueno en este negocio hay que hacer las dos cosas. Para financiar un avión se tiene que saber de sillas y viajes. Para crédito agrícola se debe entender de estacionalidad de cosechas. Para financiar pobres, se debe saber cómo alejar los miedos y cómo hacer los sueños realidad", sostiene Mahmood.

Así, lo que queda en el tapete es que bancarizar a los pobres necesita más que apetito comercial. Requiere entender los métodos de las microfinanzas y más que nada, las necesidades reales de los clientes, que muchas veces no necesitan crédito, sino una cuenta de ahorros, o simplemente un consejo a tiempo.
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