| 9/20/2010 7:25:00 AM

Bancarización: la locomotora que falta

La agenda para promover una mayor profundización y formalización financiera es difícil, pues requiere controvertidas medidas como la eliminación de la usura. Educación financiera y tecnología serán las claves.

A pesar de los grandes avances en materia de acceso a las cuentas de ahorro, cobertura geográfica de la banca y hasta del microcrédito, la profundidad del crédito en el país sigue siendo sumamente baja.

En los últimos cinco años el nivel de bancarización de la población adulta aumentó diez puntos porcentuales, al llegar a 58%, lo que quiere decir que alrededor de 17,8 millones de colombianos tienen acceso al menos a un producto financiero, según datos de la Asobancaria. Aunque esto representa un progreso, lo cierto es que en su gran mayoría se trata de acceso a cuentas de ahorro y solo menos de 5 millones de personas -16,6% de la población adulta- tienen hoy un crédito formal con alguna entidad del sector financiero.

Para fomentar la formalización e inclusión financiera de la mayor parte de la población, los banqueros consideran que no solo será necesario eliminar el impuesto a las transacciones financieras del 4x1000 -como ya lo planteó el mismo Gobierno- sino que insisten en que es fundamental eliminar los controles y la fijación de techos a las tasas de interés. Esto es, eliminar la tasa de interés de usura. Además, la banca considera necesario eliminar un sesgo existente en la legislación en contra de los derechos de los acreedores y remover algunos obstáculos y los excesivos requisitos que existen para el otorgamiento del crédito.

Ante la dificultad política de muchas de estas medidas y, en general, la mala imagen que tiene la banca, el sector financiero tiene el reto de convencer a la sociedad de la conveniencia de medidas tan controversiales como la eliminación de la tasa de usura. Por tanto, la educación financiera sigue siendo uno de los mayores retos del sector.

Firmas consultoras como Ernst & Young consideran que, además, será necesario que la banca siga trabajando en la mejora de su eficiencia operativa para que pueda seguir reduciendo sus márgenes y el costo de los servicios financieros que ofrece. A julio de 2010, los costos administrativos como porcentaje de los ingresos de intereses alcanzaban 56%, una cifra elevada para estándares internacionales, lo cual requerirá que el sector siga trabajando en su renovación tecnológica.

Por último, donde tal vez existe el mayor consenso entre autoridades y banqueros, es en que la masificación de los medios de pago electrónico y el desarrollo de la banca móvil es la mejor manera de promover una mayor penetración del sector financiero. Esto requerirá, entre otros factores, unificar su regulación y asimilar el uso del celular al efectivo para eliminar gravámenes tributarios y reducir los costos de las llamadas cuando el celular se utilice en transacciones financieras.

Acelerar el paso

El programa de la Banca de las Oportunidades, realizado por el gobierno anterior, dio un marco adecuado para que la banca les diera acceso a más colombianos a través de cuentas de ahorro de bajo monto, corresponsales no bancarios y acuerdos de microcrédito. Estas medidas permitieron que más de dos millones de colombianos ingresaran a la banca por primera vez durante los últimos tres años, y que se duplicara la cartera de microcréditos, al llegar a $4 billones. El marco regulatorio hizo posible el ingreso de entidades especializadas en este segmento, como Bancamía y Procredit, entre otras; el interés de los grandes bancos en este segmento y la creación de más de 5.000 Corresponsales No Bancarios (CNB), con lo cual la presencia del sector financiero alcanza hoy el 94% de los municipios del país, entre otros logros. Sin embargo, todavía se requieren nuevas disposiciones de fondo, pues la cartera total de la banca, como porcentaje del PIB, se estancó en alrededor del 30%.

Según expertos como Edgar Sánchez, socio de Financial Advisory Services para Latinoamérica de Ernst & Young, la medida que tendría el mayor efecto sería la eliminación de la tasa de usura para los créditos a segmentos bajos de la población, pues es una regulación que, pretendiendo proteger a los clientes más pobres, termina haciendo exactamente lo contrario y los expulsa del sistema financiero.

"Cuando existen topes a las tasas de interés que se pueden cobrar, los bancos, que tienen que preservar la segu él ridad de los recursos que les fueron confiados y la rentabilidad de sus accionistas, excluyen las operaciones más riesgosas y de mayor costo. Los pequeños créditos son difíciles de administrar y no es fácil determinar con certeza su capacidad de pago, lo cual los hace más riesgosos. Y, si no se puede cobrar lo justo, no puede pedírseles que hagan una función social", afirma Sánchez.

Así, queda un sistema financiero sólido pero que opera con los clientes menos riesgosos, excluye a la mayor parte de la población y deja a los colombianos más pobres con la única alternativa de acudir al crédito informal que es sustancialmente más costoso, con tasas que pueden sobrepasar el 250% anual y sistemas de agiotistas que cobran el 10% diario.

La experiencia internacional muestra que, si bien las tasas de interés suben una vez son liberados los controles, su costo se modera con la competencia entre las entidades. De ahí que países sin límites a las tasas de interés como Bolivia y Perú tengan mayor penetración de la banca que nuestro país, con tasas promedio similares a las nuestras. Sin embargo, no son decisiones fáciles de tomar.

Según María Mercedes Cuéllar, presidente de la Asobancaria, "entendemos que eliminar la tasa de usura es políticamente difícil, pero el Gobierno podría empezar con la modificación de la fórmula de certificación del Interés Bancario Corriente (IBC), lo cual podría comenzar a generar las condiciones para luego hacer una eliminación definitiva de la tasa de usura". Lo importante es actuar rápidamente.

Es claro que la banca no entrará más agresivamente a los segmentos bajos a menos que sea un buen negocio y, para esto, los precios deben estar determinados por la competencia, la cual no faltará. En este momento hay más de siete entidades pidiendo licencia para convertirse en bancos -Fundación de la Mujer en Cali, CRM Falabella, Finandina, Cooperativa Financiera Coomeva, Inversora Pichincha, Macrofinanciera y Serfinanza- cuyo foco podrían ser los estratos bajos de la población.

Por tanto, el Gobierno debería centrarse en incentivar la competencia en este sector y en reducir la informalidad y el desempleo. Hay que redoblar esfuerzos sin olvidarse de la seguridad y la confianza del sistema, pues no se puede permitir sobreendeudar a la población por encima de sus capacidades.

Lograr la expansión del sector financiero debería ser un propósito nacional e involucrar no solo el crédito sino todos los servicios financieros como los seguros, las remesas, las pensiones, el ahorro y hasta las inversiones, y así transformar el desarrollo de este sector en la locomotora que requiere la economía para crecer de un modo más equitativo.

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