Balances & economía

| 3/16/2001 12:00:00 AM

Balances & economía

Los balances de las grandes empresas en el 2000 muestran muchas cosas buenas, pero también revelan signos de debilitamiento en los últimos meses.

A juzgar por las ganancias de las 105 empresas que reportan a la Superintendencia de Valores, el año 2000 fue favorable. Sin embargo, hay dos señales de alerta hacia el futuro: por un lado, la preocupante reducción de capital de las compañías y, por otro, la desaceleración que presentaron los balances en el último trimestre del año opaca el optimismo que se ha generado en los últimos meses sobre la economía.

Dinero consolidó información consistente para los balances anuales de las empresas que reportan a la Superintendencia de Valores (excluyendo a Bavaria, que tiene demorada su información). Y también consolidó información trimestral desde 1995. Los resultados son contundentes.



Los balances anuales



Los estados de ingresos y gastos presentan signos bastante favorables. La utilidad operacional del conjunto de las grandes empresas creció 442% en el último año, y la utilidad antes de impuestos aumentó 118%. A pesar de que el conjunto de empresas tuvo pérdidas finales, estas se redujeron en un 73%.



Los balances presentan signos menos favorables. El total de activos decreció en términos nominales, con una caída más notable de los activos de largo plazo. La contrapartida fue un decrecimiento de los pasivos del 5,2 nominal, especialmente los de largo plazo en moneda extranjera que cayeron 23,5%.



Así pues, el enorme aumento de las ganancias operativas fue paralelo a un debilitamiento de los activos de largo plazo de las empresas y del capital social, que hoy es realmente una cuarta parte menor que hace 2 años. Con esta situación, la mayor repartición de dividendos a los accionistas debilitaría aún más las empresas.



La evolución trimestral



Los balances trimestrales sugieren que la fuerza de la recuperación de la actividad económica se debilitó en la parte final del año. Después de tres trimestres sucesivos en los que las ventas y las utilidades crecían, al tiempo que la cartera rotaba más rápido y los flujos de caja se recuperaban, durante el último trimestre las tendencias se revirtieron. Las grandes empresas reflejan un inesperado descenso --de 20%-- en sus ventas al exterior al finalizar el año, que antes habían jalonado la recuperación. La utilidad final de las empresas, que había llegado a negro en septiembre, volvió a ser negativa en el último trimestre. El debilitamiento del mercado se reflejó rápidamente en las cuentas de los proveedores: las cuentas por pagar pasaron de 139 a 149 días, y las cuentas por cobrar de 110 a 113 días. Con las menores ganancias y la aceleración del pago de deudas, los flujos de caja volvieron a decrecer en términos absolutos.



¿Qué pasó?



Al tiempo que las asambleas ven mejores resultados en las empresas para el año en conjunto, el país debe abrir los ojos sobre el desempeño de los últimos meses. La actividad económica, de la industria y del comercio, se resintió al finalizar el año y, al parecer, el debilitamiento se ha prolongado los dos primeros meses de este año.



La debilidad empresarial de finales del año anterior ya había sido anticipada hace unas semanas por la estimación del PIB, cuando el DANE encontró una caída en términos absolutos durante el último trimestre.



Las pocas cifras disponibles para enero no son buenas. En la encuesta de Opinión Empresarial de Fedesarrollo para la industria, con los datos desestacionalizados, el nivel de pedidos, la actividad productiva y la situación económica se deterioraron en enero y los inventarios aumentaron. En la Encuesta de la ANDI, el crecimiento de la producción cayó bruscamente y en la de Fedesarrollo-Fenalco, el deterioro fue más notable. La demanda de energía cayó en los dos primeros meses de este año.



¿Y entonces?



Parece claro que los últimos meses han dejado de ser tan buenos para la actividad industrial y comercial. Pero no es claro si estos síntomas reflejan dificultades coyunturales o señalan un cambio de tendencia. La huelga de Bavaria (que afectó la producción de bebidas, el transporte y las finanzas departamentales) y la introducción del 3 x 1.000 serían fenómenos de impacto transitorio. Más permanentes serían el impacto de la desaceleración de la economía de Estados Unidos, el aumento de 1 punto del IVA y de los impuestos sobre importaciones, la reducción de la inversión local de los nuevos alcaldes --sobre todo en Bogotá--, y el aumento de 10 puntos en la tasa real de interés de colocación de la economía en los últimos 8 meses. La comparación con el hueco del 99 ya no puede hacerse y la recuperación de las utilidades del 2000 no puede obnubilar la perspectiva. Es una alerta para el gobierno, que debe enfilar todas sus baterías para que la actividad económica no entre de nuevo en dificultades.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.