| 12/14/1998 12:00:00 AM

Ajústese a mil

Con tal de no tributar el 2 por mil sobre las transacciones, muchos están dispuestos a pagar sólo en efectivo, cerrar cuentas y pasarse a dólares.

Los colombianos llevamos más de un mes craneando estrategias para no tener que pagar el impuesto del 2 por mil sobre las transacciones financieras. Los usuarios del sector financiero tienen ya mayor claridad sobre lo que éste implica sobre sus negocios y sobre las opciones que tienen para manejarlo.



En definitiva, la gente ha descubierto que no le queda más remedio que irse al efectivo o centralizar sus transacciones, mejorando la administración y la eficiencia de estos procesos.



La plata en el bolsillo



La solución más obvia es manejar únicamente efectivo. Tan pronto como se decretó la emergencia económica, los establecimientos financieros se vieron invadidos de solicitudes de clientes que querían que les pagaran las nóminas en efectivo en lugar de efectuar traslados. Y esto no les ha ocurrido únicamente a los bancos, sino también a las empresas industriales. Un ejemplo es Productos Familia, que ha recibido numerosas solicitudes de clientes que quieren pagarles en efectivo.



Sin embargo, los costos administrativos del manejo de grandes cantidades de efectivo hacen demasiado onerosa esta opción. Los riesgos (y costos) de seguridad se incrementarían exponencialmente. Esta no es una posibilidad real para las empresas.



Otra solución es trabajar con cheques, pero no consignarlos en el banco. La idea es utilizar el mismo cheque para varias transacciones, construyendo una cadena de endosos (son los llamados 'cheques con babero'). El impuesto es pagado únicamente por quien gira el cheque, mientras los demás miembros de la cadena lo evitan.



No obstante, esta opción también tiene problemas grandes. El riesgo de fraude con un cheque 'malo' para quienes van entrando en la cadena de pagos es elevado, pues nada garantiza que el último eslabón encontrará fondos en la cuenta cuando vaya al banco a cobrar. Incluso si no hay fraude por parte del girador, el riesgo de robo o pérdida del papel es alto. Esta es una solución apenas artesanal, impracticable más allá de un número pequeño de transacciones.



Entonces, administrar



No todo es pérdida con el impuesto, pues éste ha abierto una nueva oportunidad de negocio para las entidades financieras que sean capaces de ahorrarles costos a las empresas, dado que con el gravamen a la transferencia de fondos entre cuentas de bancos distintos y de diferentes titulares, la multiplicidad de cuentas resulta muy onerosa.

Las áreas de mercadeo de bancos como el Real, el Santander y Davivienda están desarrollando portafolios de productos para que sus clientes (tanto personas naturales como empresas) dejen de tener muchas cuentas en distintos bancos y centralicen sus operaciones en una sola entidad.



Un producto atractivo en este momento en banca corporativa es la cuenta corriente remunerada, con tarjeta de crédito empresarial y convenios para el cobro de cartera y pago de proveedores. Esto les permite a las empresas usar una sola cuenta para manejar múltiples objetivos sin pagar el impuesto, pues éste no se causa en los movimientos entre dos cuentas del mismo titular, en la misma entidad.



Lo malo es que a los colombianos nos gusta tener muchas cuentas bancarias. La costumbre existe porque es cómodo asignar cuentas bancarias distintas para usos diferentes del dinero. Así trabajan muchas empresas: en una cuenta se maneja la nómina, en otra proveedores, hay una para cada línea de producto...



Centralizar cuentas tiene varias implicaciones para las empresas. Por un lado, tiene costos pues implica cambiar procesos y, probablemente, hacer inversiones en sistemas. Pero hay otra, muy positiva, para los tenedores: cuando aumenta el tamaño de la cuenta y el número de operaciones que se hacen con ella, el cliente se hace más interesante para la entidad financiera.



Quienes opten por este camino no sólo ahorrarán en el pago del impuesto, sino que ganarán poder de negociación frente al banco, lo que se reflejará en mejor tratamiento y, seguramente también, en mejores tasas de interés en los créditos.



Hay algunos que pierden. Los fondos de inversión y las fiduciarias que manejan fondos comunes se ven perjudicados por el impuesto, pues buena parte de su clientela ha estado compuesta por tesoreros que les entregaban el manejo de sus excesos de liquidez de muy corto plazo. Pero la rentabilidad de las inversiones de liquidez de menos de un mes se ha visto fuertemente afectada por el impuesto, ya que los movimientos de plata entre la cuenta bancaria del cliente y el fondo quedan gravados.



Maristella Sanín, presidenta de la Asociación de Fiduciarias, estima que el impuesto tiene un sesgo en contra de su sector, pues estas entidades no tienen la posibilidad de ofrecerles cuentas corrientes a sus clientes, para que manejen los recursos de los fondos usando dos cuentas en el mismo establecimiento, en tanto que los bancos sí pueden ofrecer cuentas corrientes y de ahorro que evitan el traslado entre entidades.



Otras posibilidades



Los tesoreros de las empresas siguen estudiando formas de reducir el gasto del impuesto. Algunos están desempolvando cuentas del balance poco usadas en el Plan Unico de Cuentas del sistema bancario para manejar la plata sin causar la erogación. En las cuentas de acreedores o de compensación se consignan transitoriamente algunas sumas cuando no hay claridad sobre su causación. Son utilizadas por los bancos, cuando, por ejemplo, el canje sobre un cheque no se pudo realizar por algún motivo.



Sin embargo, no es claro que estas cuentas puedan utilizarse para hacer transacciones sin que generen el cobro del impuesto.



Otra forma de manejar el problema es, simplemente, pasarse a dólares para efectuar transacciones, esquema que se utiliza ahora con bastante frecuencia en compra de bienes raíces. Es inevitable que algunas empresas empiecen a emplear este mecanismo. Si llegara a extenderse su uso, los recaudos del impuesto se reducirían. Pero más allá, el significado de los indicadores monetarios tradicionales y de la propia banda cambiaria se vería alterado, porque la proporción entre la demanda de pesos y dólares habría cambiado.



El impuesto podría tener el inesperado efecto de empujar un paso más a la economía colombiana hacia un esquema de doble moneda, al estilo del que defiende el ex ministro de Hacienda de Argentina Domingo Cavallo (ver Dinero 73). Sería un resultado sorpresivo, pero para nada irrazonable.
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