A medio camino

| 11/10/2000 12:00:00 AM

A medio camino

En el sector financiero se ha avanzado en confianza, pero aún faltan esfuerzos de capitalización. Para financiarlos, hace falta reabrir el crédito y esperar la recuperación de la utilidad.

La recuperación del sector financiero va a medio camino. Si bien se han adoptado medidas para fortalecer el patrimonio de las entidades removiendo los activos improductivos de la operación y capitalizando, la rentabilidad del negocio del crédito no despega aún.

Desde finales de 1998, cuando se inició una estrategia de salvamento del sector financiero, se esperaba que para la fecha estarían resueltos los dos problemas más graves que enfrentaban las entidades: el deterioro patrimonial que ponía en riesgo los depósitos del público y la amenaza de una crisis general del sistema de pagos, desatada por la creciente desconfianza de los ahorradores en sus instituciones de crédito.



El panorama de hoy se acerca al deseado, pero falta camino. Después de dos años de esfuerzos de capitalización, tanto estatales como privados, y de cerca de $5 billones inyectados en las bancas pública, privada y cooperativa, el sector ha reducido la debilidad de su patrimonio. Es cierto que la tarea de retirar los activos improductivos del ejercicio de las entidades dio frutos: en todo el sistema cayeron 7,5% entre septiembre de 1999 y septiembre de 2000. En este aspecto, la banca pública y la banca extranjera aportaron el mejor ejemplo al reducir sus improductivos en 32% y 19%, respectivamente.



Sin embargo, la solidez patrimonial no se ha completado y aún hay depósitos del público respaldados con cartera vencida e inmuebles de cuestionable calidad. Según cálculos de Dinero, en el sector financiero faltan esfuerzos de capitalización por $5,7 billones, especialmente concentrados en la banca hipotecaria, que requiere $2,4 billones y en el cual los bienes recibidos en pago crecieron el 47% en el período mencionado.



En cuanto a evitar una crisis generalizada, el mayor logro es que se ha evitado el pánico. El Estado ha buscado devolver confianza a los depositantes, al enviarles el mensaje de que responde por la deuda que dejó su mala gestión y que en el futuro intentará no volver a administrar banco alguno, a excepción del Banco Agrario, por sus especiales características de crédito al pequeño campesino. El marchitamiento y próxima liquidación del BCH y de BanEstado, así como la venta en curso de la FES y Bancafé, han sido prueba de su buena intención de dejar el negocio. De hecho, la participación oficial en el sector financiero se redujo de nueve a cuatro entidades entre 1998 y 2000. Además, el Estado ha reiterado que soportará a todos los bancos privados a los cuales ha otorgado crédito y cuya operación dé muestras de inviabilidad, como sucedió con Interbanco.



Pero la tranquilidad del público puede ser pasajera. Si bien es cierto que hoy, a diferencia de hace dos años, los analistas financieros ven menos factible un retiro masivo de depósitos, la posibilidad de que un banquero decida cerrar su entidad y dejar de perder dinero por la incertidumbre, por ejemplo, del negocio hipotecario, existe y no está lejos de la realidad, pues más allá de los esfuerzos de saneamiento y capitalización, lo que preocupa a los propietarios del negocio es que todavía no deja utilidad.



No hay crédito, no hay negocio



Durante casi un año, el debate de las pérdidas se mantuvo centrado en la necesidad de flexibilizar el régimen de provisiones por considerar que estas últimas golpeaban las ganancias y en consecuencia deterioraban los resultados del negocio. La insistencia de los banqueros logró reversar recientemente la provisión por coeficiente de riesgo y la de las daciones en pago durante los primeros seis meses de su recepción. Sin embargo, el problema de fondo aún no se soluciona: el negocio sigue sin ser rentable porque la situación de la economía no ha favorecido el despegue del crédito. Los empresarios están reacios a pactar altas tasas de interés y las entidades no las bajan, pues el riesgo sigue siendo alto. Para la muestra, algunas cifras. La cartera total del sistema decreció 8,7% entre septiembre de 1999 y el mismo mes de 2000; por tipo de cartera, la que más se redujo fue la hipotecaria (17,7%), seguida por la de consumo (11,3%). Esta contracción se vio incluso en entidades extranjeras, como el Banco Santander y el BBVA Banco Ganadero.



Aunque son bien conocidas las razones que han motivado el cierre del crédito hipotecario y la restricción del de consumo --la cartera de consumo vencida subió el 38% en un año--, lo cierto es que esa contracción parece ser la razón principal por la cual el sector sigue perdiendo plata.



Si se tiene en cuenta el esfuerzo de capitalización realizado entre 1999 y 2000 y el descarte del riesgo de otorgar nuevos créditos en plena recesión, se pensaría que los resultados del puro negocio financiero estarían empezando a arrojar utilidad. Aunque han mejorado, aún no son positivos. Descontadas las provisiones, que incluyen los saneamientos realizados en el año, el ejercicio de las entidades en su conjunto sigue siendo negativo en $257.200 millones, que equivalen al 18% de las pérdidas acumuladas en este año. La buena noticia es que ese monto es casi la mitad del de 1999. En otras palabras, el negocio financiero da menos pérdida hoy que hace un año, pero sigue en rojo porque la demora de la reactivación no le ha permitido ejercitar su función básica: prestar. Solo entre septiembre de 1999 y septiembre de 2000, los ingresos por intereses de la banca privada cayeron 29%. Por su parte, los gastos administrativos aumentaron 7%, lo que quiere decir que las entidades mantienen la infraestructura para gestión de crédito, aunque no la utilicen al 100%. El asunto es que si no hay utilidad y las posibilidades de otros mecanismos de financiación se dificultan, las entidades no pueden pensar en el fortalecimiento del negocio.



El poder de prestar



Para los banqueros, el costo de frenar el crédito es muy alto pero también tiene un lado a favor. Desentrabarlo se ha convertido en un arma de negociación de la banca ante el Estado, que sigue sin solucionar el problema de la deuda territorial y el del deterioro de la banca hipotecaria. El primero exige la reconsideración de una obligación que hasta junio ascendía a $7,8 billones y, el segundo, la capitalización de las entidades hipotecarias y la solución definitiva a los problemas de desfase de tiempos y tasas de interés que el sistema enfrenta.



En lo referente a la capitalización de las entidades hipotecarias, el problema es que sus propietarios se niegan a hacerlo con sus propios recursos mientras exista incertidumbre sobre la viabilidad del negocio, y piden al gobierno un crédito blando. Este, por su parte, se ha negado durante más de un año a concederlo, pero es posible que ante la urgencia de una capitalización, la nueva administración de las directrices de la banca, que incluye al ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos; la superintendente bancaria, Patricia Correa, y al recién nombrado director de Fogafin, Héctor José Cadena, se haga realidad. Sin embargo, recursos por $2 billones sin incluir Granahorrar no serán fáciles de conseguir en un momento de crisis fiscal como el que atraviesa el país. Urge, entonces, que el gobierno le busque en lo que resta del año viabilidad al crédito de vivienda, si lo que quiere es evitar la liquidación de más entidades. Además, es preciso que presione para que el resto del sector financiero y el real reconozcan sus pérdidas, vuelvan a generar confianza en las garantías y abran el crédito. Por lo pronto, el gobierno se ha concentrado en las medidas de largo plazo. En dos meses entrará en operación la titularizadora de cartera de los grupos Bolívar, Suramericana y Social, y de la International Finance Corporation, IFC. Su objetivo es superar la diferencia de plazos, mediante la compra de cartera sana y el reempaquetamiento para la venta de títulos a grandes inversionistas y particulares, según el plazo de los papeles. En su etapa inicial, la titularizadora espera comprar cartera por $3 billones. Pero como dice el Ministro de Hacienda, "la titularización es solo una solución a mediano plazo. Es necesario tomar medidas ahora para solucionar los problemas, pues no solo afectan la parte financiera".



La situación

El sector financiero de hoy es más fuerte patrimonialmente que el de hace un año: los activos improductivos cayeron el 7,5% en los últimos 12 meses.



La posibilidad de enfrentar una crisis de grandes proporciones existe, pero es remota.



El gobierno ha reducido su participación en el sector y ha anunciado que venderá Bancafé y Granahorrar, aunque el futuro de esta última no es claro.



Lo que está pendiente



Faltan esfuerzos de capitalización por $5,7 billones.



Los propietarios no se deciden a inyectar recursos, porque el futuro del negocio no está definido y porque su ejercicio no muestra buenos resultados todavía. Quieren crédito del gobierno.







La nueva estructura de poder



No fue fácil para los banqueros negociar durante dos años con el entonces Ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo; la Superintendente Bancaria, Sara Ordóñez, y el director de Fogafin, Jorge Castellanos. Este último acaba de ser relevado en el cargo y así se completó la renovación del equipo económico a cargo de las decisiones del sistema financiero. Por las políticas más recientes es posible ver una línea más flexible en el nuevo grupo: en solo dos meses se revisó al alza la tasa de usura y se eliminó el requerimiento de provisionar por coeficiente de riesgo, entre otros. La pelea ahora será por la financiación que necesita la banca hipotecaria para fortalecerse patrimonialmente, aspecto en el que han insistido por meses los propietarios de estas entidades. Falta ver si el gobierno finalmente da su brazo a torcer y les financia la capitalización.



Difícil vender así



La piedra en el zapato del proceso de fortalecimiento patrimonial del sector financiero son las entidades con cartera hipotecaria. Sin embargo, dentro de ellas la que más preocupa al gobierno es la estatal, Granahorrar. Oficializada a finales de 1998 y reforzada con activos productivos y pasivos del público del BCH a comienzos de este año, la entidad aún no completa su saneamiento. Solo entre septiembre de 1999 y septiembre de 2000, Granahorrar vio crecer su cartera vencida 71% y los bienes recibidos en pago 55%. La incertidumbre sobre el negocio del crédito de vivienda tiene suspendido el saneamiento, que si se realizara hoy costaría $550.000 millones, y mantiene muy remota la posibilidad de venderla, como estaba programado, durante el 2001.



La cartera se descuelga en 1998 y no se recupera.Los esfuerzos de saneamiento detienen la tendencia creciente de los activos improductivos.



Se frena la exposición del patrimonio, pero en la banca hipotecaria.Los depósitos de la banca comercial se incrementan y los de la hipotecaria caen.



Las provisiones suben durante el 2000.Y el monto en rojo se reduce, pero continúa.
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