| 2/11/1998 12:00:00 AM

A contar los riesgos

El Valor en Riesgo (VaR) es el método que hoy emplean los mayores bancos del mundo para medir su exposición financiera. En Colombia comienza a usarse.

El Valor en Riesgo está de moda. La Reserva Federal de Estados Unidos ha comenzado a fijar el capital mínimo exigido a las entidades financieras de ese país con la metodología de Valor en Riesgo. La Unión Europea está avanzando en el mismo sentido. La Securities and Exchange Commission (SEC) de Estados Unidos va a pedir mediciones de Valor en Riesgo sobre operaciones con derivados a las empresas transadas en bolsa. Y en Colombia, la Superintendencia Bancaria está evaluando la idea de definir capitales mínimos en el sistema financiero para seguir este método.



Pero el Valor en Riesgo (VaR) es un tema que se conoce poco en nuestro país, incluso en las propias entidades financieras. Recientemente estas instituciones han empezado a apreciar las ventajas del VaR, no solamente como una manera de identificar el riesgo al que están expuestas, sino como una disciplina de administración.



Dígame mi riesgo

¿Qué es el Valor en Riesgo? En síntesis, es una forma de expresar el riesgo al que está expuesta una entidad en un período determinado. El VaR le permitiría al presidente de un banco explicarle a su junta la exposición al riesgo de la entidad en una frase como ésta: "Durante la jornada de mañana hay una probabilidad en cien de que perdamos $1.000 millones. Decidan".



La utilidad de una expresión sintética como ésta no se puede subestimar. Es un concepto sencillo que puede ser entendido por todos los niveles de la administración. Los accionistas y la junta directiva no necesitan conocimiento técnico para decidir si pueden convivir con la situación o si preferirían cambiarla.



Una entidad financiera está involucrada en un día cualquiera en cientos de operaciones, con una enorme variedad de instrumentos de captación y colocación, plazos de maduración, monedas y tasas de interés. La complejidad se multiplica exponencialmente cuando se introducen instrumentos modernos como futuros, opciones, swaps y otros derivados.



Una administración sensata busca que sus riesgos se muevan en sentidos diferentes. Por ejemplo, si se endeudara en dólares, buscaría tener también algunas inversiones en pesos, para limitar sus pérdidas en caso de una devaluación. Sin embargo, en una entidad grande es fácil perder de vista la magnitud total del riesgo que se corre y la capacidad real con que se cuenta para limitar pérdidas en el caso de un evento inesperado.



Es aquí donde entra el VaR. La medida expresa, en dinero, para un período y un nivel de probabilidad determinados, cuánto podría perder una entidad financiera con la estrategia que está siguiendo. El dato final parece sencillo, pero para llegar a él es necesario utilizar estadística avanzada para entender cómo unas operaciones compensan los riesgos de otras. El método permite, además, hacer rápidamente análisis de sensibilidad para establecer cómo mejoraría o empeoraría la posición ante cambios en la estrategia.



El ejercicio no es simplemente académico, sino que tiene importantes implicaciones prácticas. Según la reglamentación adoptada por la Reserva Federal, Fed, por ejemplo, una entidad financiera debe respaldar cerca del 29% de su medida de VaR con capital pagado y utilidades retenidas.



La Fed obliga a las entidades a presentar trimestralmente una evaluación de efectividad de su modelo de VaR. Tienen que comparar las ganancias o pérdidas reales de su gestión con las que había anticipado su propio modelo, al 99% de probabilidad. En la evaluación se toman los movimientos diarios durante cada uno de los 250 días hábiles precedentes. Cada entidad debe identificar el número de días en los cuales las pérdidas fueron superiores al número producido por el modelo. Si este número es mayor que 10, el VaR considerado por la Fed se eleva en 33% y se incrementa correspondientemente el valor del capital propio exigido al banco.



Pero... ¿sirve?

El uso del VaR se está extendiendo con rapidez. Encuestas realizadas en Estados Unidos muestran que entre el 30% y el 45% de los administradores de portafolios en entidades financieras lo utilizan para medir y administrar el riesgo en sus operaciones.



Pero el procedimiento no está libre de problemas. Se trata de una metodología intensa en estadística. La calidad de sus resultados no puede ir más allá de la calidad que tengan el diseño del modelo, los supuestos que éste emplea y los datos con los que se alimenta.



El período escogido para el análisis, por ejemplo, puede ser inapropiado para predecir el futuro inmediato. En el primer trimestre de 1997 un análisis de VaR basado en los 250 días hábiles anteriores que exige la Reserva Federal no habría podido predecir las pérdidas que generaría la crisis de las monedas asiáticas en el segundo semestre. En septiembre de 1992 tampoco habría servido para predecir el riesgo de una posición en libras esterlinas, incluso pocos días antes de que se produjera la devaluación de la libra y ésta saliera del sistema monetario europeo.



María Isabel Fadul, directora de la especialización en banca de la Universidad de los Andes



El manejo del riesgo es la esencia del negocio financiero y ésta es una nueva forma de mirarlo. Estamos acostumbrados a un sistema en el que los bancos hacen provisiones sobre los activos prestados a diferentes tipos de individuos. Pero ésa es una evaluación estática, que sólo da información cuando se cierra un balance. El VaR, en cambio, permite evaluar la situación en forma continua cada día de operación.



No se trata de manejar saldos, sino de manejar la volatilidad de una operación.





Algunos analistas han señalado incluso que la capacidad de síntesis del VaR podría entrañar más problemas que los que resuelve, pues la aparente exactitud que da un número calculado con tres decimales puede llevar a los traders a asumir riesgos demasiado grandes.



Luis Gabriel Cano y Luis Gabriel Jaramillo, Consultora FINAC



Hay grandes ventajas en la adopción de esta metodología. El principal mérito del VaR es que obliga a las entidades financieras a conocer realmente su negocio. El VaR educa a las administraciones.



Los defensores del VaR, por su parte, reconocen que éste no puede predecir situaciones que no cuentan con antecedentes en las cifras. Sin embargo, el instrumento sí habría dado la alerta en muchos casos en los que los administradores de riesgos se han excedido de los límites razonables.



El ejemplo clásico es la pérdida de US$1.600 millones que registró el condado de Orange (California) en 1994 y le llevó a la bancarrota. La pérdida ocurrió porque el administrador de las inversiones, Bob Citron, asumió riesgos inapropiados, pues invirtió en papeles de alto riesgo utilizando fondos de deuda.



Sus supervisores se lo permitieron porque Citron había obtenido rentabilidades sobresalientes en el pasado. Pero de acuerdo con Phillipe Jorion, uno de los grandes impulsores del uso del VaR, el desastre de Orange se hubiera podido evitar. La metodología habría revelado que existía un 5% de probabilidad de que el condado perdiera por lo menos US$1.100 millones con la estrategia de inversión de Citron. Si los ciudadanos del condado hubieran evaluado la situación a la luz de esta información, probablemente le habrían exigido un cambio en su política financiera.



Hay que prepararse

La adopción de una metodología de Valor en Riesgo implica un esfuerzo sustancial para cualquier entidad financiera. Pero el primer paso es cambiar la actitud tradicional de los administradores y reguladores respecto a lo que es la esencia del negocio financiero. "El manejo del riesgo es la esencia del negocio financiero y ésta es una nueva forma de mirarlo", dice María Isabel Fadul, directora de la especialización en banca de la Universidad de los Andes. "Estamos acostumbrados a un sistema en el que los bancos hacen provisiones sobre los activos prestados a diferentes tipos de individuos. Pero ésa es una evaluación estática, que sólo da información cuando se cierra un balance. El VaR, en cambio, permite evaluar la situación en forma continua cada día de operación. No se trata de manejar saldos, sino de manejar la volatilidad de una operación". Fadul dirigió el desarrollo de un modelo de VaR para el mercado financiero colombiano, en el cual las principales tasas no se acomodan a los supuestos de distribución normal que son comunes en otras latitudes.



Por su parte, Luis Gabriel Jaramillo, de Finac, una firma consultora especializada en el tema, ve grandes ventajas en la adopción de la metodología. "La verdadera ventaja del VaR es que obliga a las entidades financieras a conocer realmente su negocio. El VaR educa a las administraciones".



La adopción del VaR implica inversiones y cambios en la organización. La Fed, por ejemplo, exige la creación de una unidad de control de riesgos que reporte directamente al más alto nivel de la administración. Esta unidad debe producir evaluaciones periódicas del modelo, revisar la idoneidad de las cifras y hacer "pruebas de esfuerzo" en las que se identifiquen las situaciones límite que la entidad podría soportar en un momento dado. La unidad debe contar con plena autonomía frente a quienes toman las decisiones de inversión en los mercados. Y las juntas directivas de las entidades deben asumir un papel de liderazgo en la la aplicación del sistema, pues llevan la mayor responsabilidad en el manejo de riesgo de la entidad.
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