| 8/8/2003 12:00:00 AM

A administrar el riesgo

El sector financiero ha avanzado en la identificación y medición del riesgo. Pero aún falta camino para que lo gestione y sea base de sus cálculos de requerimientos de capital.

Las entidades del sector financiero son tal vez las que mejor deberían conocer el comportamiento de sus clientes, pues esta es la única manera de conocer el riesgo que enfrentan y administrarlo. Saber quiénes son los individuos y empresas que solicitan créditos, qué hacen, cuánto ganan, en qué gastan, cuánto ahorran y qué deben parece una labor de rutina del sector. Sin embargo, hasta hace año y medio, la mayoría de las entidades no contaba con un conocimiento sistemático e integral del conjunto de sus clientes. Tenían muchos datos dispersos o simplemente archivados en carpetas, pero poca información sistematizada. De ahí que la obligación de implementar el Sistema de Administración de Riesgo de Crédito, SARC, se constituya en uno de los mayores aportes para el sector financiero, ya que con él finalmente podrán reconstruir información y crear bases de datos históricas.

El SARC se enmarca en los mandatos de Basilea II que tratan de cambiar la forma de hacer el negocio bancario en todos los niveles, virando la cultura hacia el autocontrol y buscando una mayor proactividad. Además, prepara a las entidades para estimar sus requerimientos de capital con base en una visión integral del riesgo.

Para la implementación del SARC, cada entidad está desarrollando su propio modelo y tendrá plazo hasta diciembre de este año para terminarlo o mejorarlo. Durante 2004, las entidades probarán la efectividad de los mismos para medir el riesgo de crédito, es decir, la posibilidad de incumplimiento de un deudor. Así, desde un comienzo, podrán cuantificar el riesgo esperado de una operación de crédito, conociendo su rentabilidad real y anticipando pérdidas, al igual que provisionarlo. Hoy las provisiones son el resultado del deterioro observado de la cartera.



Lecciones

Aunque la implementación de un esquema como el SARC empezó con temor y críticas ante los audaces planteamientos de la Superintendencia Bancaria, el proceso ha sido enriquecedor. Este ha sido un período en el que entidades y regulador han interactuado constantemente y se han comprometido. Adicionalmente, a medida que ha ido avanzando el proceso de implementación del SARC, el cual consta de tres fases, las entidades han ido aprendiendo a conocer y entender mejor el riesgo. Como dijo un conferencista en el seminario sobre Riesgo de Crédito, que tuvo lugar recientemente en Cartagena, "el riesgo trae oportunidades y, por tanto, es importante conocerlo para administrarlo".

"El sector ha respondido rápida y eficazmente a toda esta normatividad", afirma Patricia Cárdenas, presidente de Asobancaria. "El objetivo buscado de mayor autocontrol supone un fuerte cambio cultural que las entidades están asumiendo de un modo consciente y responsable".

La fase I, que prácticamente todas las entidades cumplieron, se concentró en la revisión, ajuste y recopilación de las políticas de riesgo (definir el nivel de riesgo que esperan tener y el camino para lograrlo). Esto trajo uno de los mayores logros del proceso, pues obligó a las entidades a repensarse, a mirar hacia adentro y formalizar un mayor conocimiento de su negocio del que tenían. En muchas entidades se produjeron ajustes de estructuras y cargos, y se crearon áreas independientes de riesgo que están pensando en temas fundamentales para el negocio.

En la fase II, la cual está siendo evaluada por la Superintendencia Bancaria, las entidades tuvieron que concluir el proceso de reconstrucción histórica e implantación de los sistemas de información y programas informáticos (modelos) necesarios para la adecuada medición del riesgo de crédito.

El reto no ha sido sencillo. El sector ha tenido que invertir cuantiosos recursos en la sistematización, rediseño y ajuste de procesos pues en prácticamente todas las entidades, la información no estaba como se requería.

Además, las entidades han hecho importantes inversiones en capacitación de personal y consultoría. Sin embargo, dimensionar los recursos en dinero, tiempo y personal que ha requerido el SARC no es fácil pues en estos procesos se ha involucrado a toda la organización.

Por esto, la extensión del plazo hasta diciembre de 2003 para la Fase III (iniciar el cálculo de las pérdidas esperadas aplicando los modelos desarrollados) es una medida prudente, pues no hay que correr con el tema.

Aunque muchas entidades dijeron estar listas para arrancar en los plazos previstos inicialmente con sus modelos, el mayor tiempo sirve para "calibrarlos" y mejorarlos. Por ejemplo, incluir variables de comportamiento y cualitativas (acumular experiencia) que en países desarrollados han demostrado tener un gran poder predictivo.

El mayor plazo beneficia a entidades pequeñas que, debido a que tienen una menor muestra para desarrollar modelos detallados, pueden tener serias desventajas competitivas, frente a bancos extranjeros como el Citibank o el BBVA que tenían un camino recorrido por la experiencia de sus casas matrices.

Este plazo también le sirve a la Superintendencia Bancaria que, si bien ha hecho un esfuerzo monumental, tendrá el enorme reto de validar la capacidad predictiva (pruebas de back testing y estrés) y solidez estadística (selección de variables y definición del modelo) de todos los modelos de medición del riesgo y su coherencia con las políticas de cada entidad.

Esto requerirá transformar al inspector bancario en un supervisor con alta capacidad técnica mediante procesos amplios y permanentes de capacitación interna.

Las firmas auditoras y de revisoría fiscal deberán desarrollar también esta capacidad. En definitiva, el sector financiero hoy tiene mejor información y gente mejor preparada hablando un mismo lenguaje que hace año y medio. El conocimiento del país en el tema del riesgo ha aumentado considerablemente. No obstante todos estos importantes logros, aún falta un largo camino por recorrer.



Desafíos

Hasta ahora, el sector financiero tiene un sistema de identificación de riesgos, lo cual es un excelente comienzo. El SARC va más allá, es todo un sistema de gestión. El desarrollo de un verdadero SARC tomará de 2 a 5 años más. Según Ignacio Durán, consultor de McKinsey, "lo mejor es que lo mejor aún no se ha dado. Ya se hizo lo difícil, que fue reconstruir la información; pero hay que seguir avanzando y llevarlo más allá comenzando a definir políticas asociadas al nivel de riesgo de los clientes".

De hecho, en algunas entidades ya hay sistemas de credit scoring, rating (sistemas de puntaje) y algunas entidades dijeron haber comenzado a realizar estrategias comerciales con base en el SARC pues ya tienen bien segmentada su cartera. Pero este proceso hay que profundizarlo para que el SARC sea una herramienta de administración de riesgo. Con ella, las entidades financieras podrán tratar la cartera como un portafolio (establecer efectos de covarianza), utilizarla para fijar precios (darles a clientes menos riesgosos mejores tasas de interés), hacer una cobranza preventiva y diseñar políticas de garantías (actuar más sobre los malos clientes). Esto es, enfocar los recursos.

Pero incluso algunos expertos ya hablan de abrir caminos para llegar al mercado de capitales con titularizaciones y derivativos de crédito.

Para esto hay que seguir desarrollando los modelos pues cada vez habrá mejor información. El SARC no es un proceso estático.

Además, como la misma Superintendencia Bancaria ha advertido, el SARC es un escalón para estimar cálculos de requerimientos de capital. Esto es, acercarse a Basilea II y buscar un manejo integral del riesgo -mercado, crédito y operativo- pues el capital de un banco está para responder a todos estos riesgos.

Cálculos preliminares para el país, realizados por la Superintendencia Bancaria, indican que con un modelo estándar -que será el utilizado por las entidades que resulten objetadas durante este período- se podrían requerir muy importantes incrementos de capital, explica Ricardo León, director técnico de la Superintendencia Bancaria.

Iniciar esta discusión sobre el capital requerido que traerá Basilea II a largo plazo les pone un norte a cuestionamientos que se venían presentando en el sector sobre efectos de la implantación del SARC en materia de provisiones. Algunas estimaciones iniciales de varias entidades indicaban que estas podrían ser menores a las actuales por efecto de la diversificación. Esto generó temor entre los intermediarios, por la posibilidad de que ante este hecho la Superbancaria diera un reversazo en materia legislativa. Al respecto, Jorge Pinzón, superintendente bancario, aclaró que solo se permitirá la entrada en vigencia del SARC una vez se establezca que la estabilidad del sector no se pone en riesgo. "La desregulación no significa no regular", afirma.

En los próximos meses, la Superbancaria emitirá circulares para definir las pruebas que realizará y algunos elementos que deben incorporarse en los modelos, como las provisiones anticíclicas, las condiciones de cesación de pagos o default (momento en que se considera que un crédito no va a ser pagado) y bajo qué parámetros se hará la homologación de las calificaciones de las diferentes entidades.

El sector financiero y el regulador tienen un norte definido. Están conscientes del enorme reto que tienen hacia delante y que deben trabajar conjuntamente. Es grato que en un proceso que comenzó por imposición estatal hoy sean las mismas entidades las que estén jalonando y logrando la implantación de una cultura de medición del riesgo en el sector financiero colombiano.
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