| 6/22/2001 12:00:00 AM

La cultura del EVA

La cultura del EVA
El éxito de las empresas de hoy no solo depende de su competitividad comercial (ventas) y operativa (márgenes), sino también de su habilidad para competir por recursos de capital. Pero dicha capacidad ya no depende de las conexiones del presidente de la compañía, sino de la capacidad para generar valor.



La cultura del EVA es la respuesta a mercados de capitales cada vez más competitivos. La desregulación, las privatizaciones, la conformación de bloques comerciales y, en general, la globalización obligan a las empresas a buscar esquemas de administración menos políticos y más capaces de generar valor, para así retener a los inversionistas.



La suma de estos fenómenos ha creado el escenario propicio para el fortalecimiento de la cultura de inversión en acciones en el mundo. Las nuevas generaciones de trabajadores, conscientes de que en el largo plazo pueden obtener mejores retornos en el mercado accionario, han generado la "gasolina" que sostiene lo que ha sido el más largo "bullish market" de la historia. En los 80, el fenómeno de la privatización de los fondos de pensiones y, con él, la aparición de inversionistas institucionales fortalecieron aún más los mercados de capitales con liquidez y exigencia.



En este nuevo escenario, el mensaje es claro: el capital ha adquirido un grado de movilidad sin precedentes. La eliminación de controles de cambios y la modernización de las bolsas de valores hacen que las opciones de los inversionistas sean mayores y más accesibles. Los inversionistas son cada vez más sofisticados, más leales a sus buenas inversiones y menos a sus sentimientos patriotas o a sus visiones sobre el desarrollo.



El simple sentido común indica que las empresas que se preocupen por generar sistemáticamente un retorno competitivo, podrán asegurar su crecimiento. La fuerte correlación (70%) existente entre el valor de mercado de las empresas y su EVA, enfrentada con una del 27% entre el valor de mercado y las utilidades de las compañías indica claramente que los inversionistas van tras las compañías que generan retornos competitivos, y no necesariamente utilidades. En el ranking de las 1.000 empresas publicado anualmente por Stern Stewart & Co. encontramos casos tan ilustrativos como General Motors, primero en ventas y puesto 102 en creación de valor de mercado.



Colombia, con un mercado de valores poco desarrollado, no ha logrado aprovechar el nuevo panorama. Sin embargo, la evolución de los mercados internacionales de capital ha despertado la conciencia sobre el costo de oportunidad de los recursos. Si antes un inversionista colombiano quería invertir en el negocio de bebidas, no tenía otra opción que invertir en acciones de Bavaria. Hoy, el mercado le ofrece una lista amplia e interesante de inversiones en compañías de bebidas alcohólicas, no alcohólicas, multinacionales, diversificadas...



La competencia por sus recursos es cada día mayor. Esto impone la necesidad de la disciplina EVA, tanto para gerentes como accionistas. Para los primeros, porque los accionistas mantendrán los niveles de inversiones solamente si en el mediano plazo pueden obtener retornos que cubran sus costos de oportunidad. Para los accionistas, pues en la medida en que direccionen sus empresas en la senda del valor, lograrán hacerlas más atractivas para nuevos socios estratégicos.



El mensaje que un análisis EVA quiere reforzar es la necesidad de implementar sistemas gerenciales que direccionen a los gerentes y empleados a pensar y actuar como inversionistas. En época de vacas flacas, el reto es agilizar y racionalizar el uso del capital ya invertido para retener los recursos y retornar un costo de capital. Las épocas cuando el cheque del salario llegaba sin importar cómo le fuera al socio paternalista se deben acabar. Un mercado de capitales internacional, hambriento de recursos, hace que la prioridad de la gestión de los gerentes colombianos se vuelque de nuevo hacia aquellos que han hecho posible su existencia: sus accionistas.
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