| 3/8/2002 12:00:00 AM

Entrevista con Antanas Mockus: Momento de decisión

Entrevista con Antanas Mockus: Momento de decisión
Momento de decisión



En los últimos cuatro años

, Bogotá logró dar el salto en patrimonio público e inversión social, pero ahora faltan recursos para continuar avanzando. Dinero habló con el alcalde Antanas Mockus sobre los progresos de la ciudad, su relación con la competitividad y los beneficios para el sector privado. El alcalde explica por qué es urgente aprobar una reforma tributaria y descapitalizar Codensa y habla sobre las relaciones con el sector privado y el Concejo. El diagnóstico es que Bogotá necesita que sus ciudadanos aporten más para mantener los logros y continuar construyendo una ciudad que dé ejemplo de desarrollo y paz al país.



¿Qué ha hecho Bogotá para mejorar su competitividad y productividad?



La construcción de condiciones de competitividad exige que los gobiernos locales se conviertan en los que luchan por atraer inversión en colaboración con el sector privado. Bogotá logró ahorrar y administrar juiciosamente su patrimonio. Con estos recursos se hizo un gasto público por una sola vez. Y ahora debemos asumir muy seriamente las consecuencias de esta visión de ciudad. Cabe destacar que Bogotá tiene ahora más capacidad de ejecución de políticas y obras.



¿Fue excesivo el ritmo de inversiones que hizo Bogotá?



Sigo pensando que la ciudad hizo bien en realizar esas inversiones, porque le demostró al país que sí es posible hacer lo que yo llamo la canasta óptima entre inversión pública e inversión privada. Pero es obvio que nos metimos en una situación que tiene cierto riesgo pedagógico al quedar malacostumbrados y tener acción estatal, digamos, de "gorra", es decir, no porque la gente tributó más, sino porque se usaron unos ahorros históricos. Entonces, la gente puede querer más de eso y de eso no hay más. En términos puramente económicos, no invertir en operar o en mantener sería desinvertir. Sería echar a la caneca lo que se gastó.



¿Cuáles son los motivos por los cuales se requieren los recursos de la reforma tributaria?



Los recursos con que cuenta la administración central ni siquiera son suficientes para el mantenimiento y/o rehabilitación de la infraestructura física y del capital social con que cuenta el Distrito (colegios, parques, etc.). Nuestro gasto obligatorio o recurrente y los ingresos corrientes ya no cuadran y estamos pagando algunos gastos recurrentes con recursos de capital. Además, desde hace 5 años no se ha modificado en nada la tributación, mientras Bogotá crece más o menos 170.000 personas al año, de las cuales 40.000 son desplazados. Tengamos en cuenta, además, que, en promedio, una mujer desplazada tiene 5,2 hijos a su cargo y que la tasa de natalidad es mayor en los estratos 1 y 2. Nosotros también hemos argumentado que hay necesidades que tienen un costo social muy alto y que no son aplazables. Por ejemplo, creemos que un cupo educativo no es aplazable, porque el niño pierde capacidad de aprendizaje. El gasto social generalmente es inaplazable, porque el costo social de no hacerlo es demasiado alto.



También hay que tener en cuenta que de cada $100 de impuestos que pagan los bogotanos, casi $84 se destinan al nivel nacional (por transferencias, a Bogotá le retornan $7 pesos o menos), y $14 se entregan al Distrito.



Estoy convencido de que Bogotá es hoy un laboratorio de paz, de civismo, de ciudadanía y democracia. Este laboratorio de paz, que está en construcción, cuesta plata. Solo con impuestos podemos hacer la redistribución del ingreso y la riqueza necesaria para construir justicia social.



¿Cuál es la estrategia este año para conseguir los recursos que necesita Bogotá?



Al no aprobarse la reforma tributaria, nuestro Plan B es la reducción de capital de Codensa que implicaría recursos para el Distrito por $487.000 millones. El proceso de autorización ha tomado mucho tiempo y ahora el Superintendente de Sociedades cuestionó el método de flujo de caja descontado para evaluar la empresa. Este consiste en verificar que los activos sumen 2 veces los pasivos, lo cual da en este caso 2,7. Pero creemos que este inconveniente será ahora superado toda vez que el Superintendente de Servicios Públicos avaló este método.



¿Esto sería suficiente para garantizar el ritmo de inversiones?



Si Bogotá no quiere ver reducidas sus metas, estamos obligados a hacer una reforma tributaria este año, la cual se aplicaría pronto y sin gradualización y realizar otra descapitalización pequeña de Codensa el próximo año.



¿Los bogotanos son buena paga?



El comportamiento tributario de los bogotanos es bastante serio. Las tasas de evasión son mucho más bajas y han venido bajando hace 5-6 años de un nivel de 18% a uno del 12%, según el más reciente cálculo de la Secretaría de Hacienda. En algunos impuestos, la evasión es más alta: en vehículos (14%) y en ICA (18%). En predial, la evasión es más baja, alrededor de 6%. La gente es mucho más honrada de lo que uno esperaría y aceptan la norma.



Sector privado



¿Cómo ha sido la negociación con el sector privado en torno a la reforma tributaria?



Ha sido un proceso lento en conversaciones periódicas, pero ellos han ido aceptado argumentos. Ha sido difícil, pero aceptan propuestas de la reforma tributaria como la de alumbrado público. Tienen algunas resistencias en el caso del predial y el impuesto a la industria y comercio. Han propuesto una serie de iniciativas para generar más ingresos para Bogotá. Las relaciones se han estrechado y los argumentos han calado en el Comité Intergremial.



¿Cómo definiría las relaciones con el sector privado?



Hemos pasado de una relación absolutamente precaria y aprehensiva en la cual había mucha prevención mutua, a una clara relación constructiva en la que se identifica qué decisiones del sector privado y del sector público son complementarias. Incluso, la identificación de los sectores más prometedores no es un tema de cabildeo, sino una discusión técnica.



¿Cuál considera que ha sido el aporte de las administraciones recientes al sector privado de la ciudad?



Haber convertido a Bogotá en atractiva y sinónimo de esperanza. En un país como Colombia, tiene un inmenso valor una ciudad que respira y demuestra progreso. En Bogotá, el sentido de pertenencia crece, la gente siente que las instituciones funcionan y percibe que la inversión pública es efectiva. Ahora, hay un tema interesante, la construcción colectiva de qué características debe tener la ciudad. Ahí, Jaime Castro comenzó con un plan estratégico, nosotros lo continuamos y apoyamos un paso adicional que se dio con la iniciativa de la Cámara de Comercio, que fue contratar un estudio de competitividad con Monitor. Y ahora estamos trabajando en el Consejo Regional de Competitividad y esto ha ido cualificando el enorme salto cualitativo que se ha observado.





¿Y la relación con el Concejo Distrital?



Hay que tener en cuenta que el Concejo expresa una larguísima y curiosísima tradición anti-impuestos. Uno de los logros de la política tradicional en Colombia es haber conseguido que los sectores populares odien los impuestos, aunque estos son agentes de progreso social cuando hay gasto público redistributivo. Hay que reconocer que esta actitud existe.



¿Qué les advierte a los bogotanos?



La ciudad debe estar consciente de que proyectos tan ambiciosos como resolver todo el problema de El Cartucho, un lugar que combinaba economías de subsistencia y un ghetto natural terrible con 600 a 1.000 personas, tiene un precio. La mayoría de ellas ya ha sido absorbida por el sistema de atención social y tendremos que sostener las últimas 200. Pero no tenerlas tiradas en una calle es un enorme paso adelante en términos de dignidad humana. Al año, esto cuesta mucho. La ciudad debería estar orgullosa de este avance ya que superamos una fase de indignidad extrema.



Y para terminar, una pregunta política. En la medida en que Alvaro Uribe sube en las encuestas, se han producido deslizamientos de serpistas en el Concejo de Bogotá. Ahora solo quedan 25 de 42. ¿Usted qué opina?



Eso me recuerda un chiste soviético sobre el colmo de la buena educación entre camaleones y es cerrar los ojos mientras el otro cambia de color.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.