| 3/6/2009 12:00:00 AM

Agrandar la base de la pirámide

Alianzas entre gremios, empresas, gobiernos locales, universidades y centros de investigación han permitido diseñar más de 100 programas de educación técnica y tecnológica, acordes con los requerimientos de las regiones.

Agrandar la base de la pirámide
La formación técnica y tecnológica se presenta como una gran oportunidad para alcanzar altos niveles de desarrollo porque conecta a los estudiantes con el mundo laboral, facilita la interacción con las vocaciones productivas de las zonas de influencia de las instituciones y ofrece capital humano con las competencias específicas que requiere el sector empresarial.

Se trata de la base de la pirámide educacional que, al igual como acontece en la punta, donde están los doctores, los investigadores y los que ocupan cargos de alta gerencia, requiere de capital humano para responder a las necesidades de crecimiento del aparato productivo del país. Por eso la meta del Gobierno es que en 2010, el 34% de los estudiantes que cursen estudios superiores en el país estén matriculados en programas técnicos y tecnológicos. En 2002 esa proporción era tan solo del 10% y pasó a 25,7% en 2006.

Según el viceministro de Educación Superior, Gabriel Burgos, la estructura actual de la oferta en educación superior no refleja las necesidades de la economía porque la mayoría de los bachilleres se matricula en programas universitarios, donde la deserción asciende a cerca del 50%, lo que ha conducido a una pirámide educacional con una estructura que no concuerda con la pirámide ocupacional.

“Para contribuir con estas metas y respondiendo a la política de pertinencia, se ha venido adelantando el proyecto Fortalecimiento a la Educación Técnica y Tecnológica en Colombia, cuyas acciones están encaminadas a fomentar su transformación, de manera que se aseguren ambientes de aprendizajes de calidad, con capacidad de innovación y con impacto directo sobre el desarrollo de sectores considerados estratégicos para el país”, sostiene Burgos.

Suma de esfuerzos

Uno de los componentes del proyecto consiste en la conformación de alianzas estratégicas entre gremios, empresas, gobiernos regionales, instituciones de educación media y superior, cajas de compensación familiar y centros de investigación y desarrollo, entre otros. Las alianzas definen las necesidades de formación técnica y tecnológica y diseñan programas para responder a los requerimientos de un determinado sector económico y estratégico para el desarrollo del país o de una región específica.

Esto ha permitido que en los últimos tres años se hayan creado 36 alianzas estratégicas en 71 municipios de 25 departamentos, con la participación de 93 gremios o asociaciones, 129 empresas, 18 centros de desarrollo, innovación o investigación, 60 instituciones de educación superior y 372 colegios de bachillerato.

De esta manera, en el último año se registraron 119 programas (79 en modalidad presencial, 31 a distancia y 9 virtuales), de los cuales 67 corresponden a un nivel técnico profesional y 52 al tecnológico. Además, otros 100 se encuentran en proceso de revisión. Para el presente año se tiene previsto que más de 210 programas desarrollados por las alianzas cuenten con registro calificado.

Dichos programas están orientados a responder a requerimientos de sectores como la agroindustria, industria y manufactura, servicios, biotecnología y medio ambiente, entre otros.

La presidente de la Asociación Colombiana de Instituciones de Educación Tecnológica, María Consuelo Moreno, sostiene que su gremio, que congrega 70 instituciones, fue un actor importante de integración de este proceso que convocó a los diferentes sectores para articularlos con la educación tecnológica. “Todos han ido entendiendo la importancia y pertinencia de esta formación superior. El aporte multidisciplinario le ha dado un valor agregado que no tenía y que hemos sabido aprovechar en beneficio de nuestros estudiantes y de los sectores productivos de las regiones y del país”, sostiene.

Sin embargo, la dirigente gremial considera que los esfuerzos no se ven reflejados en el todavía escaso reconocimiento que se le da hoy en día a la formación técnica y tecnológica en el campo laboral. Sostiene que, por ejemplo, el Departamento de la Función Pública lo sigue categorizando en el mismo escalafón de las personas que no han obtenido educación superior.

En este sentido, el vicerrector de la Universidad del Rosario, José Manuel Restrepo, advierte que el país tiene que empezar a dignificar la importancia de la educación técnica y tecnológica. “Se ha trabajado en este frente pero aún falta mucho para fortalecer este componente. Hay que reconocer la diversidad del sistema y el valor que tiene cada parte para la sociedad. No podemos seguir pensando que el paradigma son las universidades. Hay instituciones que en su campo pueden ser mejores que muchas universidades”.

Mientras tanto se siguen implementando novedosos modelos para extender la formación de técnicos, tecnólogos y especialistas, como el que está llevando a cabo el Politécnico Colombiano en asocio con Whitney International University System. Se trata de Educación Distribuida, un sistema de enseñanza que, basado en internet y tecnología satelital, adopta y resume las ventajas de la educación presencial y de la educación a distancia. De esta manera se le está llevando, a un menor costo, formación superior a 1.700 estudiantes, mediante 32 centros locales de aprendizaje ubicados en 18 departamentos.
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