| 1/23/2009 12:00:00 AM

Zonas francas: en busca de lo diferente

Los proyectos de zonas francas permanentes buscan nuevas estrategias para llegar a sus usuarios y diferenciarse de los competidores.

El auge en la creación de zonas francas permanentes está llevando a los promotores de los nuevos proyectos a buscar diversas estrategias para llegar hasta sus potenciales compradores. La generación de clusters, la cercanía con vías de comunicación y zonas urbanas, la infraestructura y el costo por metro cuadrado son algunos de los beneficios que promueven entre sus usuarios.

Desde la aprobación de la Ley 1004, que simplifica el régimen de las zonas francas como instrumento para generar inversión y empleo, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo ha aprobado 40 proyectos entre especiales y permanentes. Las especiales se entregan a empresas individuales cuyas nuevas inversiones tengan un alto impacto económico o social. Por su parte, las zonas francas permanentes consisten en parques industriales donde se instalan varias empresas que gozan de un tratamiento tributario y aduanero especial. En este caso, cada proyecto debe tener un área mínima de 20 hectáreas y, en los cinco años siguientes a su declaración, contar con al menos cinco empresas establecidas que hayan realizado inversiones superiores a US$11,7 millones.

La gestión de las zonas permanentes está a cargo de usuarios operadores que generalmente son las mismas constructoras. Estos administradores deben acreditar un patrimonio líquido de US$5,8 millones. En la actualidad, se comercializan once nuevos proyectos, al tiempo que tres que ya funcionaban están en ampliación (Bogotá, Ríonegro y Pacífico).

Según Luis Guillermo Plata, ministro de Comercio, Industria y Turismo, los dos tipos de zonas francas son complementarios, con las especiales dirigidas a compañías grandes y las permanentes a empresas pequeñas y medianas. "Entre nuestros proyectos, el Ministerio promoverá el emprendimiento en zonas permanentes para que nuevas empresas aprovechen este potencial exportador", comenta.

Justamente, la creación de clusters es una de las estrategias que promocionan varios de estos proyectos. Por ejemplo, la zona franca permanente de La Cayena (Atlántico) ha creado una comunidad de exportadores de cerámica, o Plic S.A., en Cota (Cundinamarca) y una de empresarios interesados en temas tecnológicos y cuidado del medio ambiente.

Esta división temática ha ayudado a que los promotores de la zona franca de Las Américas (del grupo Daabon) se acerquen a compañías afines para realizar alianzas estratégicas en producción y exportación de elementos agroindustriales. Este proyecto se dirige al sector de los alimentos y la oleoquímica.

La cercanía a sistemas de comunicación o ciudades es otro de los argumentos para llegar a potenciales usuarios. Mientras zonas francas de Cundinamarca y Antioquia ofrecen la cercanía a grandes centros urbanos, propicios para abastecer al mercado interno, las ubicadas en zonas costeras tienen en los puertos marítimos su mejor aliado. "Este punto de vista logístico y de mercado es importante, pues ubicarse a 1.000 kilómetros de la costa cuando se piensa hacer operaciones marítimas, no tiene sentido", dice Gustavo Adolfo Lorenzo, senior manager de Ernst & Young.

La infraestructura también es un factor para diferenciarse de sus competidores. "Las empresas deben fijarse en la infraestructura de los parques, en especial en que cumplan con las normas ISO 1400 e ISO 9000. Una vez estén establecidas es muy difícil conseguirlas", dice Berta Cecilia Rojas, gerente de la zona franca del Pacífico.

En este sentido, Intexzona, en Funza, Cundinamarca, promociona un sistema que garantiza tiempos eficientes en ingreso y salida de mercancías, así como un centro de negocios para empresas de servicios. Por su parte, La Cayena ofrece conectividad a través de los cables submarinos de fibra óptica Panamericano, Arcos 1, Maya 1, SAM-1 y CFX-1 Columbus Networks.

En este mismo sentido, Palmaseca, Valle del Cauca, ha reforzado sus servicios de apoyo con entidades financieras, restaurantes, agencias de aduana y transportadoras, entre otros. "Apoyamos a nuestros clientes para que desarrollen su potencial y les damos los valores agregados que necesitan para sus actividades".

comenta Luz Elena González, directora de esta zona.

El costo para ingresar en cada proyecto varía según la zona donde esté, el tipo de construcción o la cercanía con puertos, carreteras y aeropuertos. Los precios oscilan entre $350.000 y $1'800.000, por metro cuadrado.

Algunos proyectos han innovado en este aspecto y además tienen áreas para arrendar, como Palmaseca, Plic S.A. o la zona franca del Pacífico, que cuenta con bodegas modulares que se acondicionan según los requerimientos de cada empresa. En este caso, los costos bajan hasta $14.500 por metro cuadrado en arriendo.

Ventajas para todos

Los analistas señalan que la tarifa única del 15% en el impuesto de renta es la mayor ventaja para las compañías que operan en zonas francas. "Los 18 puntos menos que se tributan equivalen al rango de utilidad operativa de cualquier empresa", dice Gustavo Adolfo Lorenzo.

Sin embargo, estas áreas tienen otros beneficios que sus promotores han comenzado a explotar, como la estabilidad jurídica, el procesamiento parcial o la posibilidad de vender productos en el mercado nacional.

A grandes rasgos, con los contratos de estabilidad jurídica, el Estado les garantiza a las compañías que no cambiará las condiciones en que realizan su inversión, en un periodo de entre 3 y 5 años.

Aunque estos contratos no son exclusivos de las zonas francas, sus usuarios cumplen con el único requisito para firmarlos: realizar inversiones que tengan impacto social y generen nuevos empleos. "En contraprestación por este contrato, las compañías sólo pagan un tributo equivalente al 1% de la inversión realizada", comenta el Ministro de Comercio.

La legislación de las zonas francas también permite realizar procesamiento parcial, que consiste en hacer una parte de la producción fuera de su área de influencia, antes de su distribución final.

Por ejemplo, un fabricante de champú podría hacer sus productos en la zona franca, sacarlos de allí para etiquetarlos y volver a ingresarlos para su exportación. "La empresa genera sinergias entre lo que está dentro y fuera de la zona franca. Esto significa que no debe comenzar de ceros", comenta Gustavo Adolfo Lorenzo, de Ernst & Young.

Hasta hace poco, los negocios entre una zona franca y el territorio nacional se consideraban importaciones o exportaciones, por lo cual eran regulados a través del mercado cambiario. Esta operación cambió con la resolución externa número 7 de 2008 del Banco de la República, que le dio a la operación entre la zona franca y Colombia la categoría de una venta local que se maneja en pesos.

"Esta norma tiene sentido para muchos negocios. Por ejemplo, si una empresa ubicada en una zona franca le vende ropa íntima a Carrefour o al Éxito, sería ilógico que estos almacenes nacionalizaran e hicieran el trámite cambiario cada vez que realizan un pedido", dice Gustavo Adolfo Lorenzo.

El comercio desde la zona franca y otros países se considera exportación o importación, según el caso, por lo que los usuarios deben canalizar las transacciones a través del mercado cambiario o con una cuenta de compensación.

Gracias a estos beneficios, los nuevos proyectos de zonas francas permanentes afrontan la presión de atraer la cantidad necesaria de usuarios para cumplir sus promesas de inversión y generación de empleos, al tiempo que recuperan los costos de construcción de sus instalaciones.

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