| 9/14/2007 12:00:00 AM

Y de qué agua vas a beber

Aunque Colombia no está cerca de una emergencia de abastecimiento, la calidad de sus fuentes de agua sí está en peligro. Las empresas hacen su trabajo poco a poco pero los consumidores, las pymes y las ciudades deben asumir su responsabilidad.

En el país, al menos 28 ríos principales que bañan ocho departamentos -sin contar el Magdalena, el Bogotá y el Cauca- agonizan, según reportes de las corporaciones autónomas regionales (CARs). Es decir, sus caudales pueden ser aceptables, pero la calidad de sus aguas los desahucia.

Las lagunas sufren el mismo sino. Nueve de las más importantes del país están en vías de extinción por la contaminación o porque los agricultores les han robado sus terrenos de cultivo.

Si bien en el país no se puede hablar de crisis de abastecimiento por sequía o insuficiencia de fuentes, es claro que, según datos de la Defensoría del Pueblo, 13 millones de personas no tienen agua potable por defectos de infraestructura y seis millones de estas personas están sin acueductos.

Esta situación se puede revertir en la medida en que la inversión social crezca, pero también si las fuentes de agua se conservan y aumentan, lo que significa que muchos ríos y lagunas se descontaminen por lo menos hasta el punto en que sea viable usar sus aguas, pues su potabilización puede ser costeada por las regiones.

Aguas comunes
Según el Ideam y Cecodes solo entre un 9 y un 11% de la contaminación de los ríos es responsabilidad de las empresas formales del país, que están vigiladas y deben cumplir con normativas muy severas, incluso internacionales, para poder vender sus productos en el exterior. De hecho, "el 54% del consumo de agua es responsabilidad del sector agrícola", comenta el experto Juan Mayr, ex ministro de Medio Ambiente, y cifras del Ideam y la Contraloría General dejan ver que el sector industrial se toma el 13% del total nacional de consumo.

Por eso gran parte de lo que se debe hacer en esta materia tiene que ver, por un lado, con la conciencia que los ciudadanos tengan sobre el impacto de sus costumbres al lavar, bañarse, e incluso al usar un inodoro. El ahorro es una de las principales medidas en todo el ciclo de usos y abusos del agua. "A más agua usada, quizá mayor cantidad desperdiciada, y de seguro más agua contaminada al final del ciclo", explica el ingeniero Omar Ávila, experto en gestión ambiental de Alianza Team.

Además de la cantidad que se use, también es clave lo que se le mezcla (detergentes, jabones, aceites, basura...) y los consumidores pueden ser quienes determinen con sus compras que las empresas no vendan productos contaminantes. "Es clave reconocer la importancia de la educación a los ciudadanos, y dirigir hacia ellos parte de las políticas de la empresa. Hay que educar y generar conciencia en las universidades para los futuros tomadores de decisiones sobre su uso del agua", dice Germán Fernández, responsable de comunicaciones de Bayer.

En este tema Codensa coincide con la corriente educativa y, Magda Díaz, de la unidad de medio ambiente y desarrollo sostenible, destaca que "si bien nuestro trabajo no es intensivo en uso del agua, pensamos que parte de él es cuidar el recurso, por eso impulsamos proyectos de recuperación y protección de humedales y de los planes de reforestación para tratar la problemática de cuencas".

Cauce gremial
Teniendo clara la incidencia de cada quién en el problema, al abordar la solución es indispensable manejar la ecuación de responsabilidad medioambiental y rentabilidad empresarial, porque si bien desde el ciudadano hasta la corporación deben trabajar en mermar su impacto negativo sobre su entorno —en este caso las fuentes de agua— ninguna acción en este sentido es viable y realista si frena la productividad empresarial o encarece los costos del mercado para el consumidor.

Por eso, la importancia de destacar empresas que han logrado el balance entre la conciencia ambiental y la rentabilidad del negocio, pero sobre todo, han encontrado que sus esfuerzos y su compromiso con el agua sí pagan, y les genera ahorros, eficiencias y hasta nuevos ingresos.

Para ir de lo general a lo particular, entre las iniciativas gremiales que han transformado sus sectores se destacan en el lado industrial Responsabilidad Integral en la Andi, junto a Acoplásticos y el Consejo Colombiano de Seguridad, además de las tareas de cada empresa por su parte; y en el agroindustrial, Asocaña, Cenicafé, y Asocolflores con su programa Florverde.

Asocolflores ha trabajado con los floricultores como gremio, en la búsqueda de "contrarrestar el desconocimiento de cuál era el desempeño socio ambiental del sector", dice Ernesto Veléz Koppel, presidente de la Junta Directiva de Asocolflores, "Florverde se ha convertido en una fuente de información confiable del desempeño socio-ambiental. Es un espacio de intercambio de experiencias, donde vierten las empresas líderes los casos exitosos y las buenas prácticas hacia una población cada vez más grande de empresas", comenta.
 
En el tema de agua, Florverde ha realizado una labor en el sector que se refleja en el "uso eficiente del agua para contribuir a su preservación a largo plazo, garantizar su disponibilidad, asegurar una permanente producción de flores y disminuir el impacto ambiental sobre aguas subterráneas y fuentes superficiales"; además de haber logrado, entre 1998 y 2006, que las empresas redujeran el consumo de plaguicidas en un 46%, y consolidado la administración de aguas residuales garantizando la no descarga de vertimientos con contenidos de plaguicidas a las fuentes de agua. Para completar, en la actualidad, el 50% del agua utilizada en los cultivos proviene de agua lluvia.

Por su parte, Responsabilidad Integral -RI- (iniciativa internacional de autogestión y autocontrol para preservar el medio ambiente, la seguridad y salud de los trabajadores y la protección a las personas), agrupa a "60 empresas del sector químico; la mayoría del papelero y seis empresas transportadoras que prestan sus servicios a nuestras empresas para el transporte especializado de sustancias químicas", ilustra Ana Elvira Pardo, gerente de RI Colombia.
 
En el tema específico del agua, estas acciones les han permitido reducir el consumo de agua en 41,2% en el periodo 2000-2005, el volumen total de vertimientos en 35,8% y los sólidos suspendidos totales en 51,6%, durante el mismo periodo. Estos resultados han contribuido a disminuir sobre ríos como el Bogotá, la presión por demanda de oxígeno (demanda descontaminante de una carga química y/o bioquímica contaminante, a una fuente de agua por metro cúbico) para que el agua se sane.

El trabajo de estas iniciativas en sus sectores ha sido clave en todos los niveles de impacto de una industria en las fuentes de agua; desde el uso, pasando por el re-uso y el retorno, hasta lo que su actividad suma en el punto gris de los desemboques. La infografía muestra cada uno de los puntos del ciclo de aguas y la incidencia de contaminantes en él.

Otra gran iniciativa que ha transformado a su sector de influencia es la que registra Asocaña, logrando que hoy el sector azucarero, según fuentes de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), sea el responsable de sólo el 2% del aporte total de cargas contaminantes, siendo el que menos carga contaminante arroja al río Cauca, cuando en 1977, los ingenios eran los mayores 'aportantes'.
 
"El trabajo que ha realizado el sector azucarero, no sólo corresponde a la parte de tratamiento de aguas residuales; el trabajo parte de la conservación de las cuencas hidrográficas, realizado a través de quince asociaciones de usuarios de los ríos", destaca Luis Fernando Londoño, presidente de Asocaña. Entre las actividades que se realizan en cerca de 600.000 hectáreas, y con 3.825 agricultores como usuarios del agua, se destacan: reforestación, recuperación de suelos erosionados, aislamiento de nacimientos y uso racional del agua, subraya Londoño.
 
"También se utiliza el riego por aspersión, que es la manera de entregar el agua a las plantas en forma de lluvia artificial. Este sistema contribuye a que haya menor riesgo de erosión del suelo, utilizable en suelos de mayor pendiente", comenta el líder gremial.

Los cafeteros no se quedan atrás y han transformado muchas de sus prácticas, entre las que se destaca la propuesta de Nelson Montoya, de la mano del Centro de Investigaciones de Café, Cenicafé, sobre un beneficiador de café ecológico. Según el experto, un kilo de pulpa de café con su miel le quita el oxígeno a siete galones de agua. Las investigaciones apuntan a buscar la manera de no utilizar agua en el beneficio del café, minimizando los residuos, indica Montoya.
 
Normalmente se emplean entre 40 y 50 litros del líquido para procesar un kilo de café pergamino seco; hoy en día, a partir de esta investigación, se ha llegado a utilizar medio litro de agua para beneficiar ese mismo kilo de café; lo que quiere decir que se ha bajado 100 veces el empleo del agua, disminuyendo notablemente la contaminación.
 
Además, se diseñó un equipo que le retira la miel al café en forma mecánica: "sin esta máquina, se hacía la fermentación de un día para otro por proceso enzimático, en 12 horas; ahora, con esta máquina se hace en 50 segundos a través de un proceso mecánico que consiste en un módulo de beneficio ecológico que despulpa el café, clasifica el café baba, le retira la miel al grano y lo entrega lavado y listo para colocarlo en una secadora", afirma el experto.

De distinta fuente
En agua existen muchos casos de empresas concientes que han invertido grandes sumas para cumplir con su responsabilidad ambiental. Destacamos algunas provenientes de distintas orillas.

Una de ellas es el Acueducto de Bogotá que, con su programa 'Pedagogía del Agua', liderado por la dirección de gestión comunitaria de la empresa, ha trabajado en lograr el reconocimiento y valoración del agua a través de una serie de prácticas y acciones lúdico-pedagógicas que incluyen talleres lúdicos con títeres, cartillas y maquetas interactivas y salidas pedagógicas a páramos, embalses, plantas de tratamiento de agua potable y residual, humedales y quebradas, entre otros.
 
En parte gracias a esta labor, pero sobre todo al buen trabajo técnico en los proyectos de rehabilitación de alcantarillado en la ciudad y al programa de recuperación de humedales contemplados en el Programa Santa Fe I, el Banco Mundial les otorgó el "Green Award", una distinción que anualmente entrega a todos aquellos proyectos financiados por las instituciones que demuestren las mejores prácticas, innoven e internacionalicen asuntos ambientales.

Otro ejemplo es el de la Industria Licorera de Caldas (ILC), que estructuró un programa interno de ahorro y uso eficiente del agua. "Este proyecto buscó optimizar el consumo del recurso hídrico mediante la implementación de alternativas que le apuntaran en primera instancia a la reducción en el consumo. Cambiando tecnologías con equipos de mayor eficiencia(...) [se logró] la disminución de indicadores ambientales como: litros de agua consumidos por litro de alcohol producido, o unidades envasadas por litro de agua consumida, entre otros", explica Luis Gonzalo Palacio, coordinador de gestión ambiental de la ILC.

Si bien muchas industrias vienen trabajando a diferentes niveles para mitigar su impacto en las fuentes de agua, aún es mucho lo que queda por hacer desde los gremios, el Estado, las universidades y las asociaciones de consumidores, para que los ríos dejen de ser cloacas olvidadas y sean de nuevo venas de riqueza, comunicación y belleza para nuestras ciudades.
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