| 8/6/2004 12:00:00 AM

Vuelve y juega

Bogotá es la ciudad más competitiva de Colombia y de la Comunidad Andina. Pero para serlo en América Latina necesita mejorar. Lo bueno es que para lograrlo goza del más amplio apoyo del sector público y privado quizás jamás visto.

¿Es Bogotá competitiva? La pregunta no es fácil de responder, aunque si hay una respuesta, sería: sí y no. Todo depende contra qué capitales se haga la comparación. Según un estudio elaborado por la CEPAL en 2002, Bogotá y su zona de influencia es de lejos la región más competitiva de Colombia. Por el tamaño de su economía, que representa el 22% del PIB del país, su recurso humano y su infraestructura, se ubicó por encima de Valle y Antioquia. Bogotá es también la ciudad más competitiva de la Comunidad Andina. Es la única de la zona que se ubica en los primeros 20 puestos en la evaluación anual de la unidad de inteligencia de la revista América Economía. Sin embargo, si se contrasta con otras ciudades latinoamericanas, el panorama cambia. Santiago y Buenos Aires; Sao Paulo, Curitiba y Brasilia, en Brasil y Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México, en México son las capitales de mostrar. Y he aquí el reto para Bogotá. La ambición del sector público y privado es estar entre las ciudades más competitivas de América Latina.

Entonces la pregunta relevante es: ¿qué necesita hacer Bogotá para ser verdaderamente competitiva? El recetario es largo; sin embargo, se pueden delimitar ciertos aspectos principales: cooperación ciudad región, productividad, capital humano, ciencia y tecnología e inserción en los mercados internacionales.

Bogotá necesita recuperar una mayor senda de crecimiento económico. Si bien desde 1980 crecía 3,6% promedio anual, entre 1994 y 2001 creció 2,9% en promedio. En 2002 lo hizo en 2,3%. El mayor ritmo de crecimiento es necesario para acomodar el aumento poblacional que ya se ha visto y el que se avecina. Porque a la primacía económica de Bogotá la acompaña la poblacional. Los habitantes de Bogotá y su área de influencia inmediata superan los 9 millones y equivalen el 21% de la población del país. Se estima que para 2020 serán más de 12 millones.



Cooperar o cooperar

Por esto, Bogotá necesita a Cundinamarca y viceversa. El crecimiento de la capital necesita repartirse mejor con el del departamento. Por un lado, porque la administración de la ciudad se empieza a salir de las manos, como comenta Carlos Córdoba, asesor del Departamento Administrativo de Planeación Distrital. Ambientalmente tampoco es sostenible la tendencia, dada la presión sobre el suelo y la oferta de recursos. En 2010 el suelo bogotano apto para la construcción estará en una saturación del 92% y se requerirá el espacio equivalente a 1,5 veces el municipio de Soacha o 120.000 viviendas. Según un documento del Consejo de Política Económica y Social, Conpes, de diciembre 2003, si se mantienen las actuales tendencias de uso de los recursos naturales, no se podrán satisfacer las demandas de calidad de vida de la población en términos competitivos. Por último, con una tasa de desempleo de 17%, una de las más altas del país, y una creciente informalidad, Bogotá necesita crear más puestos de trabajo por fuera de ella.

En cuanto a productividad, Bogotá y Cundinamarca también se pueden ayudar. El sector agropecuario de Cundinamarca representa alrededor del 30% del PIB del departamento. Por su parte, la industria de Bogotá es el único sector, aparte del de servicios, con un peso importante en la economía capitalina al representar alrededor del 15% de su PIB. Además, Bogotá tiene una de las bases industriales más diversificadas del país. La Cámara de Comercio de Bogotá y el Departamento de Planeación Distrital adelantan la conformación de varias cadenas productivas agroindustriales y agroalimentarias. Otros gremios, como Acopi, también auspician minicadenas productivas en todo el país.

El aprovechamiento de sinergias es bienvenido, dado que para alcanzar una mayor competitividad, la productividad es el paso previo y en este último aspecto Bogotá tiene que mejorar considerablemente. Según un estudio de la Secretaría de Hacienda de Bogotá, si bien la productividad de la industria bogotana es una de las más altas del país, crece lentamente y en ciertos casos decrece. En los 90, la productividad laboral promedio creció apenas 1,37% y la del capital cayó 2,29%. Por su parte, la productividad total de los factores de producción, o la manera en que todos se conjugan en el producto final, decreció 1,4% entre 1976 y 2002.

Los bajos niveles de productividad son algo sorprendentes, pues en aspectos como capital humano y tecnología Bogotá es líder en el país. Todo lo cual indica que todavía hay camino por recorrer. La calidad del capital humano por lo general se piensa que es relativamente alta.

Según el más reciente informe para Colombia de desarrollo humano de la ONU, Bogotá ocupó el primer lugar en el país en cuanto al desarrollo del capital humano. La ciudad también ha mejorado sustancialmente sus indicadores de escolaridad. Y como dice John Karakatsianis, gerente de la ANDI Bogotá, "el ejecutivo colombiano es altamente apreciado en el mercado nivel internacional, lo que falta es lograr que se quede en Bogotá".

A pesar de esto, el factor humano bogotano todavía necesita más desarrollo, más aún porque la región tiene escasas ventajas en costos, mano de obra y escalas de producción, y si se quiere especializar en la exportación de servicios, que representan alrededor del 70% de su economía. Según la más reciente Encuesta de Calidad de Vida de Bogotá, solo el 4,5% de la población mayor de 12 años recibe cursos de capacitación para el trabajo y solo el 10% terminó cursos de capacitación. Por otro lado, la misma encuesta muestra que los años promedio de educación para personas de 5 años en adelante es de 9 años, cuando para otros países de la región es de 12. Solo el 20% de esta población tiene estudios universitarios o de posgrado.



Ciencia y tecnología

Según la CEPAL, en ciencia y tecnología, Bogotá de nuevo se ubica en el primer lugar. Detrás de Caldas, la capital tiene cerca de 20 centros de desarrollo tecnológico y un Comité Regional de Ciencia y Tecnología de Cundinamarca. Más aún, la industria bogotana ha mejorado en estos temas. Entre 1996 y 2002, las exportaciones intensivas en capital y tecnología representaron el 70% de las totales, cuando entre 1984 y 1990 eran solo el 30%.

A pesar de eso, haría falta mucho trabajo para que estas instituciones puedan irrigar conocimientos al sector privado. Según la CCB, solo el 6% de sus entidades realizó actividades de investigación y desarrollo. Más aún, la capacidad de innovación de la capital colombiana es baja y entre 13 ciudades latinoamericanas, Bogotá está por debajo de capitales como Santiago de Chile y Ciudad de México.

El sector público y el privado han entendido que sin política de tecnología no hay competitividad. La nueva administración de Bogotá ha propuesto incentivos tributarios para empresas de conocimiento y mejoras en la calidad educativa. Asimismo, esta administración invertirá el 1% de las ventas anuales de Colombia Móvil para innovar en tecnologías informáticas. Por su parte, la CCB adelanta la Agenda Regional de Ciencia, Tecnología e Innovación para Bogotá y Cundinamarca un proyecto de $1.150 millones.

Por último, es comúnmente aceptado que una región competitiva está insertada en el comercio exterior. Sin embargo, Bogotá difícilmente se ha vinculado a él. Quizás por su dificultad de acceso a los puertos de Buenaventura y Santa Marta o por el tamaño y la capacidad de compra de su mercado interno, la ciudad poco exporta.

Según el Ministerio de Comercio Exterior, sus exportaciones per cápita no tradicionales, excluyendo café, petróleo, carbón y ferroníquel, sumaron apenas US$20 entre 1995 y 2002, mientras que las de Colombia sumaron US$142.

Al sumar las exportaciones de Cundinamarca, las exportaciones per cápita oscilan entre US$190 y US$240. Sin embargo, esto es muy inferior al promedio latinoamericano de US$800. Y según la consultora Araújo, Ibarra y Asociados, las dirigidas a Estados Unidos suman US$85 mientras que el promedio mundial es de US$196.

¿Ahora sí?

La conciencia sobre la necesidad de mejorar la competitividad de Bogotá no es nueva; ha existido desde hace más de diez años, tiempo en el cual han surgido igual número de propuestas, planes y estudios distritales y departamentales. Como dice Karakatsianis, "el problema está sobrediagnosticado, lo que falta es ejecución".

Después de tantos años y de tantas buenas intenciones, es posible que haya más voluntad política que nunca en Bogotá. Primero, hay nuevas instancias públicas y privadas encargadas del tema. Por el lado del sector privado, el Consejo Regional de Competitividad, instalado en 2002 y que reúne funcionarios, academia y gremios, elaboró el Plan Regional de Competitividad 2004-2014. Y desde 2001 viene funcionando la Mesa de Planificación Regional, en la cual toman asiento alcalde y gobernador además de sector privado y academia.

Aunque este órgano puede parecer una instancia burocrática más, pocos la consideran así. La ONU la reconoció como ejemplo de desarrollo regional en el mundo. Más importante, se ha convertido en una línea de comunicación para solucionar los temas cruciales que le competen a la región. "Hasta hace solo diez años, la Alcaldía y la Gobernación no hablaban", dice Carlos Rodríguez, ex asesor de competitividad del Distrito, "pero eso ahora cambió".

El éxito de estas instancias todavía está por verse. Sin embargo, su efectividad se vería altamente beneficiada por su continuidad, en especial dado que la competitividad de una ciudad es un proyecto de largo plazo. Esta mesa ya pasó su primera prueba de fuego. La nueva administración de Luis Eduardo Garzón le ha dado su visto bueno y la reconoce como el lugar apropiado para discutir temas de competitividad regional. Garzón quiere que esta mesa sirva para atacar tres frentes: crear empleo, encarar el TLC y mejorar la calidad de vida.

En todo caso, la mejor prueba de que la competitividad de Bogotá puede ser más que un embeleco es dinero. Continuando con el precedente establecido por la última administración de Antanas Mockus, quien dedicó el 36% de su presupuesto a temas de productividad exclusivamente, la nueva administración ha sorprendido por su voluntad de continuar dándole importancia al tema. El eje Urbano-Regional -que incluye competitividad y productividad, sin considerar educación, que tiene otro 30%- recibe el 33% de los $22 billones que contempla en inversiones el Plan de Desarrollo de Garzón.

Las bases están en su lugar, el único riesgo es que se agote la voluntad. Porque la competitividad de una ciudad no se construye rápidamente, los logros son lentos y a veces difícilmente visibles. En últimas, "la competitividad es una tarea para todos", dice Rodríguez, "desde las entidades públicas, hasta las empresas y los ciudadanos". Solo con el esfuerzo de todos los actores, Bogotá podrá salir adelante e insertarse con éxito en la economía internacional.
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