| 4/27/2007 12:00:00 AM

“Ustedes piensan que todos los gobiernos fracasan”

El profesor de la universidad de Oxford, Malcolm Deas, habla sobre conflicto, paz y crecimiento en Colombia, un país que ha estudiado por cuarenta años. Afirma que hay que hacerle un reconocimiento histórico a las Farc y que fallar no es lo mismo que fracasar.

Apesar del paraguas, tiene la espalda mojada por la lluvia bogotana de abril. Su incomodidad aumenta por los zapatos que está estrenando y que le quedan, como dice, "un 'tris' estrechos" y porque la espera, en la portería de la Universidad de los Andes donde dictará una conferencia, se alarga por las llamadas rigurosas con miras a conseguir autorizaciones que posibiliten su entrada. Finalmente, el colombianólogo más destacado del mundo, el profesor de la universidad de Oxford, Malcolm Deas, entrega un carnet de suscriptor al que le ha pegado una foto suya, y recibe una tarjeta para pasar por la registradora de acceso. Está listo para disertar sobre sus cuarenta años de trabajo profesional dedicados al estudio de la historia de Colombia.

Como lo demostró en la entrevista con Dinero, su visión sobre el país es hoy tan fresca y provocadora como la de 1967.

¿Qué necesita Colombia para alcanzar la paz?

Mi respuesta es paradójica. Creo que se necesita seguir con el esfuerzo militar por recuperar los territorios, y consolidar al gobierno en las áreas que son recuperadas de los paras y de la guerrilla. Recuperar plenamente y para siempre los territorios en conflicto. El país debe seguir pagando la cuenta de seguridad y eso no sale barato.

Históricamente hablando, después de que los colombianos se sintieran seguros en Cundinamarca y en Medellín y en Cali, en la parte donde vive la mayoría de la gente y donde está la mayor parte de la economía, hay cierta resistencia a pagar la cuenta para arreglar las partes remotas y difíciles.

Se tiene que seguir con un esfuerzo que, en líneas generales, ya se encuentra en la Política de Seguridad Democrática. Me parece que sus principios básicos son los correctos. Hay que seguir con la presión militar. El país tiene que recuperar el control total de su territorio. Es necesario para el futuro del país.

Mi segundo punto va un poco en contra de eso. Creo que hay que cranear cierto reconocimiento histórico a las Farc. Creo que hay que reconocer que esa gente, con todos sus errores, con todos sus defectos y con todas sus violencias, es parte de la historia del país.

¿Le parece?...

Creo que Marulanda en cierto modo busca ese reconocimiento. Me dicen que quiere la Ley de Intercambio no solo por lo que gana tácticamente, sino porque piensa que en una ley así, hay un reconocimiento: que es el jefe de un ejército.

Mirando a las Farc, salta a la vista su insistencia en una historia como: "nuestra gloria consiste en que hemos luchado cuarenta años, que somos una organización. Es lo que hemos hecho y eso no puede pasar a la nada". Con todo, no creo que las Farc tengan mucho apoyo. Si uno hace la aritmética, ¿hay qué, medio millón? No es mucho en un país de 43 millones.

¿Cómo se haría el reconocimiento?

Podrían acordar, por ejemplo, que al hacer la paz con las Farc, el país se compromete a ampliar la cobertura de educación en el bachillerato. Que no van a quedar partes del país donde no exista educación. Porque si uno mira las filas de las Farc se trata de jóvenes, desempleados y desadaptados con problemas y sin perspectiva. Ese es el pool que las Farc recluta continuamente.

Y, ¿cómo le suena un proceso de paz por etapas?

Yo pienso en lo difícil que es para una guerrilla hacer la paz y hacer treguas. La gente tal vez no lo reconoce suficientemente. (La paz y las treguas) tienen vestigios de suicidio porque lo que mantiene a la guerrilla es el conflicto. El conflicto mantiene la disciplina, la mística, la autoridad de los líderes y los recursos.

Una guerrilla es una organización autoritaria, vertical, muy lejana de una sociedad de debate: el que manda, manda, o si no, la cosa colapsa. Con una tregua o con la perspectiva de la paz, la disciplina tambalea. Unos pensarán que otros están traicionando el movimiento. Los que están acelerando el proceso hacia la paz corren el riesgo de que los maten como traidores. Otros piensan que están acomodados a este modo de vida.

¿Y entonces qué se debe hacer?

Creo que no han hecho lo suficiente en un frente. Los desertores y los reinsertados deben ser una fuente de información general. Ellos tienen información sobre las razones para haberse unido al movimiento, qué quieren y cuáles son sus aspiraciones en la vida. Algunos me dicen que muchos están orgullosos de su pericia militar. Es muy utópico pensar en la fusión de ejércitos, pero hay que ver cómo se cranea un plan de esos. También hay que ponerse imaginativamente en la posición de ellos, lo que no necesariamente produce una solución bonita, pero es un ejercicio probablemente útil.

Hay que reconocer que hay una enorme desconfianza. Las Farc piensan que los militares quieren matarlos y eso naturalmente es un producto del conflicto. Pero no se puede tener un ejército que solo contenga a la guerrilla en una región. Esa es una receta para la mediocridad.

¿Cómo debería ser la participación extranjera en la solución del conflicto?

A veces me preocupa la alta intromisión extranjera. Si uno repasa la historia del país, los colombianos hicieron las pases entre ellos, sin grupos amigos, sin intermediación, sin tantos expertos en resolución de conflictos.

Creo en la paz cuando la gente mira sus circunstancias con realismo. Tomemos el caso de los elenos. No soy experto en eso, pero tengo la sensación de que cada vez que el gobierno habla con los elenos, a los elenos se les suben los humos. Piensan que tienen una importancia política que no tienen. En parte, porque han hablado con tantos suecos, alemanes y gente de las Naciones Unidas.

Si uno pudiera imaginar que eso hubiera sido entre colombianos, serían más realistas. No he oído ningún benevolente extranjero decirles, "miren señores, ustedes no van a ganar. Lo único que pueden hacer es la mejor paz posible, pero tienen que confrontar la realidad".

¿Y qué se hace con las drogas?

No tengo la solución al problema de la droga, no soy ningún mago, pero hay ciertas cosas que me parece que el país tiene que hacer. Creo que debe hacer diplomacia más exigente en términos de la corresponsabilidad. Creo que no hay justificación para que este país, por su naturaleza y situación geográfica, pague una cuenta tan alta luchando con ese problema mientras los europeos son unos avestruces.

Francamente, me parece escandaloso cómo ciertos políticos europeos piensan que tienen el derecho de criticar lo que pasa acá y de hacerse los santos allá. De no asumir las responsabilidades que deben asumir. Yo creo que el país debe ser más duro en eso.

¿Cuál es la mayor fortaleza de Colombia?

Sin ninguna duda, la trajinada democracia. Son las libertades clásicas, el Congreso que medio funciona, una prensa libre, la libertad de opinar, las cosas tradicionales de la democracia que tiene el país.

¿Y la mayor debilidad?

Una deficiente fe en la capacidad reformista del país. Un cierto absolutismo en la crítica. Está muy bien criticar los gobiernos, pero a veces se les va la mano. Los académicos ponderan muy poco lo que han logrado.

Ustedes piensan que todos los gobiernos fracasan. Todos los gobiernos fallan, pero en mi vocabulario, fallar no es lo mismo que fracasar. Que los gobiernos fallen es un síndrome bastante universal. La mayoría de gobiernos democráticos terminan desgastados, con poca popularidad y con una agenda en la que no cumplen todo lo que prometen. Esa es la naturaleza de la vida humana. Pero aquí existe demasiado de lo que Hirschman llamó la fracasomanía.

¿Y lo de las críticas absolutas?

Los juicios absolutos me parecen una debilidad, en parte porque tienen muy alto consumo en el exterior. Colombia no es un país aislado del mundo, pero el resto del mundo lo conoce bastante mal. Entonces, un debate como el reciente de la parapolítica, tiene un efecto fuerte para ellos. Aquí la gente no nota eso. Cuando el conocimiento del país no es bueno y siendo la humanidad como es, un escándalo tiene eco. Eso puede cambiar el curso del país. Colombia necesita una mejor diplomacia. La rama diplomática es débil.

¿Cuáles son las condiciones necesarias para que haya un mayor desarrollo?

Una es la infraestructura del país. Sigue siendo muy deficiente en cosas básicas.

¿Hay más?

Si usted me está preguntando por yo no se qué cosas mágicas, no creo que las haya. Este país es muy estable. Los que quieren deprimirse dicen que los logros siempre son mediocres, que este es un país que nunca ha tenido un auge sensacional.

Tengo una tesis. El país en el siglo XIX no dejó de progresar por las guerras. La gente aprendió bastante bien a manejar esas guerritas, que fueron chiquitas y la mayoría no muy destructivas. La explicación está en la dotación de recursos. El país no tuvo mucho de lo que el resto del mundo quería. No le fue muy bien como exportador. Fue muy débil.

Urrutia y compañía, que han hecho estudios comparativos del ritmo de crecimiento de la economía colombiana, no encuentran que sea anormalmente baja. Al contrario, es bastante respetable. No es que el país esté condenado por Dios al crecimiento bajo. Tal vez se estén haciendo las comparaciones indebidas, pero yo sigo creyendo en la dotación de factores.
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