| 3/16/2006 12:00:00 AM

US$100

Computadores portátiles rápidos y eficientes les pueden llegar a los niños más pobres del mundo. Un portátil de US$100 para cada niño es la idea más importante para transformar la educación de millones de jóvenes y cerrar la brecha digital.

Por Nicholas Negroponte*   Eliminar la pobreza, detener las guerras y preservar el ambiente son problemas tan complejos que sería arrogante o desquiciado pensar que hay una solución única para ellos. Sin embargo, es igualmente seguro que cualquier solución que les encontremos incluirá la educación, en unos casos como un componente clave, y en otros como la solución total.

Hoy la educación mundial no es un escenario feliz. Cerca del 80% de los estudiantes vive en países pobres, muchos en áreas rurales donde las escuelas y la enseñanza son, en el mejor de los casos, primitivas.

Las telecomunicaciones pueden llevar educación, salud y trabajo a las zonas rurales. Esta tecnología seguirá difundiéndose en la medida en que los costos sigan bajando y el ancho de banda disponible aumente. Como resultado, más niños -sin importar qué tan pobres sean o qué lejos estén- tendrán acceso a las comunicaciones.

Muchas escuelas se miden por la proporción de niños para cada computador en el aula. Algunas se enorgullecen por haber alcanzado el ideal mal concebido, de tener dos estudiantes por máquina. Pero con más frecuencia, cientos de niños deben compartir unos pocos computadores que casi siempre se guardan después de clase. La gran mayoría de estas máquinas es de escritorio, lo que las hace prácticamente inútiles en el aprendizaje fuera de la escuela. Por eso, las escuelas deberían tener sus propios aparatos electrónicos portátiles como libros, que operen como computadores de propósito general con pleno acceso a internet.

Todos aprendemos a caminar y hablar interactuando con el mundo. Pero a los 6 años nos informan que el aprendizaje fluirá desde los profesores y los libros, como si se debiera corregir un proceso equivocado.

Los computadores personales conectados restauran el aprendizaje interactivo. El problema había sido que las máquinas eran prohibitivamente caras.

La economía de los portátiles

Nos dijeron que era imposible construir un portátil de US$100. Pero no lo es. Desarrollando este aparato en una entidad sin ánimo de lucro y vendiéndoselo a los gobiernos al costo en cantidades de un millón o más, los gastos de ventas, mercadeo y distribución y la utilidad prácticamente desaparecen. Estos gastos representan a menudo cerca del 60% del costo de un computador portátil. Los demás costos se pueden reducir de dos formas: innovación en las pantallas y poniendo el software a dieta.

La obesidad del software es el principal responsable por el rezago en la productividad que causan los sistemas lentos y poco confiables. El portátil de US$1.000 actual no es un sistema al que nadie debería aspirar.

En cambio, proponemos un portátil mucho más simple, de encendido instantáneo, rápido y fácil de usar, cuyo precio fluctuaría con el costo de las monedas y de las memorias. Comenzaría cerca de US$100, pero con producción en volumen y un flujo estable de innovación tecnológica bajaría mucho más. Cada nuevo modelo será más simple, más barato, más versátil y más fácil de usar.

Barato y rápido

Diseñamos a la vista de todos. Cuando tenemos una idea para mejorar el precio o el desempeño se lo decimos a los que quieran oír. El resultado, las empresas nos ofrecen ayuda, a veces donando su conocimiento y sus derechos de propiedad intelectual para vincularse al proyecto y tener la oportunidad de llevar rápido su producto al mercado masivo. La innovación se limita con la llamada protección de la propiedad intelectual.

Las primeras máquinas tendrán una pantalla con dos estados. Uno, el estado de color, equivalente al de los mejores televisores o DVD. El segundo blanco y negro reflectivo, con tres veces más resolución, que lo hace legible incluso con luz solar intensa. Tendrá un procesador de 500 megahercios, 128 megabytes de memoria RAM dinámica y 500 megabytes de memoria flash, en lugar de un disco duro con partes móviles delicadas. Tendrá cuatro puertos USB para conectar y sincronizar aparatos periféricos como impresoras, reproductores de música y DVD. Es un portátil completo de propósito general, con un sistema operativo 'delgado' Linux que correrá más rápido que la mayoría de los portátiles que hay en el mercado.

Lo más importante, tiene banda ancha inalámbrica, lo que le permite, entre otras cosas, trabajar como una malla. Cada portátil habla con su vecino más cercano y así sucesivamente, creando de esta forma una red local de área ad hoc.

El resultado es una red creada por los niños. Un pueblo lleno de portátiles puede estar conectado a internet siempre que uno o dos de ellos estén maximizando el uso de las escasas conexiones a internet. Cuando este sistema evolucione, las máquinas estarán en capacidad de compartir memorias y colaborar entre pares.

La etiqueta de US$100 también se consigue usando códigos abiertos, un movimiento que ha probado ser lo suficientemente confiable como para tener casi la mitad del mercado de servidores. Linux todavía no se usa mucho en computadores de escritorio o portátiles, pero precisamente este proyecto le dará el impulso que necesita.

Contenido local

De la misma forma, el contenido educativo será desarrollado en todas partes. Será local al punto de que el texto y las interfaces de usuario estarán disponibles en los más de 320 lenguajes de Nigeria. La mayor compañía del mundo no puede hacer eso, pero las personas sí.

Los libros pueden ser distribuidos por la vía de los portátiles. Dada la vida útil esperada de nuestros portátiles, la inversión en textos se podría recuperar fácilmente si se pasan a computadores. Más aún, los niños no estarán limitados a unos pocos libros desactualizados, sino que tendrían acceso a las bibliotecas del mundo gracias a Google y otros buscadores. Nos dicen en tantas ocasiones: "Ustedes no les pueden dar solamente los portátiles a los niños y nada más". ¿Saben? Sí se puede.

La mayoría de los niños cuando reciben un juego electrónico, ignora el manual para explorar él mismo este nuevo mundo. Es igual con un computador. El secreto no está en mostrarles qué hacer y cómo hacerlo, sino en darles las herramientas para hacer cosas. La corta pero rica historia de aprendizaje constructivista está llena de evidencia de que los niños aprenden mucho mejor cuando están vinculados activamente, interactúan y construyen. Aprenden más haciendo un sapo simulado que discutiendo sobre uno muerto. La programación de computadores en sí misma es una forma de expresar su propio entendimiento de algo y el llamado proceso de 'limpieza' del programa es un paso mucho más poderoso en 'aprender a aprender'.

Así, la única razón para no darle un portátil conectado a cada niño del mundo -tal como le daríamos un lápiz- es el costo. Los US$100 no son de ninguna manera una cifra baja, pero es un comienzo. Haciéndolo, quizás los niños crecerán siendo más globales, más comprensivos, más pacíficos y menos pobres que sus padres.

* Director del MIT Media Lap. Adaptado con autorización de la revista del World Economic Forum, Global Agenda 2006.
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