| 3/1/1997 12:00:00 AM

Una historia de novela

Fuad Char ha logrado todo en la vida: un imperio económico, poder político, popularidad, reconocimiento y triunfos futbolísticos. Tiene un solo problema...

Gracias a las moneditas de oro que les llegaban a Damasco desde una lejana ciudad llamada Lorica, existen los Char Abdala en Colombia. No eran los pescaditos del viejo Aureliano Buendia que tanto descorazonaban a Ursula Iguarán, sino macizas morrocotas de oro de las minas de Marmato o del vecino Mompox las que Nicolás Char, el mayor de los hermanos, enviaba periódicamente a su familia en Siria. Las monedas enviadas desde aquel hirviente puerto sobre el río Sinú se fueron convirtiendo en el sustento básico de los nueve hermanos Char Zaslawy, al otro lado del mundo, en aquella ciudad de cabras y pastores, tan antigua como pobre, controlada por los turcos.



-Fuad Char, fundador de una organización empresarial que hoy ocupa el puesto No. 13 del país Atraido por aquel espejismo y con un desarraigo a toda prueba Ricardo Char Zaslawy emprendió en 1926, tras los pasos de su hermano mayor Nicolás, la aventura de América. Tenía 26 años cuando llegó a Colombia y no traía otra cosa que los conocimientos de joyería aprendidos en su primer exilio en Estambul, cuando aún adolescente los ejércitos turcos lo reclutaron en la primera guerra mundial.



Había crecido en el rigor de la guerra, el desarraigo familiar y las carencias materiales, de manera que cuando arrancó el viaje hacia la legendaria Lorica no tenía otra cosa que futuro por delante.



Empezó con un taller de joyeria. Ricardo Char compraba oro quebrado y producía anillos, collares y colgandejas que vendía de pueblo en pueblo. Como él, fueron muchos los emigrantes sirio-libaneses con pasaporte turco que en los años treinta se arraigaron en los puertos del caribe. Revolucionaron el comercio y poco a poco la mezcla de lenguas, acentos, sabores y mercancías se tomó los ventorrillos tradicionales de Cartagena, Sabanalarga, Lorica, Montería y Baranquilla. Sin traicionar su alma fenicia, Ricardo Char Zaslawy no escapó a los nuevos vientos y entró en el negocio de sus paisanos. En 1.930 estaba sentado frente al mostrador de telas, sin esforzarse por vender, esperando mejor que los precios subieran. Una visión del negocio que con los años le ocasionaría el primer roce con su primogénito Fuad.



En cascada



Predestinado por el mismo azar que había traido a los Char a Lorica, el hijo mayor no pudo torcerle el pescuezo a aquello que se había convertido en el destino familiar: el comercio. Empujados por una disputa familiar, Don Ricardo y su mujer Erlinda Abdala, también hija de inmigrantes -estos libaneses-, habían salido de Lorica en 1955. Vendieron todos sus haberes para trasladarse con sus siete hijos - Fuad, Jadid, Farid, Simón, Mari y Miguel- a la capital del Atlántico. Y claro, compró almacén: el Olímpico, en pleno centro de Barranquilla.



Fuad quería ser médico pero los escasos recursos familiares no habían alcanzado sino para pagar el ingreso a la Escuela de Cadetes. Y estaba en ello, aprendiendo a llevar el uniforme, cuando un acidente de tránsito puso a don Ricardo en el hospital. Sus vacaciones barranquilleras quedaron súbitamente suspendidas cuando la noche misma del accidente doña Erlinda le entregó unas llaves. Al otro día había que abrir el almacen. Fuad tenía 17 años: era comerciante sin remedio.



Las cuentas pendientes transformaron rápidamente la mecánica de la espera pasiva del alza en los precios de la mercancia a una activa estrategia de venta: "Había que vender rápido y por tanto barato, para pagar las deudas. Alli nació nuestra política de precios. Puse a rotar inventarios. Y cuando al año siguiente regresó mi papá, tuve que dejar el almacén. Nada de lo que había hecho le gustó", recuerda Fuad Char, a sus 55 años de edad desde su cómoda pero austera oficina de Presidente de la Organización Olímpica en pleno Paseo Bolívar de Barranquilla.

El filón de las farmacias era su gran descubrimiento y prefirió enfrentar de una vez la desaprobación paterna y echarse a andar solo.

-Ricardo char, padre de la dinastia y fundadorde la primera Olimpica



El almacen Olímpico había pasado a ser la Olímpica Número Uno, y anticipando la noción de marca y de cadena que con los años garantizaría volumen, precios y expansión, en febrero de 1956 Fuad montó la droguería Olímpica No.2. Siguieron la tres y la cuatro y la cinco, cada hermano Char, Fadid, Jadid y Simón al frente de un mostrador, hasta que se agotaron los hermanos sin que la cascada de inaguraciones se detuviera. Fuad Char, con temor reverencial, no pudo otra cosa que contrariar una de las sentencias paternas, rectoras del oficio: "el que tiene tienda que la atienda" y delegar. La dimensión del negocio había cambiado pero la unión entre los cuatro hermanos mayores estaba más solida que nunca. Había nacido la Organización Olímpica.



Y mientras los hijos abrían negocios, más droguerias, más supertiendas, más super almacenes, Olímpica y más Olímpicas-hoy tienen 95 droguerias, 66 supertiendas y 6 superalmacenes-, el viejo Char descubrió la talanquera perfecta para que la carrera desbocada no les atropellara sus conciencias: amarrar cuanto dinero sobrara en propiedad raíz. Solidez patrimonial y simplicidad existencial fue entonces el resultado de esa mano férrea de emigrante pobre y turco de don Ricardo que cerraba válvulas de escape y expansión para poder atesorar. La música fue quedando como el último reducto de diversión y para vengar sin restricción sus apetitos, los hermanos Char compraron emisora en 1968. Asi que una vez cerradas las farmacias, salían rumbo a Soledad, un pueblo a orillas del Magdalena, para progamar en Radio Regalos seis horas de música a su antojo.



De la pequeña emisora de pueblo pasaron a una emisora de AM con noticias y deportes incluídos y dos cadenas nacionales de FM de música bailable y romántica: Olímpica Estérreo y Radio Tiempos. Atrapados por la tradición arabe, cuando llegó la hora de casarse todos lo fueron haciendo, casi que en familia. Fuad se decidió por su prima Adela Chaljud, hija de joyeros libaneses a quien había conocido desde su infancia en Lorica.



Los negocios seguían creciendo y vino la expansión a Cartagena y luego al interior del país. Se inauguraron Olímpicas en Bogotá, comprando la cadena Marión, después de haber poblado la Costa Atlántica. De las droguerías se había pasado a los supermercados, y de estos a las supertiendas -almacenes por departamentos-. Curiosamente en el único lugar donde no hay Supertienda Olímpica ni Sao es en su tierra natal, Lorica, porque no quiere quebrar a sus coterráneos comerciantes.



Paralelamente llevó a cabo una exitosa estrategia de integración vertical. Los supermercados Olímpica vendían pollo, entonces Char fundó Indunal, productora y comercializadora de huevos y pollos. Los pollos necesitaban comer, entonces Char fundó Acondesa, fábrica de concentrados. La gente come arroz con pollo, entonces se fundó Arrocera Olímpica. Los alimentos necesitan empaques plásticos, entonces se creó Empaques Transparentes. Los almacenes necesitan vigilancia, entonces fundó Vigilancia del Caribe. Los supermercados requieren inversión en finca raíz entonces se dedicaron al negocio con varias compañías: Char Hermanos, Coinvol, Coincar e Inmobiliaria Char, una constructora.



Y como si esto fuera poco, Fuad descubrió que al pollo congelado se le podía agregar mas valor si se vendía en asaderos y fundó Piko Riko, con presencia en todas las ciudades de la Costa.



Pero la gente también necesitaba crédito para comprar. Entonces adquirió Serfinansa al grupo Santo Domingo, una compañía de financiamiento comercial.



A su vez las emisoras de radio requerían agencia de publicidad, entonces fundó Sonovista Publicidad. El radio llevó a la televisión con C.V. Noticias, que tiene siete horas de programación en Telecaribe entre ellas el noticiero de las 9 p.m. Había que entrar al negocio de la telefonía celular y es socio de Celcaribe.



Y la expansión en supermercados no se detiene. El año pasado compraron los 18 supermercados Mercafé en el Valle y Quindío y tres supermercados Continental en Cali.



Hoy en día la organización que Char preside es la número 13 en el país, medido desde el punto de vista de ventas. Una organización creada íntegramente por Fuad y sus hermanos desde el comienzo. Las ventas de la Organización superaron en 1996 los $650.000 millones.



Futbol y votos



La desmesura llegó, como en tantos casos en Colombia, con el boom de los ochenta. Un crecimiento que llegó en la segunda mitad de la década casi a duplicar sus dimensiones cuando al comercio lo complementaron con los otros negocios. Buscó matrimonios claves con la organización Ospinas de Bogotá para construir el Centro Comercial Plaza de las Américas o construir apartamentos en lugares con status social como la Colina Campestre o centros comerciales en Suba.



Fuad Char había dejado de ser simplemente el hijo mayor de una familia de siete hijos, para convertirse en el jeque de la tribu. Un jeque que acumulaba poder, un poder reverencial que tomó forma cuando en 1977 el Junior de Barranquilla logra su primer campeonato. Don Fuad, como le dicen sus empleados, había formado parte del grupo de 40 empresarios que seis años atrás se habían propuesto sacar de su postración al equipo. Con su vocación de convertirse en amo y señor, dueño de sus propias decisiones, Fuad Char fue avanzando en las directivas hasta lograr su control, decidir la contratación y negociar cracks internacionales como la Bruja Verón, Comesaña y Delménico. - Fuad Char con sus hermanos Fair, Jabib y Simón en las oficinas de Barranquilla



Apareció entonces como el hombre detrás del triunfo del popular equipo y con la vuelta olímpica descubrió unas emociones hasta entonces desconocidas, atrapadas por los balances, las sumas y las restas y la obsesión por vender cada día más y más barato.Había dejado ser exclusivamente el alma de una familia, para entrar al corazón de una de las hinchadas más entusiastas del país. Y le gustó. La pasión del futbol arrastraría nuevas ambiciones.. la política estaba en la puerta del horno.



Y llegó en 1984 con una llamada de Jaime Castro, quien acababa de ser nombrado ministro de gobierno en la segunda etapa del gobierno de Belisario Betacur, para ofrecerle la gobernación del Atlántico. Se habían conocido como dirigentes deportivos, Castro en la presidencia de la Dimayor y Fuad Char a la cabeza del Junior. Desde que entró al viejo edificio se sintió en el mostrador o la bodega de una de sus farmacias y con la riendas en la mano comenzó a mandar. "Manejé la la gobernación como una tienda, con todos los controles. Y la plata rindió. Hubo con qué hacer obras. Barranquilla estrenó su estadio".



En 1986 los cuatro hermanos Char habían tomado la decisión de retirarse de la administración directa de la Organización Olímpica para presidir las juntas diretivas. Con ello, el tiempo de Fuad tomaba una dimensión distinta y la vida pública llenaba carencias infantiles. Por eso su llegada al ministerio de desarrollo en el gobierno de Barco representó el contacto con el mundo de las decisiones macroeconómicas y de alta política, extraño pero apasionante para un hombre que había mantenido una relación simple con la vida y el trabajo. Al fin y al cabo las circunstacias personales no le habían permitido mayor formación intelectual ni académica. Los cuatro años de química farmaceutica que cursó fueron más que útiles en la formación de la amplia cadena de droguerías pero insuficientes para el nuevo reto. Regresó pues a Barranquilla a finales de los ochenta, impresionado por la precariedad de los políticos costeños, que le dejaron el mal sabor del oportunismo y la corrupción. "Solo se acercaban a pedir puestos y partidas presupuestales".



No quería más poder por delegación sino por cuenta propia. Había que armar un movimiento con nuevas caras y en contravía de los políticos tradicionales. Derrotó en la elección para el Senado a los Slebi, los Martinez Leyes y en su apuesta para gobernador -Gustavo Bell- y alcalde -el cura Bernardo Hoyos, de quien después se decepcionó- se llevó por delante a los candidatos de José Name Terán y Roberto Gerlein. Repitió Senado en 1994 convirtiéndose en el mayor elector individual con 86.000 votos propios. El gran jeque, a quien todos llaman "senador" había ampliado su redil de simpatizantes de su causa y de gobernantes por elección popular. Tiene once de los veintidos alcaldes municipales y controla 4.000 empleos públicos nacionales.



- Char haciendo politica en Bogotá Si bien su poder político, con maquinaria incluida ha logrado consolidarse, sus propósitos de cambio siguen siendo un borrador de trabajo, sin entenderse muy bien el sentido de su rol en el Congreso, en donde cada día es más un senador ausente, en repetidas ocasiones mal calificado por los periodistas en sus examenes anuales y sin ningún liderazgo dentro de la corporación, porque lo cierto es que su talante y cuarenta años de manejo personal de sus negocios lo hacen un hombre más cómodo con los silencios y las decisiones rápidas y verticales que con los largos debates y los consensos. En este momento su segundo en la lista ocupa la curul del Congreso, aunque él afirma que "está al tanto de todo".

En política ha demsotrado ser un verdadero navegante: entre la línea dura de Inés Gómez de Vargas y ficha suya en la Dirección Liberal nacional, quien votó en contra de la preclusión del proceso contra Samper, y Tarquino Pacheco que figura como oficialista.



Ultimamente ha dado declaraciones en el sentido de que apoyaría a Alfonso Valdivieso en una eventual candidatura presidencial. En las elecciones de alcalde se irá en contra de su anterior protegido, Bernardo Hoyos, y su candidato a la gobernación es Rodolfo Espinosa, Meola, actual secretario de gobierno, vinculado al sector empresarial y cercano al grupo Santo Domingo



El cocotazo



Pero lo que parecía una combinación exitosa de droguerías, emisoras, inmobiliarias, negocios financieros, futbol, medios de comunicación y política, se convirtió en un verdadero bumerang para Fuad Char. En 1993 cuando estaba en el tope del éxito, el gobierno de los Estados Unidos cuestionó el crecimiento de su emporio con el retiro de su visa de entrada a ese país.



El retiro de la visa constituyó una especie de zancadilla en su camino que aún no logra digerir. Por solicitud del Presidente Gaviria, a quien Char había apoyado en las elecciones de 1990, la Embajada americana accedió a otorgarle a él y a su esposa Adela, quien batallaba un dolorosa enfermedad, una visa humanitaria de noventa días para que fuera atendida en un Centro Hospitalario nortemericano. Fuad prefirió no acompañarla. La señora falleció antes de que se cumplieran los noventa días y el recuerdo del incidente aparece como un acto de dolor y humillación. "Fue un verdadero cocotazo" dice. El tema de la visa es una espina clavada en su orgullo de triunfador.



Fuentes de la Embajada Americana confirmaron que el asunto de la visa era por señalamientos muy delicados, pero lo cierto es que Char no figura en ningún proceso por lavado de activos en ningún país del mundo.



El incidente de la visa y la muerte de su primera esposa han sido los golpes mas duros que ha tenido que encajar un hombre recio, hijo de inmigrantes, que montó un imperio con su trabajo y su espíritu emprendedor, y que ha logrado prácticamente todo en la vida.



Hoy vive entre Barranquilla y Bogotá, a donde viene a enterarse de cosas de la política, los negocios y el deporte, en compañía de su segunda esposa, Marina Díaz Pérez, regalo también de la política pues es hermana de Eugenio Díaz, su segundo renglón en la lista del Senado.



Su reto es demostrarle al gobierno norteamericano que su fortuna es limpia, su frustración es no haber sido escogido como socio en Colombia por la cadena de supermercaods francesa Carrefour, y se desafió política es derrotar al Cura Hoyos en las próximas elecciones a la alcaldiía de Barranquilla.
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