| 9/19/2003 12:00:00 AM

Un país para las mujeres

El papel de las mujeres en la fuerza laboral seguirá incrementando su importancia. Las empresas tendrán que adaptarse para no perder este talento.

Las verdaderas y más profundas consecuencias de la entrada en masa de las mujeres a la fuerza laboral, que empezó a mediados del siglo XX, serán evidentes ahora, cuando se inicia el siglo XXI. Durante los próximos años, nuestras empresas tendrán la tarea de reconocer las capacidades de las mujeres y acomodar la vida corporativa a sus necesidades. El simple peso de los números hace esto inevitable. Las empresas que no lo hagan perderán el acceso a una enorme reserva de talento y pagarán un costo demasiado alto.

Hoy todavía nuestras mujeres se enfrentan a la discriminación en el mercado laboral. El 40% de ellas, según un estudio de IBM, considera que la cultura machista imperante es uno de los principales obstáculos a su desarrollo. Según la Cepal, el salario promedio de las mujeres en Colombia representa el 83% del de los hombres. Son ellas, además, a quienes más afecta el desempleo, con una cifra que asciende a 21% frente al 15% de los hombres.

A pesar de que su participación en cargos importantes ha aumentado, ese porcentaje aún es pequeño. En Estados Unidos, las mujeres ostentan solo el 15,7% de los cargos directivos de las empresas de la lista Fortune500, según un estudio de la firma Catalyst. Si bien esta cifra ha aumentado en más de la mitad desde 1995, aún es baja en comparación con la participación de las mujeres en la fuerza laboral. En Colombia, la participación de la mujer en cargos públicos de elección, por ejemplo, es mínima. En alcaldías, la participación de la mujer no supera el 7% y en Concejos Municipales, Asambleas y Congreso no supera el 12%.

Para las empresas, el riesgo está en que las mujeres renuncien y busquen oportunidades en otra parte. Tienen la capacidad para hacerlo, como lo demuestran las cifras sobre creación de empresas de mujeres en diversos países del mundo. Mientras en el mundo, en los años 70, por cada 100 hombres empresarios había tan solo 26 mujeres, para el nuevo milenio la cifra se acerca a las 50 mujeres. Tan solo en América Latina, por ejemplo, el 30% de las empresas propiedad de mujeres fueron creadas en los últimos 5 años. Colombia no se queda atrás. Mientras en 1992 las mujeres representaban el 30% de los empresarios, hoy la cifra asciende al 40%.

Las empresas de propiedad de mujeres tendrán un impacto significativo en la competencia. Un reciente estudio de Babson College, escuela de administración estadounidense especializada en empresariado, encontró que las empresas de propiedad de mujeres en Estados Unidos son más productivas que las de hombres. Mientras que el promedio de ventas resultó similar en el estudio, el número de empleados en las primeras era casi la mitad. Esto puede deberse a que se trata de empresas más jóvenes y, por tanto, más flexibles y abiertas a los nuevos métodos de producción. Sin embargo, el hecho es que estas empresas enfrentan mejores perspectivas. Por otra parte, el nivel de deuda en las empresas de propiedad de mujeres es inferior, lo cual puede reflejar una menor propensión al riesgo.

Por otra parte, según el estudio de IBM, las mujeres se están preparando más. Mientras a principios de los 90 representaban el 23% de los estudiantes de Ingeniería y Tecnologías y el 50% de los de estudios sociales y negocios, para 2001 la cifra ya ascendía a 39% y 60%, respectivamente.

Las latinas, además, serán apetecidas en todo el mundo. Las empresas de Estados Unidos, por ejemplo, conscientes de la importancia de los latinos dentro de su economía en el futuro, ya empezaron a buscar mecanismos para retener a sus latinas, entendiendo sus raíces culturales y el papel que juegan las familias en su vida.

Es un nuevo paradigma en el mercado laboral. Las empresas se verán en la obligación de atender las necesidades de sus mujeres y crearles un entorno más amigable, si quieren seguir aprovechando sus habilidades. Habrá que darles más oportunidades de ascenso, mejores salarios y ayudarlas a encontrar el balance que tanto buscan entre la familia y el trabajo. Las mujeres ya han demostrado sus capacidades. Ahora el reto es para las empresas.
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