| 4/13/1998 12:00:00 AM

Toque femenino

Hoy, más que nunca, las mujeres han tomado posiciones de poder y liderazgo en el mundo empresarial. Pero todavía falta mucho camino por recorrer.

Si quiere saber cómo ha evolucionado Colombia, basta que observe el desarrollo del sector financiero. Es una radiografía perfecta de los cambios económicos, tecnológicos, gerenciales y culturales que se han dado en el país.



En la década del 50, las sucursales bancarias eran atendidas casi exclusivamente por hombres. Hoy las oficinas son gerenciadas por mujeres. Por donde se mire, hay rostros femeninos.



Inclusive, el número de presidentas es diciente. Basta una rápida mirada. Eulalia Arboleda, en el Banco Caja Social; María José García, en el BCH; María del Rosario Sintes, en Extebandes; Amparo Coronado, en Las Villas; Sara Clemencia Mantilla, en Ahorramás; y Constanza Nieto, en Horizonte.



Para algunos, esta enumeración es una prueba de que la mujer ha ganado un espacio muy importante en el mundo laboral. Pero para otros, no oculta que siguen siendo minoría y que en el sector industrial todavía una mujer en la presidencia es algo exótico. Si no, que lo diga Angela María Echeverri, de Conalvidrios.



De acuerdo con una investigacion de Luz Gabriela Arango realizada en 553 empresas, sólo el 23,7% de las mujeres que laboran en las compañías tienen cargos de primer nivel.



Sorprende que Bogotá sea la ciudad con menor participación femenina en los cargos más altos (7%), mientras que Bucaramanga prácticamente la triplica (ver cuadro).



Según explica Arango, el número promedio de ejecutivas en los principales cargos directivos en empresas en Medellín es 1,6 mientras en Bogotá es 1,1, lo que podría ser resultado de la mayor proporción de cuerpos colectivos en las empresas.



No deja de sorprender que en Medellín, una ciudad conservadora, sea donde la mujer haya ganado mayor terreno en posiciones de poder. Los datos son reveladores. En el sector financiero representan el 13% de los ejecutivos en el primer nivel, mientras que en Bogotá son el 8%. Y en el sector industrial sucede algo similar. Medellín tiene el 8%, Bogotá el 1%.



En el sector público la tendencia también es que la mayor participación de las mujeres se encuentre a medida que se desciende en la escala jerárquica. Una investigación de Ellen Beattie, del Centro Interdisciplinario de Estudios Regionales (Cider) de los Andes, muestra que sólo el 0,8% de las mujeres ocupa cargos directivos, y que un hombre tiene una probabilidad tres veces mayor que ella de ocuparlo.



En el nivel ejecutivo se repite la tendencia. El 8,2% de los funcionarios hombres están en este nivel, porcentaje que desciende a la mitad para las funcionarias.



Los dos estudios también permiten ver que hay áreas en las cuales se ha concentrado la presencia femenina. Sectores financiero y de servicios en el caso de la empresa privada, e instituciones que tienen carácter de servicio y manejo de relaciones públicas en el sector público, como los ministerios de Salud, Educación, Trabajo y Relaciones Exteriores.



El sello



Independientemente de si el acceso de la mujer a los cargos importantes se ha dado en la proporción en que debería, es un hecho que su ingreso ha traído nuevos elementos al mundo empresarial.



Para Ester América Paz, asesora de la Organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, un ejemplo evidente es el cambio que se dio en el sector financiero, sobre todo en el área comercial. "Se pasó de una relación de fiestas y tragos a una en la que priman los beneficios, servicios y la claridad en las comisiones".



Dinero hizo un "censo" con un grupo de ejecutivas para tratar de determinar las características de las mujeres en la dirección. Hay tres grandes aspectos en los que las mujeres tienen una forma tradicional de asumir su trabajo. La concepción del poder-autoridad, el manejo del riesgo y el papel de la comunicación en las relaciones laborales. Todo esto enmarcado por la gran carga afectiva que le imprimen a su trabajo y que hace que lo conviertan en algo personal, para bien o para mal.



En cuanto al manejo de la autoridad, las ejecutivas entrevistadas consideran que mientras a un hombre se le valora el ser enérgico, cuando una mujer asume posiciones fuertes puede causar rechazo. Sin embargo, esto no le ocurrió a Ingrid Betancourt quien se caracterizó por ser muy enérgica en el Congreso y obtuvo la votación más alta para el Senado en las pasadas elecciones.



En cuando al poder, parece que las mujeres son menos ambiciosas en ese aspecto y que le dan menor prioridad que los hombres.



Otra característica es que tienden a correr menos riesgos que los hombres. Una explicación podría ser que como a la mujer le ha costado tanto llegar a cargos de alta dirección, tiene más cuidado de equivocarse, explica Isabel Londoño, directora de Colfuturo.



De nuevo, la excepción confirma la regla. Noemí Sanín fue muy arriesgada al renunciar a la embajada en Londres y María José García se arriesgó posicionando al BCH en el mercado hipotecario, lo que la ha convertido en blanco de innumerables críticas.



En cuanto a las relaciones personales, las mujeres tienden a ser más diplomáticas, a estar más enteradas de lo que sucede con la gente que trabaja a su alrededor y a solucionar cualquier problema o aspereza por medio del diálogo. Esto les permite "administrar" las habilidades, intereses y estados de ánimo de su equipo de trabajo.



Alcanzar el éxito es una tarea que involucra inteligencia, liderazgo y preparación, factores que son un requisito tanto para hombres como para mujeres. La pregunta que queda en el aire es ¿por qué, si esto debería ser una regla, los altos cargos continúan "monopolizados" por hombres?
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