| 4/12/2006 12:00:00 AM

Tierra de comerciantes

La Costa Caribe fue la cuna de las principales cadenas comerciales del país. También de comerciantes que, aunque no trascendieron el cambio de siglo, fueron fundamentales para el desarrollo de sus regiones.

La cercanía a los puertos y al río Magdalena hizo que el desarrollo natural de los negocios en la Costa Caribe se diera por el comercio, principalmente de importación y exportación. Cartagena y Barranquilla fueron los ejes para el surgimiento de grandes casas de comercio, que no solo abastecieron de productos industrializados al país, sino que ayudaron en el siglo XIX a la consolidación del gobierno de turno.

Las tres principales cadenas del país iniciaron sus operaciones en Barranquilla. José Carulla Soler fundó en esa ciudad Carulla y Compañía, el 1 de febrero de 1905. En 1922, Luis Eduardo Yepes fundó el primer almacén Ley. En 1953 se fundó Olímpica y en 1969, Almacenes Vivero.

Si bien estos últimos hacen parte de la historia moderna, hay otra generación de comerciantes que no sobrevivió al cambio de siglo, pero que fue fundamental para sus regiones.

Comercio y política Dos comerciantes se destacaron en el siglo XIX en Cartagena, no solo por la magnitud de sus negocios sino por el papel que jugaron en las guerras civiles: Manuel Marcelino Núñez y Juan de Francisco Martín, el primero simpatizante de Santander, y el segundo, de Bolívar.

Los dos amasaron grandes fortunas con la importación y exportación de mercancías, y tuvieron épocas de auge y caída, dependiendo de qué facción política estaba en el poder. También invirtieron en finca raíz, y en el transporte fluvial y marítimo. Núñez tuvo tres bergantines, y con De Francisco y otros comerciantes estuvo asociado en la Compañía de Cartagena para la Navegación del Magdalena y del Dique, fundada en 1847, relata María Teresa Ripoll, en La tradición mercantil en Cartagena en el siglo XIX.

Núñez se opuso a la dictadura de Bolívar y fue acusado de financiar con sus propios recursos la rebelión en su contra, por lo que fue deportado a Jamaica, en donde permaneció hasta la muerte del Libertador. Cuando regresó al país, fue nombrado primer Prior del Consulado de Comercio en 1830, y Senador entre 1832-1835, desde donde impulsó la habilitación de los puertos de Sabanilla y de Cispata para la exportación.

Por su parte, durante la presidencia de Santander, De Francisco fue expulsado a Jamaica, donde permaneció quince años. Estando en el exilio, el presidente general Pedro Alcántara Herrán le pidió ayuda para financiar la guerra de Los Supremos. Su colaboración le valió que le otorgaran en arriendo la fábrica de tabaco de Girón, y que en 1848 le otorgaran por 8 años la explotación y comercialización de las minas de esmeraldas de Muzo.

El sampuesano socio de Mario Santo Domingo Arturo García Hernández, comerciante oriundo de Sampués, Sucre, se instaló en los primeros años del siglo XX en Sincelejo, fue socio de Mario Santo Domingo y fundó en 1920, entre otras empresas, el Banco de Sabanas. García, quien nació el 24 de agosto de 1858, se asoció desde muy joven con el comerciante barranquillero Manuel Correa, quien lo apalancó para desarrollar negocios en Sampués, Sincelejo y la Feria de Magangué. A la muerte de este, inició un lucrativo negocio financiero, ya que consiguió que su viuda le prestara dinero que él, a su vez, prestaba a tasas más elevadas. Este negocio le dio músculo para fortalecer su actividad comercial y extenderse a la ganadería, la destilación de aguardiente, la banca, el transporte y la industria.

El 18 de noviembre de 1920 fundó el Banco Nacional de Sabanas, que abrió sus puertas un año después. Para ese entonces, en la Costa Caribe solo funcionaban cinco bancos.

En el negocio de las bebidas entró de la mano de Mario Santo Domingo, cuando compraron Maduro's Bank de Curazao y la Cervecería Águila de Barranquilla. Como relata Joaquín Viloria de La Hoz, en Ganaderos y comerciantes en Sincelejo, 1880-1920, la empresa necesitaba un plan de ensanche y modernización, por lo que Arturo García les concedió a sus socios un crédito por $200.000, para llevarlo a cabo.

García también fue un ganadero líder, que convirtió su hacienda Santo Domingo, en una hacienda piloto de la región, donde llegó a reunir hasta 15.000 reses y unos mil caballos.

Los Pombo y los Del Castillo A finales del siglo XIX, dos casas comerciales se disputaban el mercado de Cartagena: Rafael del Castillo & Co. y Pombo Hermanos. La primera, fundada en 1861, empezó trayendo telas desde las Antillas, y se caracterizó por financiar a los mercaderes independientes con créditos hasta por un año. La segunda, fundada por Esteban y José Joaquín de Pombo Porras, no concedía crédito, pero basó su competencia en mantener los precios más bajos del mercado, según relata María Teresa Ripoll.

En sus inicios, las dos compañías utilizaron la exportación a Europa de productos locales para obtener créditos de las casas europeas, con lo cual pudieron expandir sus negocios. Pero a principios del siglo XX, Estados Unidos se convirtió en el eje de sus negocios. En 1913 los Del Castillo montaron una filial en Nueva York, y ampliaron su clientela a Centroamérica y el Caribe. Los Pombo importaban grandes volúmenes de hierro y acero desde Estados Unidos, y mantenían su capital en el Chemical National Bank de Nueva York. El ocaso de los Del Castillo se empezó a delinear en 1942, cuando adquirieron una participación significativa en la Naviera Colombiana, la más importante de la época, que quebró a finales de los 50, lo que llevó en 1960 a la liquidación de Rafael del Castillo & Co.

Nacimiento de Olímpica En 1926 se empezó a gestar el nacimiento de la tercera cadena comercial más importante del país, con la llegada de Ricardo Char a Lorica, procedente de Damasco, Siria. Si bien el primer negocio de Char fue una joyería, su traslado a Barranquilla, en 1952, y la compra del Almacén Olímpico, un año después, encarriló a la familia en el comercio. La expansión del negocio se debió a una casualidad, ya que en 1955 Ricardo Char tuvo un accidente de tránsito que lo incapacitó durante un año, por lo que sus hijos tuvieron que cuidar del negocio. Fuad Char inició la política comercial que caracterizó a la cadena: precios bajos y volumen. A finales de los años 50 abrieron una droguería, que dio inicio a una cadena de droguerías en Barranquilla y luego en Cartagena. En 1968 abrieron un almacén por departamentos. En 1976 llegaron a Bogotá con la primera Supertienda.

De Vivero a Carulla En 1969, Alberto Azout fundó Almacenes Vivero, la cadena que en 2000 se fusionó con la centenaria Carulla, para dar origen a la segunda cadena comercial del país: Carulla Vivero. En sus inicios, el concepto de Vivero era el de un almacén de saldos de ropa, que fue creciendo en la Costa gracias a su desarrollo administrativo, técnico y de calidad. En 1995, Vivero empezó a ofrecer bajo un mismo techo supermercado, textiles y variedades.

Los destinos de Vivero y Carulla se empezaron a cruzar en 1998, cuando el fondo de inversión Newbridge Andean Partners adquirió el 30% de Vivero, y un año después adquirió el 25% de Carulla. Esto permitió que las dos cadenas se fusionaran en 2000.
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