| 9/15/2006 12:00:00 AM

Tecnología para la inclusión social

Además de cerrar la brecha digital para que sea menor la distancia entre quienes gozan de la transformación que la tecnología hace posible, las empresas del sector se involucran cada vez más en programas de capacitación en tecnología para cerrar la brecha real que existe en el país: la exclusión social.

No es exagerado decir que la tecnología, donde quiera que nace y se aplica, es el motor de los cambios sociales más importantes en nuestras sociedades. No es su corazón o cerebro, pero sí da el impulso necesario para que los sueños humanos trasciendan la metafísica y sean hoy una realidad tangible del día a día.

Desde la invención de la máquina de vapor hasta la globalización de internet, vemos la transformación de las relaciones de las personas como individuos, trabajadores, inversionistas, patrones e infinidad de papeles que la misma tecnología va haciendo posibles.

Por esta fuerza transformadora, la tecnología por sí misma es causa y efecto de responsabilidad social. No más en la segunda mitad del siglo pasado y lo que va del siglo XXI, tenemos más cambios en la forma en que las personas trabajan, se comunican, relacionan y producen que en cualquier otro momento histórico. Filósofos, sociólogos, ingenieros, historiadores, economistas, periodistas... son pocas las disciplinas que no buscan prever, entender y extender el uso y el impacto de la tecnología en las comunidades que la conocen o no por todo el mundo, apoyándose a su vez en ella misma como herramienta de trabajo.

De otro lado, las empresas que desarrollan tecnología de todo tipo tienen un juego intenso dentro de las comunidades como agentes transformadores de la manera en que otros trabajan y de la forma en que sus clientes impactan a las sociedades donde operan, y al mismo tiempo son empresas receptoras y clientes. Para crear, escuchan la necesidad de sus clientes para transformarlas en soluciones tecnológicas eficientes y, a la vez, las aplican en su propio negocio. Su vocación implica conocer las mejores prácticas de otras industrias, digerirlas y hacerlas parte esencial del ADN de sus productos para que otras las repliquen y apliquen en sus negocios de forma efectiva y ojalá, cada vez más barata. De lo contrario, amplían la brecha digital.

Uno habla con Oracle, Cisco, Microsoft, Getronics…; charla con las colombianas Heinsohn, Aranda, Open, Vision, Digital o Choucair, y todas tienen como eje de acción para desarrollar soluciones tecnológicas de su sector, las mejores prácticas de su industria para otras industrias. Cada una estudia y busca certificarse en las mejores prácticas de su sector para competir con éxito. Empresas de tecnología industrial como Siemens, Schneider, Nokia, o de uso intensivo de tecnología, como EPM en el sector de telecomunicaciones, hacen lo propio, creando, incorporando y multiplicando las mejores prácticas de su industria y se apoyan en las que vienen impresas por las soluciones tecnológicas que usan.

En tecnología, el primer paso de responsabilidad social consiste en incorporar prácticas responsables al ADN de sus productos. Al mismo tiempo, asegurarse de que no van a multiplicar problemas sino soluciones.


Cerrando la brecha real
Multiplicar las buenas prácticas complace el interés principal del negocio como tal: proveer buenos productos a los clientes. Pero más allá —y quizá lo más impactante— del objetivo comercial de una tecnología, está el objetivo responsable del que partíamos, la transformación social.

Esta es posible en muchas comunidades rurales y urbanas en Colombia cuando logran sentirse incluidas, porque cuentan con telefonía e internet, porque ven a sus niños aprendiendo el manejo de un computador o porque ahora tienen técnicos locales para sus necesidades productivas, gracias a que pueden estudiar a bajo costo de forma virtual. Hablamos de inclusión social y al mismo tiempo hablamos de acciones para reducir la brecha digital, que en el país no solo es tecnológica sino social y alimenta monstruos como el narcotráfico y la violencia.

Multinacionales como IBM y Microsoft se destacan por el caudal de recursos y compromiso sostenido con esta búsqueda de inclusión.

En el caso de IBM, uno de sus focos ha sido construir alianzas educativas, en las que mediante el programa de colegios concesionados en Bogotá —colegios de primer nivel, como Cafam, San Carlos y otros que apadrinan instituciones de zonas populares— u organismos públicos en ciudades como Medellín o Cúcuta, entrega sin costo unidades de cómputo para niños llamadas KidSmart, que son computadores compuestos por hardware en un mueble hecho de materiales seguros (no tóxicos, no cortopunzantes…) como los de un parque infantil, con accesorios y software especializado para niños entre 4 y 7 años. Ya hay 226 instalados en varias ciudades (7) del país y tiene 55 más por entregar. De esta forma, los pequeños se familiarizan con la dinámica de trabajo e interacción con un PC.

Pero en tecnología, entregar una solución no es suficiente. Para que haya transformación social se requiere que un proyecto sea multiplicable a más regiones y que en un principio sea expansible dentro de la comunidad beneficiada, y esto solo se consigue con capacitación. En el proyecto de IBM, la Universidad Javeriana apoya la creación de multiplicadores al entrenar a los profesores de los colegios beneficiados. Entidades como la Fundación Luker y MoviStar se han vinculado al proyecto y apoyan con logística y recursos la entrega de KidSmart de IBM en algunas ciudades.

Cerrar la brecha real también implica cambiar el panorama que muchas comunidades han visto por años. Es abrirles el panorama de sus capacidades y ponerlos a soñar con alternativas de vida. Un niño frente a un computador y con la posibilidad de conectarse a internet mira el mundo diferente, se abre su perspectiva y se hace consciente de que tiene mucho por conocer y hacer. No es lo mismo que vea toda su vida el horizonte limitado por montañas y los ríos, a que pueda conocer el museo del Hermitage, o las ruinas egipcias, como lo hace posible IBM con sus sitios de virtualización. Lo mismo opera para un adulto. La tecnología no es una herramienta de jóvenes; los adultos que aprenden a usarla y que son capacitados para aprovecharla, sienten extender su vida útil y ven nuevos rumbos para aplicar su experiencia.

Microsoft (MS) hace más de un lustro trabaja en estas alternativas de inclusión. Por iniciativa propia o aliándose con programas a escala nacional como Computadores para Educar, del Ministerio de Comunicaciones, las iniciativas de EPM en Medellín, ParqueSoft en Cali, el Sena en Bogotá y con muchos otros programas, empresas y centros educativos, MS entrega apoyo económico, software y capacitación constante para desarrollar diversos programas.

En su año fiscal que termina en un par de meses, MS habla de inversiones alrededor del país por más de US$400.000 en proyectos de centros comunitarios que le han presentado para el programa Potencial sin Límites, en el que se destaca la autosostenibilidad de los centros, que buscan además de ser lugares de aprendizaje tecnológico, impactar como epicentros de integración comunal. MS entrega dinero para adecuación de los centros y para la compra de hardware, mientras la multinacional provee el software gratuitamente. En este momento tiene 33 centros en el país, además de 1 centro para discapacitados en Cartagena y 4 próximos a abrir en Bogotá. También planea la apertura de un centro de aprendizaje tecnológico para reinsertados.

Oracle dona soluciones de ERP a organizaciones sin ánimo de lucro y fundaciones de apoyo social, así como capacitación para su aprovechamiento.

IBM, además, tiene un programa de Campamentos de Tecnología, que consisten en reunir a un grupo de estudiantes para que conozcan aspectos tecnológicos que van desde la informática hasta las soluciones industriales de tecnología aplicada. En los últimos años ha hecho énfasis en la inclusión de la mujer en el sector tecnológico en su definición amplia, por lo que trae a niñas de colegios concesionados y les enseña las aplicaciones de la tecnología y cómo se hace tecnología.

La tecnología logra también la inclusión mental de la gente en el mundo del mañana.

Herramientas de acción
Computadores, celulares, servidores, software, cables… son diversas las herramientas tecnológicas que sirven para cerrar la brecha real. Son muchas las empresas llamadas a contribuir con la tarea de educar para que la tecnología y la transformación social que posibilita se multipliquen, pero las herramientas no son solo tecnológicas en este sector empresarial o una tarea de grandes empresas con mucho dinero, también son políticas internas.

La responsabilidad social es una práctica integral que nace desde las políticas de contratación. Las empresas que desarrollan tecnología, sin importar su tamaño o nacionalidad, se han destacado por la verdadera meritocracia que establecen para construir sus plantas de personal.

La francesa Schneider da la oportunidad a los mejores egresados en áreas administrativas y técnicas de las universidades colombianas y que sean afines al sector eléctrico y mecánico para participar en su programa de reclutamiento Marco Polo, con el que se vinculan a la empresa y pueden trabajar en sus filiales en diferentes partes del mundo. Actualmente, varios profesionales colombianos recién egresados están participando en este programa, viajando por España, Italia, Canadá, entre otros países.

Compañías como Oracle, Cisco, SAP y la colombiana DigitalWare buscan mejorar el nivel de vida de los profesionales en el país y disminuir los costos de la transferencia tecnológica y su implementación, mediante programas educativos en asocio con universidades como Santo Tomás, Javeriana y Católica, donde certifican a profesionales de distintas áreas y los impulsan para construir carrera dentro del sector y a constituir sus propias empresas como consultores y hacerse socios de negocios locales que recibirán capacitación y apoyo para crecer. Multiplican así las fuentes de trabajo bien remunerado y los ejes de desarrollo tecnológico en el país.

Retos
El camino andado es poco para lo que hay que hacer. Si bien la tecnología por sí sola ya impacta positivamente a las comunidades cuando su ADN contiene prácticas responsables y su uso es ponderado y no se convierte en una herramienta de disociación sino de inclusión, sin educación es solo una herramienta más.

Por esto, en el país es mucho lo que las empresas de todo tamaño pueden hacer, pues no es cuestión de inversiones multimillonarias, es solo la intención de incluir a una comunidad, un barrio, una escuela en la sociedad de la información. Cada empresa de tecnología puede apadrinar la capacitación de una asociación de jubilados, o una escuela rural, o una asociación parroquial…, la idea es que puedan ver de otra forma su proyecto de vida y aterrizar la tecnología a sus necesidades.

De otro lado, es importante la inclusión laboral de discapacitados (IBM tiene un tutorial sobre el tema), y la no exclusión de personas por su edad. Son pocas las empresas que a pesar de necesitar experiencia le apuestan a quienes la tienen, y muchas las que optan solo por profesionales baratos, poco capacitados y muy jóvenes. En la responsabilidad social empresarial, estos temas son tan importantes como hacer crecer la penetración de banda ancha y los computadores de bajo costo (Intel, MS y varios ensambladores colombianos trabajan el tema).
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