| 9/14/2007 12:00:00 AM

Sumando esfuerzos

El desarrollo sostenible no se logra a partir de esfuerzos aislados. Las empresas, el gobierno, las ONG y las universidades tienen que trabajar unidos tras una misma visión. Es preciso entender que todos somos parte de la solución.

La investigación realizada para esta edición especial de Dinero dejó en claro que en el tema ambiental existe un exceso de agendas individuales. Aunque cada vez hay más conciencia ambiental, los actores suelen trabajar de manera aislada. Hay poca confianza entre unos y otros y abundan las recriminaciones. El gran perdedor es el país.

La oposición entre empresarios, de una parte, y gobierno y organizaciones no gubernamentales (ONGs), de otra, es una constante. Los ambientalistas y los funcionarios del gobierno tienden a ver los problemas ambientales como una consecuencia de la mala gestión de las empresas. A veces les parece que el único objetivo de las empresas es violar las normas y hacer hasta lo imposible para no asumir las consecuencias.
 
Por su parte, los empresarios se quejan de la imposición de sanciones y demoras injustificadas en el otorgamiento de licencias ambientales, que dilatan y encarecen los procesos productivos. Este tema lo ilustra muy bien Eduardo Uribe en su columna (página 110).

Lo cierto es que la hostilidad entre las partes perjudica el logro de progresos en materia de medio ambiente. Para entender las consecuencias de este distanciamiento, basta comparar las experiencias de Europa y Estados Unidos. En Europa, donde los gobiernos y las autoridades ambientales vienen actuando conjuntamente con las empresas para llegar a metas específicas en la reducción de emisiones, los logros han sido enormes.
 
 No solamente el avance hacia las metas es sustancial, sino que el tema se ha convertido en un motor de innovación. En Estados Unidos, donde la gestión de las autoridades ambientales ha sido más de policía que de colaboración, los avances han sido escasos. El caso colombiano está más cerca de Estados Unidos que de Europa.

Afortunadamente, la tónica podría estar cambiando. El hielo está empezando a romperse. Existen ya en Colombia ejemplos de trabajos conjuntos entre los diferentes actores, con resultados que son un llamado al optimismo y permiten visualizar un mejor futuro.

ONGs y grandes empresas

Desde hace aproximadamente dos años se viene dando con éxito una alianza entre algunos sectores productivos y ONGs ambientales con el fin de lograr la sostenibilidad en el largo plazo. Lo valioso de esta interrelación, como lo describe Bart Van Hoff en su columna (página 212), es que ha permitido a las ONGs entender que no es posible desligar la conservación ambiental del sector productivo y que hay que trabajar de la mano pues, inevitablemente, es este último quien tiene a su cargo la transformación de los recursos naturales.

En este frente se destaca la labor que viene realizando World Wildlife Fund (WWF) en el mundo entero. Esta ONG tiene claro que para lograr un mundo sostenible, es indispensable trabajar con las empresas que explotan los productos básicos. De hecho, como afirma Juan Carlos Espinosa, oficial de política ambiental de la entidad, esta es una tarea que se puede delimitar con claridad, pues en el mundo no hay más de 500 empresas multinacionales dedicadas a este objetivo. Por lo demás, con las fusiones y adquisiciones que se vienen dando, cada vez habrá menos.

La estrategia de esta ONG, conocida como Market Transformation Initiative, se concentra en sectores claves. En Colombia, WWF está trabajando con los sectores palmero y forestal.

WWF busca a las empresas que dominan el sector y trabaja directamente con ellas, con el fin de producir cambios desde adentro. Se genera un diálogo entre las partes para llegar a acuerdos con respecto a las prioridades de cada una. Con frecuencia hay dos visiones y se trata de llegar a un punto en común. Desde la perspectiva empresarial prima siempre la visión de negocio, mientras que, desde la WWF, lo fundamental es lo social y ambiental.

En el tema de la palma, el punto en común es la protección de los ecosistemas, para lo cual es fundamental no deforestar (ver la columna de Manuel Rodríguez, página 144).

Desde el año 2005, WWF ha estimulado la creación de mesas de diálogo internacionales para palma de aceite y soya. En la mesa de diálogo de palma, que es la pertinente para Colombia, el propósito es llegar a un acuerdo fundamental para la sostenibilidad de la palma de aceite en el mundo. El acuerdo será revisado en la reunión de la mesa que tendrá lugar en Kuala Lumpur, en noviembre próximo. Una vez firmado, se desarrollará un esquema para certificar las empresas.

En el sector forestal, WWF trabaja con Smurfit Kappa Cartón de Colombia, una empresa que tiene amplia trayectoria en gestión ambiental y entiende que ella tiene sentido no solamente desde la perspectiva de la responsabilidad social empresarial y del prestigio, sino que también es vital para el acceso a mercados.

Otra ONG que trabaja con las empresas es The Nature Conservancy, TNC. El enfoque utilizado consiste en dectectar desde el comienzo de un proyecto los posibles riesgos ambientales. En este momento está trabajando con la Agencia Nacional de Hidrocarburos en la evaluación ambiental estrategica de las zonas de exploración.

Biodiversidad

La gestión de las ONGs ambientales no se limita al trabajo con el sector empresarial. En el tema de biodiversidad, se ha reconocido que la ignorancia de la población sobre el asunto es una de las barreras más grandes para la preservación. Colombia es uno de los países más ricos del mundo en biodiversidad, pero esta riqueza sirve de poco si no la conocemos y no somos capaces de utilizarla de una forma que nos beneficie como país. En la actualidad, tan solo se conoce un 10% de lo que existe y, lo que es más grave aún, no somos concientes del valor de este patrimonio.

En el tema de elevar el conocimiento general y crear una mayor conciencia entre la población sobre el valor de la biodiversidad en Colombia, es importante el trabajo que viene realizando Conservation International, bajo el liderazgo de su director ejecutivo, Fabio Arjona Hincapié.

Esta ONG tiene como estrategia global enfocarse en la preservación de 34 hotspots en el mundo, inmensamente ricos en biodiversidad y especies endémicas, pero que se encuentran gravemente amenazados. Estas áreas constituyen tan solo un 1,7% de la superficie del planeta y contienen más del 60% de la biodiversidad. En Colombia hay tres de estas áreas, en el Chocó, los Andes tropicales y una parte del Caribe.

De acuerdo con Arjona, una de las principales razones de la mala intervención y el daño al medio ambiente es la ignorancia. La falta de conocimiento de la gente es catastrófica. Para cambiar los comportamientos de la población, Conservation International utiliza varias estrategias.

La primera es la realización de publicaciones y campañas que facilitan el conocimiento de las comunidades sobre su entorno y buscan hacerlas partícipes en su preservación.

Un ejemplo claro en este sentido es el del loro orejiamarillo. Hace unos años, esta ave estaba en proceso de extinción, al punto que en el mundo tan solo había 67 de ellas. Su hábitat natural, la palma de cera, era destruido sistemáticamente por cuenta de la utilización de sus hojas para la ceremonia del Domingo de Ramos durante la Semana Santa.

Conservation International desarrolló una campaña, en conjunto con medios de comunicación y con la Iglesia, para que los feligreses utilizaran otros tipos de palma, diferentes a la palma de cera. El resultado ha sido positivo y hoy existen más de 800 ejemplares de estas aves. El departamento de Antioquia decidió apropiarse de esta causa.

Otro ejemplo es el programa del Café de Conservación realizado en el Norte del Valle con la Federación Nacional de Cafeteros, entre la Serranía de Paraguas y el Parque Nacional. El propósito de este programa es mejorar la calidad de vida de los productores, lo cual se logra gracias a que el precio por el café de calidad especial que producen es el doble del de los otros cafés. El precio refleja no solo la calidad del grano, sino la conservación de la biodiversidad y el logro de una coherencia entre el paisaje y la actividad productiva.

Hay muchos otros ejemplos de colaboración efectiva entre ONGs y productores privados y es imposible mencionarlos a todos. Son muestras concretas de iniciativas efectivas de colaboración, orientadas a preservar la biodiversidad. El trabajo, sin embargo, es lento y requiere del involucramiento del resto de actores de la sociedad.

Las autoridades, al banquillo

Las discusiones y enfrentamientos también tienen como blanco a las autoridades ambientales. Desde la perspectiva de los ambientalistas, el país ha retrocedido en lugar de avanzar en el cuidado del medio ambiente por la decisión de fusionar los ministerios de Medio Ambiente y Vivienda.

Los ambientalistas también critican los procesos de otorgamiento de licencias que, a juicio de muchos, con frecuencia premian la inversión antes que la preservación de los ecosistemas. Por otra parte, señalan que los grupos de investigación en el Ministerio han sido desmantelados, especialmente en lo que se refiere a ecosistemas. Y afirman que lo mismo ha ocurrido con la Unidad de Medio Ambiente en el Departamento Nacional de Planeación, la cual ha sido prácticamente eliminada.

El ministro Juan Lozano, en entrevista con Dinero (página 96), responde estas inquietudes y afirma que, aunque todavía estamos lejos de lo que sería una situación ideal, las autoridades ambientales se han fortalecido y se ha trabajado bien en los temas de licencias, mapas de ecosistemas y la creación de indicadores ambientales nacionales y regionales.

La universidad

En los países que han avanzado más rápidamente en el tema, se ha identificado que el trabajo conjunto entre la academia y el sector empresarial es una condición indispensable para el progreso. Desafortunadamente, en Colombia esta colaboración es mínima, lo que dificulta el aprovechamiento de la biodiversidad desde una perspectiva de negocios.

Con respecto a este punto, el profesor de Harvard, Edward O. Wilson, una autoridad mundial en el tema, propuso en una reunión con la comunidad empresarial, organizada por la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes, la creación de alianzas de las empresas con organizaciones líderes en biotecnología. Wilson pone como analogía el caso de Arabia Saudita, un país dotado de una inmensa riqueza petrolera, que tuvo que aliarse con expertos para poder extraer su crudo. De la misma manera, Colombia, un país inmensamente rico en biodiversidad, podría buscar conocimiento y capital internacionales para desarrollar riqueza a partir de su recurso.

Definitivamente se requiere una actitud mucho más proactiva por parte de las empresas y también de las universidades, para trabajar en común en el desarrollo y divulgación de conocimiento científico para el aprovechamiento de la biodiversidad.

La universidad, además, puede jugar un papel decisivo en la transformación de la pyme hacia la sostenibilidad ambiental. Como se puede apreciar a lo largo de esta edición, muchas grandes empresas están comprometidas con el medio ambiente. Sin embargo, hay un vacío enorme en lo que se refiere a la participación de la pequeña y mediana empresa en estas iniciativas. Esto es particularmente grave en Colombia, donde el 95% de las empresas son pequeñas o medianas.

La pyme no cuenta con recursos técnicos, económicos y humanos para enfrentar los problemas de contaminación de sus procesos productivos. Está demostrado que en estas empresas es posible lograr grandes avances en la reducción de la contaminación, simplemente con mejoras menores en los procesos productivos. Sin embargo, la falta de capacitación de los gerentes de la pyme es uno de los peores enemigos de la conservación del ambiente. Las universidades podrían contribuir a resolver este problema. Apoyándose en estudiantes de semestres avanzados, podrían llevar a cabo talleres de capacitación con empresas de un mismo sector. Esto no solamente ayudaría a las empresas, sino que contribuiría a desarrollar profesionales más comprometidos con la sociedad y con la conservación.

El medio ambiente es problema de todos. Es natural que los actores centrales en el tema tengan posiciones opuestas en muchos campos, pero también es verdad que el enfrentamiento constante impide a cada uno lograr los objetivos que busca. Hacen falta más información y más iniciativas conjuntas que permitan reducir las distancias. Si Colombia quiere avanzar en el tema y hacer realidad las promesas que encierra su extraordinaria riqueza ambiental, deberá encontrar la forma para que el gobierno, los empresarios, las ONGs y las universidades sumen esfuerzos en una agenda común de desarrollo ambiental.
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