| 2/6/2009 12:00:00 AM

Soplan vientos de renovación

En el país está floreciendo una nueva forma de concertación entre empresarios y sindicatos. Atrás queda la beligerancia y la confrontación radical.

La primera enseñanza que recibió Germán Restrepo Maldonado cuando llegó a trabajar en la Compañía de Empaques, en 1972, fue que a las oligarquías liberales y conservadoras había que destruirlas. Sobre las cenizas de empresas y empresarios se construiría una nueva sociedad, se decía por aquella época. Esa escuela, promovida por la izquierda radical colombiana de corriente castrista, la puso en práctica Restrepo durante la mayor parte de sus 36 años de vida sindical, 29 de los cuales como presidente de Sintraempaques. Por aquel entonces, el diálogo no tenía cabida y las posiciones radicales y la confrontación estaban al orden del día. "Se planificaba cómo dañar la producción y la materia prima, se hacían tomas de las instalaciones y se anunciaba a los medios el inicio de la huelga sin que se hubiera votado", recuerda el sindicalista.

Al igual que Restrepo, decenas de líderes sindicales de Medellín 'crecieron' siguiendo al pie de la letra dichas orientaciones y fueron protagonistas de muchas crisis empresariales que tuvieron al borde de la quiebra a más de una empresa paisa, incluida la industria bananera del Urabá. Pero de unos años para acá, un grupo de esos mismos líderes sindicales de empresas como Compañía de Empaques, EPM, Argos, Coltejer, Leonisa y los trabajadores de más de unas 300 fincas bananeras, reunidos en Sintrainagro, entre otros, son los que ahora promueven un cambio de actitud, una renovación en las relaciones laborales y en la manera de ejercer el sindicalismo en Colombia.

En opinión de los sindicalistas, esta nueva corriente promueve un trabajo propositivo, independiente, democrático, amigo de la concertación y el diálogo con empleadores y Gobierno, al tiempo que es flexible frente al entorno económico, con sentido de responsabilidad social, prestador de servicios esenciales para sus asociados, respetuoso de la ley, ajeno y contrario a los actores armados ilegales y que pone el interés de mejoramiento de los trabajadores y del país por encima de las estériles confrontaciones antagónicas de clase.

Este cambio de mentalidad está dando sus frutos y ha permitido, por ejemplo, la estabilidad económica de empresas como la Compañía de Empaques; la salvación de otras como Coltejer; la racionalización de las relaciones laborales -como aconteció en Argos-, el reemplazo en algunos casos de las cooperativas de trabajo asociado por la figura del contrato sindical, la conservación de centenares de empleos y la creación de otros tantos, así como el fortalecimiento del sindicato de industria. Poco a poco se ha consolidado esta filosofía sindical.

A tono con las tendencias internacionales

Estas iniciativas no son ajenas a la transformación que ha venido registrando el movimiento sindical en el mundo, como asegura José Luciano Sanín, director de la Escuela Nacional Sindical. Según el analista, hay cuatro tendencias que reflejan claramente los virajes del movimiento sindical y que han tenido que ver, de una u otra forma, con los cambios políticos y económicos de los últimos 20 años.

La primera tiene que ver con la globalización. Sanín explica que en noviembre de 2006 se creó la Confederación Sindical Internacional, que congrega al 90% del sindicalismo del mundo, con una agenda unificada y actual, lo que representa un gran cambio frente a la división ideológica y política que reinaba antes, que daba pie a la proliferación de asociaciones católicas, anarquistas y comunistas, entre otras.

La segunda reconoce la importancia del sistema democrático dentro de este nuevo reacomodamiento. Otro avance significativo, pues durante décadas el sindicalismo radical fue contestatario y promovió el derrumbe de las sociedades y de las empresas.

La tercera se enmarca en el mejoramiento de las relaciones de los sindicatos con los empresarios y el Gobierno. En este sentido, la nueva confederación promueve el diálogo y la concertación, mientras que antes predominaba la lucha de clases.

Finalmente: el hecho de que ahora la expresión mayoritaria del sindicalismo se sitúe a la vanguardia de las tendencias mundiales y sostiene comunicación permanente con organismos multilaterales. "El de hoy es un sindicalismo cuya lógica, discurso y acción están en pos de los derechos fundamentales y su marco de referencia es la Organización Internacional del Trabajo", dice Sanín.

En este mismo sentido apuntan las observaciones de Alexandra Guáqueta, asesora de asuntos públicos de El Cerrejón, al mencionar la estrecha relación que se ha generado entre el sindicato de la minera y diversas ONGs internacionales que velan por los derechos de los trabajadores. En su opinión, los argumentos que adopta el sindicato pueden ser mejor entendidos y consensuados si las propias empresas se dan a conocer a estas mismas ONGs y estudian sus planteamientos.

La presencia internacional de sindicalistas colombianos fue puesta en evidencia durante la última semana de enero en Davos, Suiza. El Ojo Público, una iniciativa de las ONGs Greenpeace y Declaración de Berna, premió a Jairo Quiroz, presidente nacional de Sintracarbón, y a Freddy Lozano, presidente seccional en Puerto Colombia de este mismo sindicato, por los resultados de su trabajo a favor de miles de trabajadores de la mina de carbón El Cerrejón.

De otro lado, Ángela Rivas, coordinadora del área de sector empresarial y conflicto de la Fundación Ideas para la Paz, comenta que la literatura académica sobre cambios de postura y nuevas iniciativas de los sindicalistas viene en auge durante los últimos años, "una muestra del creciente interés por lograr una mayor comprensión de la relación entre trabajadores y empresas", afirma.

Botones para la muestra

Un caso ejemplar en el cambio de mentalidad de un movimiento sindical en el país se dio en la Compañía de Empaques donde, luego de años de duros enfrentamientos, el sindicato que lidera Germán Restrepo decidió proponerle a la compañía lo que ellos denominaron una convención al revés. "¿Qué necesitan que desmontemos?", les dijeron a los directivos de la compañía.

En un diálogo concertado entre trabajadores y empresa se tomaron decisiones que la salvaron. De esta manera, el sindicato renunció y cambió muchas prebendas insostenibles (antes irrenunciables), no se aumentó el salario durante un año, se eliminaron gastos innecesarios, se redujo el personal administrativo, se hicieron acuerdos de bonificaciones con los operarios y se convino aceptar el contrato sindical, una figura que le permite al sindicato servir de intermediario para contratar personal indirecto con la empresa y reemplazar así las cuestionadas cooperativas de trabajo asociado.

Actualmente, sin que dejen de existir tensiones de lado y lado, las relaciones laborales son cordiales, los trabajadores son conscientes de la realidad de la empresa, del país y del mercado internacional, participan activamente en soluciones para proteger el empleo e incluso en el desarrollo de tecnología. Los trabajadores tienen un mayor sentido de pertenencia y las convenciones se fijan a dos o tres años. Compañía de Empaques, por su parte, mejoró sus niveles de productividad del 50% al 90% y recuperó su nivel de generación de empleo.

"Lo más importante de todo este proceso es que pudimos generar y estrechar confianza entre las partes. Eso es fundamental para que un proceso de esta naturaleza dé frutos. Si existe esta confianza, todos los problemas que se puedan presentar, por graves que sean, se pueden solucionar entre las partes y así lo hemos hecho", sostiene el presidente de Compañía de Empaques, Pedro Miguel Estrada.

Un caso más reciente es el de Coltejer que, en 2007, llegó a un punto sin retorno cuando estuvo al borde de irse a liquidación. La única salida viable en ese momento era su venta a un operador internacional, el cual requería una empresa con una carga laboral liviana. Esto significaba que los trabajadores tenían que renunciar a la convención colectiva, una tarea nada fácil con el sindicato de esa época.

Fue entonces cuando, Gerardo Sánchez Zapata, presidente de Sintracontexa (sindicato de la industria textil), seccional de la planta de Rionegro, convocó a una asamblea a la que asistieron el 90% de los trabajadores en la que se votó una reestructuración de la empresa, lo que implicaba renunciar a la convención colectiva y al contrato individual de trabajo. Los trabajadores de Itagüí siguieron el mismo ejemplo. "Fue así como, la mexicana Kaltex compró la empresa, Ardila Lülle, ex dueño de Coltejer, creó una fiducia para garantizar el pago de las pensiones y pagó $120.000 millones en liquidaciones. El 70% de los 2.150 trabajadores que renunciaron, ya fueron reincorporados y se mantiene el sindicato de industria ", explica Sánchez.

En EPM, el abanderado de esta causa es Walter David Naranjo, presidente del sindicato de industria de los trabajadores profesionales de los servicios públicos domiciliarios. Explica que la pasada convención colectiva se negoció con base en intereses comunes. "Lo que buscamos en la negociación fue un sano equilibrio entre trabajadores y empresa, de modo que el clima laboral y la productividad fueran el objetivo común, enmarcados eso sí en la situación económica mundial y local. Por ello no hubo beneficios nuevos, sino más bien una actualización económica de los existentes, buscando mejorar los de mayor necesidad o impacto en los afiliados, como en el caso de vivienda, educación y salud".

Por su parte, Argos culminó un proceso de fusión de las ocho empresas cementeras que tenía dispersas por todo el país, en el que contó con el apoyo de sus trabajadores para reducir a una las tres convenciones colectivas existentes. De 500 artículos se redujeron a 30 los pactos laborales.

Argos mantuvo los derechos fundamentales que tenían los trabajadores, estos desistieron de aquellos considerados irracionales; se incorporaron los derechos fundamentales del trabajo consagrados por la OIT y por todos los tratados internacionales que ha firmado Colombia y se aprobó privilegiar la contratación directa con garantías de estabilidad.

Por su parte, los empresarios han empezado a entender que los problemas laborales no son del resorte interno y que, dependiendo de cómo manejen las relaciones con sus trabajadores, se pueden abrir o cerrar puertas en los mercados internacionales, donde la presión cada vez es más grande para que todos los trabajadores laboren en igualdad de condiciones.

Por eso, el desmonte de las cooperativas de trabajo asociado es acorde con la filosofía que predica el movimiento sindical de un trabajo decente para llevar una vida digna. En este sentido, el Grupo Empresarial Antioqueño ha optado por no contratar con este tipo de cooperativas. Así mismo, las directivas del hospital San Vicente de Paúl, en Medellín, anunciaron como acertada y fructífera la eliminación de la contratación de médicos y especialistas a través de esta modalidad. Ahora los vinculan directamente por nómina, lo que se traduce en mejoras del clima laboral del hospital y en la satisfacción de pacientes y usuarios, sin mayores costos laborales para la entidad y sin poner en riesgo la sostenibilidad financiera de la institución.
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