| 3/5/2004 12:00:00 AM

Sobre los peligros de la típica formacion en management

Se requiere una renovación en la formación tradicional que brindan las escuelas de negocios que les permita salir de la superficialidad y potenciar el desarrollo de sus estudiantes y egresados.

La formación profesional en distintas disciplinas se inclina hoy hacia temáticas muy especializadas, debido al acopio de información en cada campo y a la tendencia dominante a fragmentar cada vez más el conocimiento. Esa tendencia trae consigo una serie de peligros, como la miopía propia del especialista al subvalorar otros saberes pertinentes en su actividad y la visión de convertir en valores de la persona solo aquellos criterios de aplicación de su campo restringido de conocimiento (maximización del beneficio, optimización, agregación de valor, satisfacción del cliente, competitividad, productividad, etc.).

La orientación tradicional de las escuelas de negocios parece exponer a nuestros estudiantes y egresados a ciertos riesgos. Terminan por no distinguir entre las mentiras y las verdades de su saber, al tomarse muy en serio la falsa premisa: "todo conocimiento nuevo es verdadero". Eso los puede llevar, a su vez, a la falacia de razonamiento, que les hace creer que porque una verdad es importante, toda otra teoría previa es falsa. Con ello terminan cayendo en las modas gerenciales tan efímeras como dañinas, según lo ha demostrado el gran acervo probatorio de la investigación empírica en el mundo, desconocido "ingenuamente" en nuestras facultades y con menos ingenuidad en las consultoras nacionales e internacionales.

Corren también el peligro de caer en una actitud superficial, antiacadémica y antiintelectual, producto de la educación del mismo tenor que caracteriza a nuestras escuelas en Latinoamérica, muy influidas por una tradición estadounidense, ávida de herramientas y respuestas e inapetente de fundamentos y preguntas.

Pero tal vez el peor de los riesgos es el del "empobrecimiento espiritual" derivado de la actitud frente a la vida que trae implícita la educación en la mera mecánica de los negocios, que ha condenado a muchos a valorar el mundo solo en su dimensión de costo beneficio. Esa misma concepción trae consigo la visión reducida del semejante, solo como un cliente o proveedor y la visión de sí mismo únicamente como productor sumiso o consumidor acrítico.

La interdisciplinariedad es la vacuna recomendada para la prevención del encierro en lógicas parciales y para buscar bases epistemológicas sólidas al conocimiento administrativo. Es enfrentar la concepción de lo humano que se esconde tras el pensamiento y la práctica administrativos con la visión de las ciencias que tienen por misión simplemente entenderlo, no aprovecharlo. Es desprenderse de los imperativos del cómo hacer más rentable lo humano para comprender el qué y el por qué de su naturaleza. Solo así la administración, que entendemos como un campo apenas en construcción, podrá renovarse y evolucionar desde la superficialidad y el cándido pragmatismo que hoy la caracterizan, hacia una verdadera fundamentación humanística de su cuerpo de conocimientos. Por fortuna, algunos planes de estudio en las más importantes escuelas latinoamericanas empiezan a acoger ese propósito con una sana conciencia crítica.

Otra preocupación es por la identidad construida a lo largo de nuestra corta historia empresarial. Estudiarla constituye una buena opción profiláctica contra la manía de copiar lo que promueva el best seller de la semana. Colombia, como nos lo han enseñado varios reconocidos investigadores de las universidades Nacional, de los Andes, del Valle, EAFIT y otras más, cuenta con un pasado respetable y aleccionador en materias de conocimiento y gestión empresarial que sucumbió ante la arremetida de modelos exógenos.

Afortunadamente, varias facultades del ramo han decidido que no es tarde para rescatar este patrimonio histórico y han comenzado a investigar y a incluir en sus currículos tales hallazgos.



Francisco López Gallego, PhD, decano, EAFIT.
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