| 10/12/2007 12:00:00 AM

Semestre de empresa

Las prácticas en las empresas pueden ser una de las experiencias más valiosas en la formación de los estudiantes colombianos. ¿Cómo se manejan?

"Es lo mejor que puede tener el pénsum. Con el trabajo en empresas el estudiante confronta en la realidad los conocimientos teóricos que adquirió. Conoce la cultura organizacional. Aprende que las organizaciones no tienen solo aspectos técnicos, sino que tienen un componente humano". Así se refiere a los programas de semestres de práctica empresarial, el director del programa de administración en Eafit, Ricardo Uribe. "Ayudan a romper el celofán, a que vean más allá", añade.

Los semestres de práctica les ofrecen a los estudiantes una oportunidad de oro para hacer el tránsito de la universidad al trabajo y a las empresas para enriquecer su ambiente de trabajo con personas calificadas y entusiastas.

El caso usual en las carreras relacionadas con negocios como ingeniería industrial, administración o contaduría, es que las prácticas empresariales se hagan una vez en la carrera, durante seis meses.

En el otro lado del espectro está el modelo de la universidad de la Cámara de Comercio de Bogotá, Uniempresarial, que tiene establecido un sistema adaptado de Alemania y que ahora funciona en Bucaramanga, Cartagena, Cali y Armenia. Los estudiantes trabajan la mitad del tiempo desde el segundo semestre. El resultado lo destaca el rector de la universidad, Alejandro Cheyne.
 
De un lado, no menoscaba el desempeño académico: "hemos estado en los 15 primeros puestos de los Ecaes en los últimos cuatro períodos", afirma. Además, dice, hay 250 empresas que participan en el programa de pasantías y muchas han contratado a los pasantes después de su grado. Adicionalmente, encontraron que las empresas reportan que en el 84% de los casos, los estudiantes del programa aportan significativamente a la productividad de la firma.

Pero, ¿qué opinan los estudiantes de las pasantías? ¿Cómo deben ser? Los casos de éxito son muchos, pero también hay desastres bien notorios.

Posibilidad de crecer
Entre los primeros está el caso de Ana María Jiménez, administradora del Rosario, quien trabajó en el desarrollo de una herramienta de CRM para visitadores médicos en el laboratorio Boeringher Ingelheim. Allí estuvo al lado de un grupo de consultores argentinos y de la firma Deloitte. "Tuve muchas posibilidades de proponer. Fue [un programa] participativo, creativo, en el que tuve la posibilidad de aplicar mis conocimientos y aprender", señala.

Juan Camilo Largacha, administrador de negocios internacionales de la Universidad del Rosario, trabajó en mercadeo de Unilever con un resultado igualmente bueno. Participó en el desarrollo y la promoción de un producto desde su inicio. Partió con el desarrollo de la idea, los sondeos a los consumidores y el cambio en las fórmulas de los productos. Después estuvo completamente metido en la conformación de las estrategias para que el nuevo producto llegara a los hogares y luego en su lanzamiento.
 
Incluso distribuyó personalmente muestras del producto en los puntos de venta para observar las reacciones de los consumidores. Fue un entrenamiento con tareas similares a las de un profesional vinculado a la compañía. "Es una práctica pero uno se siente trabajando para ellos", dice.

Juan Pablo Arias, ingeniero industrial hizo su semestre empresarial en la mesa de dinero de Bancolombia, la más grande del país, ayudando a manejar la posición propia del banco en dólares. "Es un lugar donde se puede aprender mucho estando en contacto con el mercado y con los operadores del banco", dice.

Más que el salario
Pero el retorno de los entrenamientos no siempre está en lo que se aprenda de un oficio. "Salirse de la casa les aporta muchísimo", señala Ricardo Uribe. Esto para los estudiantes que trabajan fuera de su ciudad de origen o fuera del país

Es el caso de Santiago Zárate, ingeniero forestal de la Universidad Distrital de Bogotá. Se vinculó a los laboratorios de investigación de la Universidad del Estado de Oklahoma, donde hizo investigaciones sobre la rugosidad de tableros hechos por firmas madereras colombianas. Publicó recientemente un libro, y considera que uno de los elementos más enriquecedores es el intercambio cultural.

El trabajo fuera de Colombia o en entornos multiculturales es muy importante. De hecho es uno de los aspectos que se valoran en la selección de candidatos a empleos altos o a programas de postgrado. "Los que no tienen experiencia internacional no compiten con los que han trabajado en multinacionales o han salido del país", dice JoBeth Brudner, directora para América Latina del MBA Tour, una empresa que organiza eventos para reunir programas de MBA estadounidenses con candidatos extranjeros.

También se pueden hacer prácticas en entidades sin fines de lucro (gobierno, fundaciones, etc.), algo parecido a los semestres sociales. La asociación de universidades Ascún cree que esto debería ser obligatorio como una forma de contribuir a mejorar las condiciones de los sectores marginados. Consideran que el aporte del estudiante al desarrollo del país debe ser una experiencia curricular.

Fracasos también hay muchos. El rasgo común de los desastres está en que las empresas no están en disposición o en capacidad de formar a los pasantes. También ocurre cuando les dan a los estudiantes oficios simples que no tienen que ver con su carrera, cuando no valoran sus opiniones, o no les dan autonomía para sugerir o para tomar decisiones.

Lo que hacen en Eafit cuando identifican un caso así, es sugerirles a los estudiantes que tengan más iniciativa, que les muestren a sus empleadores que están en capacidad de ir más allá. Si el problema es muy serio, siempre queda la opción de cambiar de práctica.

Con éxitos y fracasos, los semestres de empresa pueden ser una de las experiencias más valiosas en la formación de los estudiantes colombianos. Por eso deben ser tratados con el mismo rigor con el que se planea y se orienta el resto del programa académico. Para probarlo basta hablar con los estudiantes.
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