| 9/19/2003 12:00:00 AM

Se necesita capital extranjero

Para crecer, Colombia necesita acceso a los mercados financieros internacionales en buena cantidad y a bajo costo. Hay que mejorar las condiciones, o las empresas sufrirán.

El paso de la abundancia a la escasez sintetiza lo que ocurrió con la participación de los países emergentes en los mercados internacionales de capital en los últimos 10 años. Durante la primera mitad de la década del 90, hubo acceso a capitales externos y, gracias a ello, hubo abundancia y optimismo. Desde finales de la década anterior ha ocurrido exactamente lo contrario. El acceso a capital es la llave del crecimiento. ¿Qué puede esperarse del comportamiento de este factor tan crítico durante los próximos años?

Las reestructuraciones de deuda, los defaults y las crisis financieras han ahuyentado de estos mercados a los inversionistas. Después de unos cuantos años durante los cuales los países emergentes fueron los consentidos y se convirtieron en un destino apetecido, a partir de 1999 estos países pasaron a ser exportadores netos de capital. De hecho, el año 2002 registró los menores flujos de capital hacia países emergentes en 10 años.

En 2003 se aprecia una recuperación, pero aún es incipiente y no se ve una tendencia clara hacia adelante. La recuperación se ha concentrado en la financiación de bonos soberanos, pues tanto el crédito bancario como la inversión extranjera siguen estancados (esto está ocurriendo con la inversión que llega en forma directa y también la que se canaliza por medio de inversiones de portafolio en acciones).

Las causas de ese comportamiento se encuentran tanto en los países desarrollados como en los países emergentes. En los primeros, la reducción del crecimiento económico en Estados Unidos y las turbulencias en los mercados financieros causaron una reducción de los fondos disponibles para canalizar hacia mercados emergentes. Cuando la burbuja del mercado de valores se reventó, millones de ahorradores en Estados Unidos y en el mundo entero enfrentaron grandes pérdidas y muchos incluso perdieron el ahorro que habían hecho para sus pensiones. En consecuencia, también se perdió la confianza y aumentó la aversión al riesgo, lo cual golpeó la deuda emergente, considerada de alto riesgo.

Los países emergentes viven las consecuencias de la volatilidad y los cambios de orientación. Tras la crisis de la deuda de la década del 80, la lección fue que la banca comercial internacional no podía continuar financiando el desarrollo de los países pobres, sino que debían crearse mecanismos para desarrollar un mercado de deuda pública que fondeara el crecimiento de estos países. Así se hizo, y durante buena parte de la década del 90 los países en desarrollo tuvieron acceso a financiación externa en condiciones muy favorables. Por primera vez, los inversionistas institucionales y no institucionales incluyeron en sus portafolios bonos de deuda externa de países emergentes.

La dicha duró poco. A raíz de la crisis de Rusia de 1998 y del deterioro económico en muchos de estos países, el acceso se fue cerrando. Las naciones perdieron grados en su calificación de riesgo, lo cual encareció el crédito y en muchos casos, como el colombiano, se perdió la calificación grado de inversión. En otras palabras, el mercado perdió la confianza en estos deudores.

Ahora, los países en desarrollo buscan construir condiciones que les permitan generar confianza de nuevo. Entre ellas están el mejoramiento de la supervisión bancaria y de los mercados de valores, el cambio en el manejo de la posición en activos y pasivos en divisas y, en general, el fortalecimiento de los fundamentales macroeconómicos.

Pero no es fácil despejar el camino. La deuda interna, en particular, se plantea como un serio obstáculo. Para contrarrestar el cierre del mercado financiero internacional y la reducción de los flujos de inversión extranjera directa, en muchos países se estimuló un amplio mercado de deuda interna. Esto permitió financiar a los gobiernos, pero hoy se ha hecho evidente que también implicaba consecuencias peligrosas. No es raro encontrar y, de hecho así sucede en Colombia, una alta concentración de las inversiones de las entidades financieras y los fondos de pensiones en papeles de deuda pública, lo cual constituye un riesgo enorme, particularmente en economías que, como la colombiana, están afectadas por serios desequilibrios fiscales.

Así, se consolida un círculo vicioso que derrota el propósito inicial. El acceso reducido a recursos externos lleva a un excesivo endeudamiento interno por parte de los gobiernos, lo cual a su vez induce un mayor cierre de los mercados, pues los inversionistas perciben que el país no va a poder atender los pagos de deuda en un futuro. Esto pasó en Argentina. La acumulación de pasivos públicos en los balances de las entidades financieras fue un decisivo factor desestabilizador que precipitó la crisis.

La conclusión central es que se necesitan ajustes profundos en las cuentas fiscales de las economías emergentes para que puedan normalizar su acceso a los mercados internacionales de capital. Todo vuelve al mismo problema de siempre. Para que los países tengan credibilidad respecto a que serán capaces de pagar sus créditos externos en el futuro, es indispensable que tengan una posición fiscal ajustada y robusta, capaz de soportar la volatilidad de la economía internacional.

Esta conclusión no es solo relevante para el sector público, sino que también tiene la máxima importancia para el privado. Los reportes de las agencias calificadoras internacionales no solo afectan la financiación del sector público, sino también el costo de capital para el sector privado. Si el problema no se resuelve, las empresas colombianas seguirán teniendo un acceso limitado a recursos de capital y a un costo más elevado que sus competidores de otros países. En una economía globalizada, esto quiere decir que entran en la competencia con una grave desventaja que podría ser irreversible. Este no es un discurso teórico de economistas, sino un asunto de la mayor importancia práctica, que decidirá la viabilidad de las empresas colombianas.
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