Se cierra Wall Street

| 4/28/2000 12:00:00 AM

Se cierra Wall Street

Con la noticia del referendo, los mercados de Wall Street se cerraron para Colombia. El más afectado es el sector privado. ¿Qué hacer?

Como un baldado de agua fría recibió Wall Street la noticia del referendo para revocar al Congreso y la consecuente demora en la aprobación de las reformas fiscales. Los días en que los mercados externos le daban a Colombia el beneficio de la duda y le tenían paciencia pasaron a la historia.

La propuesta del referendo les confirmó a los inversionistas internacionales algo que estaban presintiendo desde hacía rato: que Colombia tendrá que atrasar de nuevo sus reformas estructurales, las que deberían resolver el desbalance de las finanzas públicas y abrirle paso a una recuperación económica sostenible.



El mercado respondió con una velocidad que nadie esperaba. La calificadora de riesgo Standard & Poor's, que apenas en septiembre de 1999 le había disminuido la calificación de inversión a los papeles colombianos a grado especulativo, anunció un nuevo golpe: outlook negativo para la economía colombiana. Es decir, de acuerdo con la agencia, los bonos de deuda tienen un mayor riesgo de que su emisor, el gobierno colombiano, no cumpla con los inversionistas.



La reacción de los spreads de los bonos de deuda colombiana tampoco se hizo esperar: a pocas horas de la noticia del referendo, estos se ampliaron en más de 150 puntos básicos (1,5%), y se cotizaron a niveles similares a los de la deuda brasileña, algo impensable hace dos años. El mercado percibía cada vez más riesgo en los papeles de Colombia.



El resultado simple y llano es que hoy los mercados de crédito externo para Colombia están prácticamente cerrados. No valieron las diplomáticas declaraciones del director encargado del Fondo Monetario Internacional ante la visita del Presidente Pastrana y su ministro de Hacienda y que recibieron tanto despliegue en la prensa colombiana. A los ojos de los inversionistas y analistas de Wall Street, un referendo político a esta altura pospone sin duda la aprobación de las reformas fiscales, en las que la mayoría de los analistas internacionales habían fincado sus expectativas de ver unas finanzas públicas sostenibles que dieran soporte a un crecimiento económico satisfactorio.



Pero este no era solamente un cuento de los analistas. Por años, el gobierno salió a los mercados a vender esta idea y se comprometió repetidamente con la implementación de las reformas necesarias para salir del problema fiscal. No es entonces sorprendente la reacción de los mercados frente al anuncio de que, una vez más, se van a posponer las reformas económicas, las reformas claves para Wall Street.



La información obtenida por Dinero entre banqueros de inversión y analistas de Nueva York sugiere que los días en que los analistas internacionales aceptaban las explicaciones de los ministros de Hacienda colombianos o tenían paciencia con los titulares de la prensa colombiana, ya quedaron atrás. Justo durante la semana en que el ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, estuvo en Estados Unidos, tratando de explicar las consecuencias de los nuevos desarrollos políticos, el mensaje de los banqueros fue contundente: ya nadie cree que el referendo no vaya a ocasionar problemas en el frente económico. La financiación internacional del sector privado se va a restringir y la del gobierno se va a encarecer enormemente. En síntesis, el clima en Nueva York no es nada favorable a Colombia y ello se ve reflejado en las últimas publicaciones del influyente diario The New York Times.



¿Cuál es el costo?



El deterioro de la imagen de Colombia en los mercados internacionales tiene un costo que aún no ha sido evaluado. No es solo que el Gobierno tenga que pagar más intereses, porque sus emisiones se han vuelto más riesgosas. También para el sector privado resulta cada vez más difícil obtener financiamiento externo y, lo que es más grave, las posibilidades de consolidar ventas y alianzas con jugadores globales se hacen más remotas.



En el caso de la deuda pública, por ejemplo, si el gobierno saliera en este momento a colocar bonos con los spreads actuales tendría que pagarles a los inversionistas un rendimiento en dólares superior al 13% anual, muy por encima del 9,2% de Chile y del 12,6% de Argentina. Esta diferencia es enorme: por cada US$1.000 millones de deuda nueva, cada punto de spread representa US$10 millones por año en intereses. Así, Colombia tendría que pagar el doble que una buena empresa estadounidense y un 30% más que Chile por los recursos que necesita. Hoy por hoy, el valor total de los bonos de deuda en poder de inversionistas es de unos US$6.000 millones.



Para el inversionista en bonos de deuda de Colombia, principalmente los fondos de bonos e inversionistas colombianos como los fondos de pensiones, el aumento del spread implica una gran pérdida, especialmente si compró al 100%, como en las emisiones primarias. Por ejemplo, los bonos con vencimiento en el 2009, que fueron emitidos el 23 de abril del 99 (en su momento salieron a un precio del 97,7%) con un rendimiento de 9,75%, hoy se cotizan al 82%. Este desplome en el precio tiene un efecto nefasto: sobre esta colocación que fue de US$500 millones, los inversionistas internacionales ya perdieron US$82 millones, el 16,4% del valor de la inversión inicial que realizaron.



El empresario que busca financiarse en dólares tiene una situación igualmente complicada. Los benchmarks del banquero para fijar el costo del crédito son el spread y el precio al cual se vende la deuda colombiana en el mercado secundario. De los bonos colombianos que hay en el mercado, los más líquidos son los de vencimiento en el 2020, el 2009 y el 2004. Por ejemplo, si se escoge el bono 2004 como base, se está diciendo que el riesgo colombiano a cuatro años se paga con una tasa equivalente a la de los bonos del Tesoro estadounidense más el spread de ese bono. Como los bancos prestan a una tasa flotante, hacen la conversión a Libor más la prima por el riesgo país. El aumento de los spreads incrementa entonces el costo del crédito para los empresarios. Pero va más allá, porque a semejante costo es difícil que los proyectos sean rentables. Y ello, aunado a la incertidumbre sobre la economía en el corto plazo, y a la debilidad de algunos grupos económicos, ha llevado a los bancos a no querer prestar a más de dos o tres años. El temor generalizado de prestarle a Colombia también está conduciendo a un cierre del mercado para las empresas.



Por último, la magnitud de los spreads, o riesgo país, también afecta a los empresarios que buscan realizar sus activos o atraer inversionistas internacionales. Con los métodos de valoración comúnmente usados, en la medida en que los spreads se amplían, los inversionistas disminuyen sus ofertas por los activos locales (ver recuadro El riesgo país destruye valor).



Lo más grave es que toda esta situación de mala imagen externa termine afectando también la disponibilidad de recursos para las empresas en el mercado interno. Dos eventos explicarían esta situación. El primero se deriva del balance del sistema financiero. Hacia el futuro, la restricción de crédito más importante provendrá de la falta de recursos de depósitos en los bancos: sin crédito externo, la disponibilidad de recursos frescos se limita y el sistema financiero no podrá hacer crecer la cartera acorde con los requerimientos de la recuperación. La segunda razón es igualmente crítica. Al no haber privatizaciones o al haberlas al menos en US$1.000 millones por debajo de lo programado, el gobierno buscará nuevos recursos para sustituir el faltante. Con seguridad, va a tratar de colocar nuevos bonos externos. Pero seguramente también tendrá que acudir al mercado interno mediante la emisión de TES, lo que les dejaría menos espacio a las empresas privadas para financiarse.



Todo ello ocurre justo cuando el sector privado requiere capital, de acuerdo con estimativos de Dinero, del orden de los US$6.000 millones para sobrevivir y expandirse. Los spreads de los bonos colombianos se convierten en un costo de referencia para todo el financiamiento del país. Si los mercados externos están cerrados para los empresarios por el riesgo país y los precios de los activos son cada vez más bajos y el gobierno se chupa todos los recursos de la economía, ¿cómo podrá entonces haber inversión que garantice el crecimiento en el futuro?



¿Y ahora qué?



En momentos de turbulencia financiera internacional, las economías flexibles, en equilibrio macroeconómico y con un sector privado fuerte tienden a salir mejor libradas. En un momento en que el panorama financiero internacional se dificulta ante la volatilidad de la Bolsa de Estados Unidos, el referendo del presidente Pastrana le impone a la convaleciente economía colombiana una enorme vulnerabilidad.



Definitivamente, el timing del referendo no cuadra con el cronograma de ajuste para una economía en vía de recuperación. Por ello, las autoridades económicas deberían replantear algunos de sus instrumentos de ajuste y, preferiblemente, buscar que el referendo sirva para acelerar el programa de saneamiento fiscal.



En materia de ajuste, lo recomendable, ante la escasez de recursos externos para el sector privado, es no presionar mucho la demanda de recursos financieros internos. Las autoridades económicas tienen dos decisiones en sus manos. La primera es un recorte de gasto público de por lo menos $1 billón. Cuando la credibilidad fiscal del gobierno en el plano internacional está por el suelo y antes de que el FMI endurezca su posición en junio, o que el Plan Colombia termine financiado con mayor déficit fiscal, el recorte de gasto sería la mejor señal que le permitirá al gobierno pasar el chaparrón del referendo. El gobierno cuenta ahora con los estudios y las facultades permanentes para la reestructuración del Estado. El error fiscal no puede repetirse.



La segunda decisión es de orden financiero. A pesar de las incipientes presiones inflacionarias, el Banco de la República no debe endurecer sus metas monetarias, sino ­por el contrario­ aliviar la escasez de recursos del sistema financiero. Dos iniciativas pueden ayudar. De una parte, posponer por un año los $340.000 millones de inversión forzosa que deberá hacer el sistema financiero para cumplir con la ley de vivienda. De otra, aliviar la carga de la regulación con mejoras en la remuneración de los encajes.



Pero como la situación fiscal se hará particularmente crítica en el 2001, cuando el embrujo del petróleo haya desaparecido, sería conveniente que el Presidente y los partidos representados en el Congreso pensaran seriamente que el referendo político fuera acompañado de un referendo económico para adoptar nuevas reglas fiscales que garanticen la sostenibilidad de las finanzas públicas de mediano plazo. Este referendo podría adoptar dos modalidades. Se podría proponer un articulado explícito sobre temas como las transferencias o el gasto militar y de justicia. Alternativamente, se podría proponer conceder facultades extraordinarias al Presidente, por unos pocos meses, para modificar los artículos 356 y 357 de la Constitución que se refieren a las transferencias municipales, así como de las leyes dictadas en desarrollo de los artículos 48, 49, 67, 68, 150 y 151 de la Constitución sobre temas de seguridad social, educación y funcionamiento del Congreso, sin que el nuevo Congreso pueda derogar o modificar antes del año 2003 los decretos.



Si el gobierno aprovechara el cimbronazo político que ha generado con su proyecto inicial de referendo para adoptar verdaderas reformas fiscales, se mejorarían las condiciones del país en los mercados externos y la recuperación de la economía en lo que resta de gobierno podría no frustrarse.





Colombia perdió su buen nombre



Para Colombia, las condiciones de los mercados externos fueron muy favorables hasta mediados de 1997 y colocó bonos con mucho éxito. Las cosas empezaron a cambiar con la crisis de los países asiáticos y la crisis rusa del 98. Los inversionistas perdieron la confianza en las economías emergentes, lo cual amplió los spreads de los bonos de deuda de muchos países y condujo a las calificadoras a reducir las calificaciones de riesgo de muchos países. A la par con estos acontecimientos mundiales, Colombia había perdido terreno por sus dificultades internas.



El comienzo del gobierno de Pastrana despertó esperanzas en los mercados, que le dieron al país un margen de espera. Pero una vez en el poder, el gobierno se demoró demasiado en presentar las reformas y sucedió lo inevitable. Los inversionistas perdieron la confianza y las calificadoras, Moody's primero y luego Standard & Poor's le bajaron la calificación de riesgo al país. La consecuencia fue la ampliación de los spreads y el encarecimiento de la deuda. Al comienzo de su segundo año, el gobierno adquirió un segundo aire cuando anunció el acuerdo con el FMI para blindar la economía mientras se llevaban a cabo las reformas fiscales tan prometidas desde la época del ministro Guillermo Perry. Con la mayor confianza, los spreads se redujeron entre septiembre y diciembre de 1999. Pero esto habría de durar poco.



Después de haberse cotizado por años entre inversionistas institucionales como un papel de poco riesgo y un spread estable, el cambio de calificación de nuestra deuda hizo que los bonos colombianos pasaran a formar parte del paquete de bonos de países emergentes. Con un grado especulativo, las condiciones para los inversionistas son bien diferentes, pues en ellos se busca hacer grandes ganancias de corto plazo, lo cual depende mucho de la liquidez de los papeles. Como los bonos colombianos son poco importantes en el mercado ­su participación en el total de bonos medida por el EMBI (Emerging Market Bond Index) de JP Morgan es apenas del 1,5%­ y la enorme percepción de riesgo hacia el futuro paraliza sus transacciones, los spreads resultan superiores a los de papeles de países con la misma calificación. Así, los bonos colombianos, que cuando tenían grado de inversión se transaban a la par con los de Chile, pasaron a transarse después con los de México, posteriormente con Argentina y, últimamente, con los de Brasil.





¿Qué es el spread?



El spread o prima de los bonos de deuda del país sobre el rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos no es otra cosa que una expresión de la confianza de los inversionistas en Colombia; en este caso, desconfianza. En otras palabras, es la prima o sobreprecio que el país tiene que pagar para atraer a los inversionistas que de otra manera se irían hacia bonos de menor riesgo.





El riesgo país destruye valor



Después de haber trabajado como analista principal de Colombia en Standard & Poor's, Gallagher acaba de asumir la dirección de investigación económica para Latinoamérica en el CSFB.





Julio Torres



Vicepresidente de crédito para la región Andina, Centro América y el Caribe del Chase.



¿Cómo ve el Chase el acceso de Colombia al crédito externo?



El Chase solamente está trabajando con compañías colombianas blue chip o AAA o con sus clientes tradicionales, aunque con mucha cautela. Al deterioro que ya traía la economía colombiana, se le sumó ahora la inestabilidad legislativa. Por ejemplo, la Ley 550 de Intervención Económica es vista aquí con malos ojos y asusta a los bancos internacionales.



¿Cuáles son los problemas de esa Ley?



Son esencialmente dos. Primero, pone a los bancos en una posición de igualdad con los otros acreedores como el gobierno, vía impuestos y los trabajadores, vía pensiones, pero ­más grave aún­ con los accionistas. La Ley dice que cada dólar o cada peso del lado del pasivo tiene un voto, lo que quiere decir que en la mesa de negociación se sientan todos a decidir el futuro de la empresa. La realidad es que cuando el banco hace un préstamo supone que su plata tiene prioridad de repago sobre la de los accionistas, aunque sabe que está subordinado a los trabajadores y a los impuestos. Segundo, queda claro que el prestamista está en igualdad de condiciones con los accionistas minoritarios. En el papel, la ley se ve mal. Es demasiado "creditor friendly" o amigable al deudor a costa del acreedor.



¿Qué implica eso?



El Comité de Crédito con el que trabajo siente que está en una situación de desventaja con esta nueva Ley. Nosotros tenemos mucha deuda en Colombia y en este momento estamos en el proceso de reestructuración, que es el tema de moda en Colombia y estos procesos se hacen en Nueva York, porque se trata de paquetes sindicados internacionalmente.



¿Cómo ve la posibilidad de conseguir alianzas para el sector privado?



Difícil. Porque existe el headline risk. Imagínese el miembro de la Junta Directiva al que le proponen invertir en Colombia y lee el titular de las voladuras en Colombia. No va a estar dispuesto a invertir, aunque le pinten el mejor negocio del mundo. Empezando porque no puede ir a visitar la inversión o mandar a alguien a hacer el due diligence.





Arturo Porzecanski



Managing director, ING Barings



¿Cómo ve las condiciones para invertir en activos colombianos?



A Colombia no está llegando inversión porque hay incertidumbre acerca de quién controla el territorio y quién fija las reglas. Durante algún tiempo se enmascararon los problemas. Entre el Salto Social y los dólares del petróleo, el país pudo endeudarse a principios de los 90 de una manera muy holgada. Y con esto compró tiempo. De pronto, el deterioro durante el gobierno de Samper empezó a tener consecuencias muy serias. No se hizo nada contra la guerrilla; el acceso al crédito externo se fue acabando y además el Banco de la República cometió un error garrafal al insistir en sostener el régimen cambiario. Ese fue el último tiro en el pie, porque tuvo que defender el tipo de cambio con altísimas tasas de interés lo cual lo llevó a la peor recesión desde los 30. Las consecuencias fueron muy adversas: casi se hunde la banca y se desplomó el ingreso tributario.



¿Y el referendo?



Este gobierno nació sin un apoyo propio en el Congreso. Tuvo que hacer una coalición que funcionó un tiempo, pero se complicó con el tema de la corrupción. Si era o no el momento del referendo, yo no sé. Hay quienes afirman que debió esperar, pero el hecho es que lo hizo y le rebotó mal en el campo económico, porque tuvo que reconocer que la agenda de trabajo del Congreso se va a retrasar. Y aunque eso no impacta los resultados fiscales de este año, sí los de los años que vienen y, además, tiene impacto psicológico.



En esta nueva situación, ¿cómo va a estar el mercado para los bonos colombianos?



Hay un fuerte desliz de los bonos de deuda colombiana y el Ministro tuvo que venir a Washington y a Nueva York a recoger los platos rotos. Creo que va a ser muy difícil para él, porque la confianza de los inversionistas ya estaba muy frágil. La recuperación económica no es vigorosa, las metas fiscales se cumplen con dificultades y la agenda de reformas estructurales sigue demorada. Los pocos inversionistas que pensaban que Colombia era un país sólido con dificultades pasajeras han abandonado esa visión y lo ven como un país que tiene serios problemas. Claro está que Wall Street es bastante volátil y nunca se sabe, pero sí hay mucho pesimismo entre los inversionistas.





John Purcell



Managing director Salomon Smith Barney



¿Cómo ve la inversión en activos colombianos en este momento?



La evolución de los spreads y de los precios de los bonos colombianos explica lo que está ocurriendo. Los bonos migraron desde los inversionistas que compran papeles con grado de inversión a los que invierten en países emergentes. Los bonos de Colombia no era atractivos para los inversionistas de los países emergentes, porque la oportunidad de ganar mucho era muy baja, el país se comparaba con Chile e Israel. Pero a raíz de la crisis y la reducción de la calificación, esto cambió. Los inversionistas empezaron a percibir que en Colombia sería imposible que se dieran las privatizaciones, lo cual obligaría al gobierno a colocar más bonos. Esto, más la percepción de que la situación política es cada día más grave, llevó a que los bonos colombianos se depreciaran frente al resto de los países emergentes cuyos papeles estaban subiendo.



¿Y el referendo?



En los últimos días, a raíz del referendo, los precios de los bonos volvieron a caer. Tiene que ver con el negative outlook de S&P y con la desaceleración del proceso de mejoramiento de las finanzas públicas.



Con esta situación, ¿qué va a pasar con los spreads de los bonos colombianos?



La ampliación de los spreads tiene que ver con Colombia pero también con el mercado en general. En las últimas semanas, los papeles de deuda de países emergentes han caído por el temor de muchos inversionistas al riesgo excesivo. En Colombia, hay un headline risk y esto pone nerviosos a los inversionistas. Nunca se sabe cuándo de un día a otro vaya a haber una noticia que cause problemas a los precios de los bonos.



***La percepción de riesgo de la economía afecta de manera directa el valor de las empresas colombianas desde la perspectiva de los inversionistas internacionales. El último análisis de Santader Investment sobre Bavaria es revelador: el costo de oportunidad del capital (WACC) para valorar la empresa pasó de 14,1% a 16,5. Esos dos puntos porcentuales de aumento significan que el valor de la cervecera disminuyó cerca de US$200 millones, si se considera el valor de hoy de su flujo de ingresos en el futuro. Si se traslada este análisis al conjunto de las empresas inscritas en bolsa, el resultado es aún más interesante: el 2% de aumento por la mayor percepción de riesgo del país podría significar que las empresas perdieron un valor equivalente a US$3.700 millones. Peor aún, las inscritas representan el 30% del sector privado en Colombia, lo que indicaría que el valor destruido en todo el conjunto empresarial colombiano podría superar los US$10.000 millones.





Lacey Gallagher



Directora CSFB



¿Cómo ve el Credit Suisse First Boston las condiciones para invertir en activos colombianos?



Difíciles. Colombia perdió su credit worthiness por el deterioro de las finanzas públicas. La esperanza era que Pastrana reversara esta tendencia, pero la agenda económica se ha demorado demasiado. Las reformas son indispensables para mejorar las perspectivas económicas. El sector público está sobredimensionado y las finanzas son muy débiles. Basta ver cómo el servicio de la deuda total sobre el PIB es más alto que en Argentina o Venezuela. El otro tema es el del sector bancario. El gobierno ha estimado en un poco más de 6,0% del PIB el costo de salvar la banca, lo que es realmente alto y se suma a la carga de la deuda.



¿Y el referendo?



Colombia necesita las reformas económicas para la recuperación de su economía. Incluso para que la estrategia de paz sea exitosa se requiere una economía sana. Pero, ¿por qué hacer un referendo ahora? Si el asunto político es el foco, las reformas se van a demorar. Lo grave es que las reformas ya se han demorado muchos años y la deuda pública ha crecido, lo cual ha aumentado el costo de los intereses y cada vez será más difícil reversar su tendencia, como en el caso de Brasil.



En esta nueva situación, ¿cómo va a estar el mercado para los bonos colombianos?



Si las reformas se hacen el año entrante solo tendrán efecto en el 2002. Este es realmente el asunto y se refleja en los spreads. La incertidumbre es demasiado alta y el mercado contaba con la implementación de esas reformas y, aunque digan que pueden compensar los faltantes, esto va a ser difícil. Además, el gobierno colombiano no ha mostrado un panorama despejado.



Oganes es uno de los analistas de Colombia en el grupo de investigación económica de JP Morgan. Le hace seguimiento diario a la economía colombiana.



Este peruano boliviano, doctorado en la Universidad de Chicago, trabajó 3 años en el FMI y desde 1997 forma parte del equipo económico de Goldman Sachs.





Luis Oganes



Vicepresidente JP Morgan



¿Cómo ve JP Morgan las condiciones para invertir en activos colombianos?



Creo que la palabra es incertidumbre. Antes del referendo, estábamos buscando la confirmación de que la recuperación económica sí se estuviera dando porque los indicadores todavía estaban bastante mezclados. También veíamos con optimismo que las reformas se habían empezado en serio.



¿Y el referendo?



En medio de todo vino lo del referendo y al principio no se entendió muy bien. Pasaron dos días durante los cuales no se sabían los alcances, pero cuando salió el mismo ministro Restrepo a decir que el proceso de las reformas se iba a dilatar, se produjo un desastre. S&P publicó su negative outlook para Colombia, lo cual golpeó muy fuerte. El mercado nunca pensó que las calificadoras se pronunciaran tan rápido. Lo que calmó el mercado fue la declaración del FMI, que, aunque no fue muy positiva, apoyaba el referendo y el apoyo de Washington fue definitivo. Pero el spread ya se había ampliado.



En esta nueva situación, ¿cómo ve el mercado para los bonos colombianos?



Hay interrogantes. Este año no habrá reformas, salvo que el Presidente saque un as de la manga. Las privatizaciones se van a dificultar aún más y lo del nuevo Congreso genera inestabilidad jurídica. ¿De dónde va a sacar recursos el gobierno para financiar el déficit? Una alternativa es conseguir más recursos en el mercado externo, lo cual será difícil porque el costo ha subido con la ampliación de los spreads y, aunque bajaran en el futuro, el hecho de que haya más emisión vuelve a presionarlos al alza.





Federico Kaune



Vicepresidente Goldman Sachs



¿Cómo ve Goldman Sachs las condiciones para invertir en activos colombianos?



Hasta hace poco, la visión de Colombia era sencilla y clara. El 99 había sido difícil, pero en el 2000 habría crecimiento entre 1,5 y el 2,0%, con una cuenta corriente y una inflación bajas, un déficit fiscal que se iría reduciendo, no al 3,6%, pero por lo menos 3,8 - 3,9%, y además unas medidas estructurales que, si no se habían pasado, estaban por pasarse. Pero las cosas han cambiado y ahora es un país distinto, sin reformas, con una economía que no va a crecer tanto y, lo más grave, con incertidumbre política.



¿Qué piensan del referendo?




Lo que más molesta es el retraso de las reformas. El timing es la gran pregunta. ¿Por qué elegir este momento cuando se sabía que era clave para pasar las reformas? No va a haber reformas, solo referendo y revocatoria de los poderes al Congreso. El nuevo Congreso que se instale en diciembre tendrá que dedicarse al presupuesto y para pasar las reformas económicas que de todas maneras no eran fáciles, el presidente Pastrana tendrá que renegociar nuevas alianzas. Si las reformas pasan en el 2001, sus efectos se sentirán en el 2002. En el más corto plazo, se presenta la duda de que se haga un gran consenso nacional al estilo de siempre y, por tanto, el gobierno tendría que cederle mucho al partido Liberal y no se sabe qué pueda salir de todo esto.



En esta nueva situación, ¿cómo va a estar el mercado para los bonos colombianos?



Cuando el gobierno emitió bonos en noviembre por US$500 millones y luego en febrero, primero por US$500 millones y luego por US$250 millones, la historia era que se estaba reemplazando financiamiento previsto para el segundo semestre en vista de que las privatizaciones se estaban demorando. Pero en Nueva Orleans todo cambió. Era claro que el gobierno ya no iba a poder privatizar todo lo que quería y que tendría que salir de nuevo al mercado en la segunda mitad del año para conseguir entre US$500 y US$1.000 millones. Al oír esto, la gente no se sorprendió mucho porque pensaba que si Colombia volvía al mercado con las reformas económicas listas y una economía recuperada no habría problema. Pero con lo del referendo esto ya no es posible.



El solo anuncio de una nueva emisión amplía los spreads.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.