"Revolcón" contable

| 2/8/2002 12:00:00 AM

"Revolcón" contable

Colombia tendrá que adoptar estándares internacionales de contabilidad, a partir del 2005. Esta transición luce dolorosa. Hablan los expertos.

La contabilidad, que hasta hace poco pasaba inadvertida para el común de los mortales, está de moda. Gracias a la quiebra de Enron (ver Dinero No. 149), la contabilidad pasó al primer plano de la atención internacional y ahora es objeto de aguda controversia en círculos estatales y privados, que ponen en entredicho su efectividad para reflejar la realidad económica de las empresas. El escándalo de Enron ha servido para revaluar el papel de la contabilidad estadounidense, considerada como ejemplar, y ha puesto sobre el tapete la importancia de contar con información financiera confiable para los mercados de valores. Esta discusión toma un cariz más relevante en momentos en que el mundo se prepara para dar el primer paso de lo que será uno de los puntos críticos de la integración del comercio internacional: la adopción de un estándar único de contabilidad que lo rija. Actualmente, la Junta de Estándares de Contabilidad Financiera de Estados Unidos (FASB, por su sigla en inglés) y la Junta de Estándares Internacionales de Contabilidad (IASB, por su sigla en inglés), los entes rectores de la contabilidad en el mundo, discuten los términos para la creación de un ente único cuyos estándares sean aplicables universalmente. La globalización de la contabilidad ha sido acogida con entusiasmo por la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Comunidad Económica Europea, que a partir del 2005 tomarán medidas decisivas al respecto.



En este contexto, las empresas que quieran competir internacionalmente a partir de ese año no tendrán alternativa: o aplican los estándares internacionales de contabilidad, o salen del juego. Sin embargo, en Colombia, su aplicación se ve limitada por una rígida normatividad que consagra principios en desuso.



El problema es serio. La adecuación de las normas contables colombianas implicará una reforma profunda del régimen comercial, el estudio de los correctivos necesarios ya empezó tarde y, al parecer, el mecanismo de solución que viene impulsando el gobierno va en la dirección equivocada.



2005: odisea contable



La adopción de estándares contables uniformes se viene discutiendo desde la década pasada, en el marco del proceso de globalización económica. Solo si se dispone de información financiera transparente y comparable que fluya libremente entre los diferentes países, será posible internacionalizar el comercio. Así lo entendió la OMC, que, desde su creación en 1995, declaró la adopción de un cuerpo único de estándares de contabilidad como tema prioritario. De este modo, su Consejo para el Comercio de Servicios acordó el 1 de enero del 2005 como fecha límite para que sus 130 países miembros, entre ellos Colombia, se ajusten a parámetros internacionales en lo referente a contabilidad, auditoría y calificación de contadores profesionales.



El 2005 será un hito histórico. Paralelamente a las disposiciones de la OMC, a partir de ese año, la adopción de los estándares internacionales de contabilidad (IAS, por su sigla en inglés) emitidos por la IASB, será obligatoria para todas las empresas inscritas en las bolsas de valores de los países miembros de la Comunidad Económica Europea. Así mismo, para ese año está programada la puesta en marcha del Area de Libre Comercio de las Américas (Alca), en donde la adopción progresiva de un estándar uniforme de contabilidad será decisiva para su desarrollo y buen funcionamiento.



El punto de fondo consiste en crear un idioma contable único, que permita a los inversionistas de cualquier país entender y comparar la realidad económica de cualquier empresa, mediante sus estados financieros. Sin embargo, los estados financieros elaborados en Colombia no permiten alcanzar ninguno de estos objetivos.



Las diferencias técnicas entre las normas colombianas y los estándares internacionales es enorme. Cualquier empresa colombiana que quiera participar en los grandes mercados del mundo tiene que reexpresar por completo sus estados financieros. Esto les sucedió al Banco de Bogotá y al Banco Ganadero cuando ingresaron sus acciones a la bolsa de Nueva York. El proceso de aprobación ante la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC, por su sigla en inglés), que normalmente duraría un par de semanas, les tomó más de un año mientras conciliaban las diferencias entre la contabilidad colombiana y la de ese país. "En la práctica, las empresas colombianas, nacionales o multinacionales, que comercian en el exterior deben llevar una doble contabilidad: la que se ciñe a las normas locales y la que obedece a los estándares internacionales", comenta Samuel Mantilla, director del departamento de ciencias contables de la Universidad Javeriana.



Pero la contabilidad colombiana complica el desarrollo de los negocios incluso dentro del país. Los principios de contabilidad y auditoría aceptados en Colombia, regulados mediante el Código de Comercio, la Ley 145 de 1960, la Ley 43 de 1990 y el Decreto 2649 de 1993, además de ser bastante amplios, se establecieron con base en prácticas internacionales que estaban vigentes hace más de 20 años. La evolución de las empresas ha generado múltiples situaciones y hechos económicos cuya interpretación contable no está contemplada en las normas. Estos vacíos en la ley han sido llenados por la Dian y las superintendencias, mediante resoluciones y circulares que legislan sobre la contabilidad de aspectos puntuales aplicables a las empresas bajo su vigilancia. De este modo, se ha creado un caos normativo en el que cada entidad de vigilancia y control legisla en materia contable. El resultado: una maraña de normas incoherentes y contradictorias.



El caso de los ajustes por inflación es diciente. El Decreto 2649 de 1993 estableció que estos deberían aplicarse a activos no monetarios como inventarios, plantas y equipos. Posteriormente, la Ley 488 de 1998, sin ningún sustento teórico, eliminó estos ajustes para los inventarios. Por su parte, en el 2000, la Superintendencia Bancaria ordenó la eliminación de todo ajuste por inflación de los estados financieros de las empresas que vigila. "La incoherencia en las reglas afecta la comparabilidad de los estados financieros y hace que su interpretación se limite a conocedores de la filigrana normativa de cada entidad", comenta Virgilio Baquero, de Ernst & Young. Para Oscar Darío Morales, director de Andersen en Colombia, "esto hace que los estados financieros de dos empresas del mismo sector puedan diferir bastante en rubros, como pasivos pensionales, diferidos y valoración de inversiones, cuya contabilización varía según la superintendencia a la que reporten".



En opinión de Mantilla, el problema radica en la estructura legal de la contabilidad en Colombia. En países desarrollados, la emisión de estándares de contabilidad está en manos de un ente profesional independiente, que los revisa y actualiza según las exigencias del entorno. En Colombia, esta función está en manos del Estado, que debe fijarla mediante leyes, así como regularla y velar por su aplicación (ver recuadro). "En esencia, Colombia ha tratado de solucionar jurídicamente un problema netamente económico", comenta Mantilla. En este contexto, cualquier cambio de fondo en los principios de contabilidad requeriría una reforma legislativa, proceso político inherentemente lento.



Estos problemas no son nuevos. Los gremios de contadores vienen discutiendo su solución desde hace más de 20 años. Si bien algunas de sus iniciativas se tradujeron en desarrollos importantes, como la Ley 43 de 1990 y el Decreto 2649 de 1993, hasta el momento no ha sido posible efectuar ninguna reforma de fondo dada la falta de colaboración entre sus miembros y las rencillas entre las firmas nacionales e internacionales, hecho reconocido incluso por representantes activos de la profesión como David Aguirre, socio de KPMG. "Nos ha faltado liderazgo".



IAS: adoptar en vez de adaptar



Sin embargo, en las actuales circunstancias, la reforma de la contabilidad colombiana no da más espera. En la práctica, el acuerdo de la OMC y la puesta en marcha del Alca significarán que, a partir del año 2005, las empresas colombianas que pretendan participar en los principales mercados de capitales del mundo, gestionar empréstitos con bancos internacionales, administrar franquicias en y del exterior o negociar directamente con alguna empresa extranjera tendrán que manejar su contabilidad conforme a los estándares IAS.



El gobierno ya tomó cartas en el asunto. El artículo 63 de la Ley 550 de 1999, de reestructuración empresarial, dispone la revisión de las normas de contabilidad y auditoría con miras a armonizarlas con los estándares internacionales. Para tal fin, el Ministerio de Desarrollo conformó un comité interinstitucional para la revisión de las normas contables en el que tienen asiento 7 entidades públicas. Así mismo, mediante un crédito del Banco Mundial, el Ministerio de Hacienda contrató con la Universidad Javeriana un estudio para el diagnóstico y búsqueda de soluciones de los problemas de la contabilidad en Colombia, cuyos resultados fueron remitidos en mayo del 2001 a la Superintendencia de Sociedades para su análisis.



Actualmente, el estudio es discutido por este comité interinstitucional. La idea es acordar el texto de un proyecto de ley que implemente las reformas pertinentes antes de que finalice el 2002. Las recomendaciones del estudio, que no se han dado a conocer públicamente, abogan por la creación de una estructura similar a la existente en países desarrollados, en donde un ente profesional independiente se encargue de emitir estándares de cumplimiento obligatorio.



El logro de un consenso en la materia es urgente. Colombia ya está rezagada en la era de la globalización frente a Perú, Ecuador, México y Guatemala, que ya utilizan estándares internacionales de contabilidad.



Expertos como Mantilla han manifestado su preocupación por que las determinaciones de un consejo interinstitucional conformado por representantes del Estado promueva unas reformas sin la profundidad requerida. "En Colombia, muchos todavía pretenden reinventar la rueda. Los estándares contables ya están desarrollados. Más que armonizar la contabilidad colombiana con la internacional, se deben adoptar los estándares internacionales. Tenemos que echar a la basura --sin miedo-- las normas contables obsoletas". El futuro de las empresas es el que está en juego. "Los tratados de la OMC y el Alca, a la postre, obligan a las empresas, no al gobierno. Aun si este último decide no adoptar los estándares internacionales de contabilidad, las empresas que deseen competir afuera tendrán que aplicarlos, lo quieran o no", advierte.



Virgilio Baquero, Ernst & Young.Oscar Darío Morales, Andersen.Samuel Mantilla, Universidad Javeriana.*David Aguirre, KPMG.Daniel Feged, Deloitte & Touche.Eduardo Calero, PricewaterhouseCoopers.
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