| 2/6/2004 12:00:00 AM

Reducir la desigualdad

La seguridad sin prosperidad no es posible. Tampoco lo es la prosperidad sin seguridad. La única forma de lograr un mundo más seguro es reducir los niveles de pobreza. Esto se consigue con un mayor desarrollo económico en los países pobres.

Actualmente, 2.000 millones de personas en el mundo viven con menos de US$2 dólares diarios y la probabilidad de que esta situación empeore es muy alta. El 80% del crecimiento de la población mundial previsto para 2050 se va a dar en los países pobres. Esta realidad asusta y preocupa a los líderes mundiales pues saben que sobre ella tienen que actuar.

Una manera de hacerlo es ayudar al fortalecimiento del sector privado en los países pobres, ya que es ahí donde está la base del desarrollo, al menos, así lo demuestra la experiencia en los países ricos.

La gran pregunta, sin embargo, es cómo hacerlo, ya que el problema en los países en desarrollo no es falta de talento, sino de confianza entre la gente y entre ella y las instituciones.

Para Juan Villarozu, presidente y CEO de Codelco, Corporación Nacional del Cobre de Chile, la manera de hacerlo es con la colaboración del gobierno. "Cada uno hace su parte. Esto fue lo que ocurrió en Asia y Chile". Así, el gobierno provee un ambiente favorable para los negocios y el sector privado, a su vez, aprovecha las oportunidades de inversión y provee capital financiero, entrenamiento, herramientas gerenciales y conocimiento. De este modo, las empresas se convierten en buenos ciudadanos y los beneficios del crecimiento pueden ser compartidos por todos.

De otra parte, las grandes multinacionales que están en prácticamente todos los países pueden aportar mucho al desarrollo. En la mayoría de los casos, estas compañías son incluso más ricas que los países y, de hecho, cada vez se espera más de ellas.

Así lo han entendido y muchas de ellas ya se han involucrado activamente con las comunidades de los países donde operan. Lo bueno del nuevo concepto de responsabilidad social es que no se trata de caridad, en el sentido de regalar para acallar la conciencia, sino de involucrarse para que la ayuda que se suministra tenga un impacto real. Para asegurar que así sea, las empresas están midiendo la eficiencia de las inversiones que dedican a estos proyectos de la misma forma que miden la efectividad de las demás inversiones en el negocio central.





“Prefiero hablar de responsabilidad social, en lugar de filantropía, porque las empresas tienen que pensar de qué manera encajan y cómo contribuyen a la sociedad”,

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