| 3/6/2009 12:00:00 AM

Recursos para el desarrollo

Es prioritario encontrar opciones de financiamiento y articularlas para que cubran todas las etapas de la educación.

A lo largo de las últimas dos décadas, Colombia ha probado diversos modelos en los diferentes niveles de la educación. Existe una experiencia valiosa que ha permitido identificar estrategias y mecanismos que funcionan. Es urgente tomar estos aprendizajes y llevarlos a una escala de operación mayor a la que han tenido hasta ahora para responder al incremento en la demanda y conducir a Colombia a los lugares donde debe estar en en el ámbito internacional de la competitividad.

Aunque la oferta de opciones de financiamiento ha crecido en los últimos años, se ha concentrado en la educación superior, mientras que los esfuerzos públicos y privados para proveer recursos a las etapas de formación básica continúan siendo incipientes y desarticulados.

En primera infancia, las iniciativas públicas han dispuesto mayores recursos a salud y nutrición y el fruto de esta inversión repercutirá en un mejor desempeño académico de las generaciones futuras. Sin embargo, aún es necesario ampliar la cobertura para que más niños disfruten de las ventajas de estos programas. Por su parte, la inversión privada ha modernizado el acercamiento pedagógico a los menores, pero acceder a dichas iniciativas continúa siendo un privilegio de pocos. Se requieren alternativas de financiación que permitan a más familias alcanzar estas opciones.

En educación básica ya se ven los resultados de las estrategias de Antanas Mockus a su paso por la alcaldía de Bogotá, en lo concerniente a cultura ciudadana y al fomento de la noción de acción colectiva. Además, se avizoran excelentes resultados de iniciativas como las que el Distrito Capital emprendió durante la administración de Luis Garzón, al fortalecer los programas de alimentación en las aulas públicas.

En cuanto a los colegios privados, estos han mostrado dificultades para ofrecer alternativas de financiamiento a sus estudiantes, situación que debería cambiar. Otras iniciativas privadas, como la de apadrinar escuelas, han demostrado sus ventajas y se han convertido en polos de desarrollo en zonas aisladas o desatendidas, pero están atomizadas y desarticuladas.

En el nivel de la educación superior, es necesario buscar una mayor eficiencia de las diferentes ofertas -que van desde la posibilidad de asegurar el futuro de los hijos a partir de edades tempranas por parte de los padres, hasta mecanismos para que los mismos estudiantes sean quienes financien su estudio una vez graduados- y buscar una reducción de los riesgos en el retorno a la inversión. Para ello se debe lograr una mejor articulación entre la financiación de los estudios superiores y los requerimientos del mercado laboral, para que, además, se adelanten más estudios a nivel de maestría y doctorado.

En cuanto a la financiación de las propias instituciones, en educación superior las alternativas de financiación por vías diferentes al cobro de la matrícula abundarán y se enmarcarán, principalmente, en el fortalecimiento de las relaciones con el sector privado, en la creación de centros de emprendimiento y en iniciativas enfocadas a la innovación e investigación aplicada.

Otra fuente de recursos descubierta por las instituciones de educación superior, está representada por las donaciones con motivaciones altruistas y filantrópicas. Colombia debe entrar en la cultura que se vive en Estados Unidos, donde las personas desarrollan una relación con su alma mater y se despierta la motivación en los ex alumnos por hacer aportes económicos.

El financiamiento de la educación no puede seguir siendo un peso para las finanzas públicas; este es el pilar de la competitividad del país y necesita de acciones coordinadas. Las instituciones deben diseñar estrategias para acceder a los recursos que las harán liderar los procesos de transformación del país.

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