| 9/4/2009 12:00:00 AM

Recesión impulsa demanda de posgrados

La apuesta nacional por mejorar la educación de sus profesionales incluye nuevos programas de posgrado, alianzas con universidades en el exterior y financiamiento de maestrías y doctorados.

Contrario a los pronósticos que se tenían en algunas universidades del país, la recesión económica no frenó el interés de los colombianos por los programas de educación continuada. Es más, la misma se convirtió en una motivación para los profesionales de fortalecer sus conocimientos, dar mayor valor agregado a sus hojas de vida y prepararse para acceder a las oportunidades que se presenten en el mercado laboral.

Las maestrías y doctorados, que hasta antes de la crisis de finales de los 90 no registraban una gran demanda debido a los costos y exigencias de tiempo, hoy están despertando el interés de los profesionales. De acuerdo con los datos del Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología, entre 2002 y 2005 se graduaron en el país 94.387 estudiantes de posgrado (0,24% en doctorado, 7,83% en maestría, y el resto en especializaciones) y la dinámica de crecimiento continúa su ritmo hasta la fecha.

Aunque no se tienen estadísticas actualizadas de este crecimiento, Carlos Angulo Galvis, rector de la Universidad de los Andes, afirma que en los últimos dos años "la demanda por cupos en posgrado presentó una mayor dinámica que en épocas anteriores". Desde 2007, ninguna universidad revela el porcentaje exacto de este incremento en la demanda de cupos para posgrado, pero aseguran que supera los dos dígitos. Esta tendencia ha llevado a las universidades a crear programas de posgrado, a diseñar nuevos mecanismos de financiación y a fortalecer las alianzas con universidades internacionales. Con esta última estrategia se busca ampliar las opciones para los estudiantes, brindar acceso a programas de intercambio y ofrecerles la posibilidad de recibir doble titulación.

De acuerdo con Salomón Frost, director del Instituto de Posgrados Forum de la Universidad de la Sabana, "hoy, los estudiantes prefieren estar más preparados para enfrentar no solo esta crisis sino las futuras que se puedan presentar. Esto implica grandes retos para las entidades educativas porque no se trata solo de tener el mayor número de estudiantes, sino de garantizar la calidad de los programas y la efectividad a la hora de enfrentarse al mercado laboral".

En este mismo sentido apuntan las declaraciones de Carlos Arroyave, vicerrector académico de la Escuela Colombiana de Ingeniería y del licenciado Miguel López Montemiel, director del Tecnológico de Monterrey, sede Medellín: "generalmente, en época de crisis, la gente busca la forma de afianzar sus conocimientos con la idea de ser más competitiva en en materia laboral frente a un mundo globalizado y con cambios radicales en el ámbito político, económico y social. Por esta razón, los responsables de las entidades educativas tenemos la obligación de responder ante dichas expectativas", dice López Montemiel.

Arroyave añade que "cada vez las crisis serán más recurrentes, por lo que la primera condición para enfrentarlas exitosamente, deberá ser la flexibilidad. Esto incluye la capacidad de aprendizaje permanente, de interactuar con el mundo, de comunicarse de manera amplia y en otros idiomas y, principalmente, de tener disposición al cambio para adaptarse a las diferentes necesidades.

Los desafíos

Según las universidades, las preferencias de los estudiantes siguen inclinadas hacia los posgrados de gerencia, administración y economía, áreas donde también se concentra la mayor oferta de cupos. No obstante, en coyunturas económicas como la actual los países requieren que el recurso humano esté mejor preparado en áreas de ciencia y tecnología, investigación, matemáticas, física experimental, gerencia de riesgos, relaciones internacionales y todo lo que se oriente a la innovación.

Para Luis Fernando Gamboa, profesor de la facultad de economía de la Universidad del Rosario, "la oferta en programas de posgrado en Colombia debe replantearse. Si bien las crisis inciden en una mayor demanda de cupos, lo cual se convierte en un punto a favor para las entidades educativas, también implica tener presente a dónde se quiere llegar. En países como Colombia, esta coyuntura es particularmente difícil porque, de un lado, las condiciones socioeconómicas hacen que aún sea un lujo tener acceso a este tipo de programas y, de otro, porque no hay la suficiente demanda en el mercado laboral para todos los profesionales que se especializan en las diferentes áreas".

En opinión del rector de la Universidad La Gran Colombia, Jorge Galat, el país debería enfocar su sistema educativo hacia la investigación y el emprendimiento: "hay que desarrollar incubadoras de empresas dentro de las universidades para garantizar que en el futuro crezca la oferta de empresas viables y, así mismo, se generen nuevas oportunidades laborales". Por ello, esta universidad ha puesto en marcha los programas Incubar Colombia e Incubar Armenia, orientados a la reducción de los índices de desempleo, "con una oferta orientada a lo que hoy requiere el país: gente innovadora, dispuesta a investigar, experimentar y hacer nuevos descubrimientos que tengan impacto en el empleo", sostiene Galat.

Los rectores de las diferentes universidades del país coinciden en que una economía de escasos recursos debe priorizar la formación de alto nivel, enfocándose en dos aspectos. El primero, encauzar los recursos hacia los programas de doctorado, pues el país genera en promedio alrededor de 100 doctores anuales, mientras en México y Brasil esa cifra asciende a 2.000 y 9.000, respectivamente. El segundo, hacia la búsqueda de la competitividad, en procura de equilibrio entre la demanda del mercado laboral y la oferta del recurso humano con énfasis en la intensidad horaria y de conocimientos que demanda el sector privado.

Gamboa opina que el capital humano es el punto de partida del crecimiento, la equidad y el desarrollo sostenible. "Los programas tradicionales continúan siendo importantes, pero la crisis implica priorizar en el largo plazo; es decir, formar profesionales en áreas de ciencia y tecnología. De lo contrario, se estaría alimentando una trampa de pobreza y el resultado sería la pérdida de competitividad ante los mercados internacionales", dice.

La coyuntura actual es una oportunidad para el sector educativo y, a la vez, un reto para que las instituciones de educación superior revisen sus programas con el fin de responder al panorama que se prevé durante los siguientes años. Así mismo, es un llamado a realizar inversiones en educación con miras a la rentabilidad de largo plazo. "La crisis actual ha dejado mal paradas algunas áreas del conocimiento, un reto adicional para las escuelas de posgrados en el mundo y para quienes consideren hoy en día sus planes de inversión de largo plazo", agrega Gamboa.

Inversión a la fija

Los profesionales buscan algo más que un diploma que acredite su conocimiento en un área determinada. El acceso que tienen a la información a través de medios de comunicación e internet, hace que estén mucho más informados sobre la oferta que tienen las diferentes universidades para elegir la opción más ajustada a sus expectativas.

En muchos casos, los jóvenes recién egresados optan por elegir universidades del exterior para realizar sus estudios de posgrado, hecho que, si bien es importante para el desarrollo personal y profesional de los individuos, no garantiza que el país se beneficie de los conocimientos adquiridos, pues muchos buscan oportunidades laborales en el exterior.

Esto ha generado cambios relevantes en algunas universidades que hoy se preocupan por ampliar la oferta de programas a través de internet y por afianzar los convenios con universidades del exterior. Andrés Chiappe Laverde, director de la maestría en Informática Educativa, de la Universidad de La Sabana, dice que la universidad ha comprendido la enorme importancia de la incorporación de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en las dinámicas académicas de la educación superior y, en ese sentido, ha trazado una serie de estrategias y acciones enlazadas al plan de desarrollo institucional, de manera que impacten transversalmente durante toda la vida universitaria.

"Desde el Centro de Tecnologías para la Academia, la institución ha diseñado un programa de Maestría en Informática Educativa, cuyo propósito es impulsar el ejercicio de incorporación de las TIC en la realidad de las instituciones educativas en Colombia y proponer ejercicios investigativos que permitan ampliar las fronteras del conocimiento en esta materia", explica Chiappe. Además, para la Universidad de la Sabana es claro que la educación virtual se viene fortaleciendo en el país y, por tal razón, está desarrollando nuevos espacios para ajustarse a esta realidad, generando un impacto institucional y social significativo.

El Tecnológico de Monterrey avanza en esta misma dirección. De acuerdo con el licenciado López Montemiel, "el uso intensivo de medios electrónicos de comunicación se ha convertido en uno de los nuevos modelos educativos en la institución".

Actualmente, la Universidad Virtual del Tecnológico de Monterrey atiende a más de 96.000 estudiantes en todo el mundo, en programas de maestría y educación continuada. "Estamos modificando el formato hacia un modelo ejecutivo para adecuarlo al mercado colombiano y atender la necesidad de los ejecutivos que buscan formación de calidad sin límite de tiempo ni espacio", afirma el licenciado, haciendo énfasis en que las maestrías virtuales que ofrecen cuentan con asesorías presenciales y viajes de estudio a México, que les permiten a los estudiantes tener un componente presencial en algunos de los programas académicos.

Por su parte, la Corporación Unificada Nacional de Educación Superior (CUN) trabaja en el aprovechamiento de nuevos medios en su modelo pedagógico. Según su rector, Mauricio Alvarado Hidalgo, la universidad ha adoptado un modelo de formación por internet que pone al servicio de la educación los más recientes avances en tecnología y comunicaciones. Para ello, desarrolló un software denominado Moodle, orientado al desarrollo de sitios web para impartir los programas de posgrado que demanda el mercado laboral.

La Escuela Colombiana de Ingeniería también avanza en este mismo sentido. Para Carlos Arroyave, vicerrector de esta institución, "la globalización les impone a las universidades el reto de trabajar con mecanismos internacionales y de interactuar con la academia en todo el mundo. En este sentido, es fundamental el aprovechamiento de internet para brindarles mejores oportunidades a los estudiantes".

A la dinámica oferta de posgrados, tanto presenciales como virtuales, se suman los programas dirigidos al sector corporativo, cuyos trabajadores no cuentan con el tiempo suficiente para tomar programas de posgrado y demandan alternativas que les permitan estar en la universidad sin tener que ausentarse de sus oficinas.

Así lo ilustra el hecho de que, hace tan solo cinco años, el 90% de los programas en la Universidad de los Andes eran abiertos, mientras el 10% eran corporativos. Hoy, la relación es 50% corporativos y 50% abiertos. Este es un claro ejemplo de la tendencia de las universidades del país por reforzar los programas educativos para el segmento empresarial.

Igualmente, están los programas de Alta Dirección Empresarial, como el que tiene el Inalde, y el MBA de esta misma entidad educativa, mediante el cual se trabaja con metodología de caso, de Harvard Business School, sobre hechos reales para que los empresarios adquieran mejores herramientas para enfrentar futuras crisis.

El sector educativo nacional dio un gran paso en la formación de capital humano, anteriormente un privilegio de pocos, al permitir el acceso de un mayor número de personas a crecientes alternativas de formación. Hoy es posible contar con profesionales más capacitados, competitivos y dispuestos a generar propuestas que impliquen cambios relevantes para el futuro del país.

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