| 7/20/2006 12:00:00 AM

Quindío Café, creatividad y esperanza

En 1993 se incorporaron los primeros conceptos de expertos que veían un diamante en bruto en el departamento para desarrollar el turismo rural.

"Quindío es un verdadero Edén como bien se ha llamado su aeropuerto". Con esta frase nos identificaron durante muchos años. Un territorio pequeño en extensión pero muy grande en desarrollo. Gracias a la labor del Comité de Cafeteros, este departamento se convirtió en uno con los mejores índices a la hora de medir la calidad de vida de sus habitantes.

Gracias a la denominada bonanza cafetera, pudimos liderar acciones interesantes en esta parte del país, producto del compromiso del gremio que, con honestidad y tesón, reinvirtió las ganancias del grano en vías, acueductos rurales, escuelas y otras obras de infraestructura, que hoy se convierten en un factor determinante a la hora de evaluar las condiciones para vender servicios.

Con la crisis del café, a principios de la década del 90, empezó el cambio que nos llevó a despertar y dejar la dependencia del monocultivo. Esto quizás fue adverso, pues vivir en medio de la comodidad se pudo convertir, entre muchos sectores productivos, en un elemento que obstaculizó la creatividad y dejamos que otras regiones lideraran procesos de industrialización que hoy sentimos.

La situación nos empezó a inquietar. Pero la dificultad llevó a los genios a pensar en que esta tierra con las condiciones que había dejado la buena época del café, sumada a su hermosísimo paisaje, podía venderse como destino turístico, atendiendo procesos globales que se compartieron con otras latitudes como España y Costa Rica, por citar algunos.

A alguien se le ocurrió alquilar la primera finca, y ahí fue el despegue. En menos de 10 años, el ascenso del turismo fue vertiginoso y hoy es ejemplo en América Latina por los procesos que se han adoptado y los resultados obtenidos. Somos el segundo destino de Colombia y el primero en la modalidad de turismo rural.

Con las primeras experiencias se fueron abriendo las posibilidades y en 1993 se incorporaron los primeros conceptos de expertos que veían, con total acierto, un diamante en bruto aquí para desarrollar el turismo rural o turismo verde que hoy nos hace famosos. La experiencia ha sido interesante, pero no ha sido la tabla de salvación, si comparamos la actividad con todas sus ganancias con lo que fue la época de oro del café. No nos podemos quejar, pero la denominada industria sin chimeneas ha sido un elemento importante a la hora de dinamizar la economía regional.

Este esfuerzo se complementa con otros, que en diversos campos adelantan empresarios que, sin perder la fe y manteniendo siempre la creatividad, han incursionado en otros campos del conocimiento para desarrollar unidades productivas que se suman hoy dentro del concepto de la "diversificación cafetera". Somos turismo y algo más. Somos aroma de café lleno de ilusión, que se comparte con la mejor gente del mundo, dispuesta a dar todo de sí para hacer de esta tierra un escenario lleno de posibilidades.


* Presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Armenia.

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