| 2/16/2007 12:00:00 AM

Prueba ácida

Mientras se buscan oportunidades de comercio internacional y el consumo en el país crece, la logística y las redes de valor aumentan su papel en la estrategia de las empresas. Estudio deGS1 Colombia.

La agenda comercial de Colombia avanza rápido. Por un lado, entró en la fase de aprobaciones el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, mientras adelanta un acuerdo similar con los centroamericanos. Pero, por otro, la Unión Europea, Canadá y el ingreso como miembro de los países de la Cuenca del Pacífico también son prioridades para el gobierno nacional.

En ese escenario, una de las variables definitivas es la logística y Colombia tiene como uno de sus desafíos convertirse en un país más competitivo, atendiendo mercados más globalizados, donde la eficiencia se mide por la satisfacción del consumidor final. El crecimiento del comercio internacional va de la mano con el aumento en el consumo interno en el país que, según un análisis de Invamer Gallup para Dinero, en dos años aumentó 18%. Si se resta la inflación de 2005 y 2006, este incremento bordea el 8%.

Mejorar la infraestructura logística es una de las prioridades (ver artículo página 92). Según la Cámara Colombiana de la Infraestructura, la entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos incrementará en 40% los volúmenes de comercio bilateral y los sobrecostos por no contar hoy con una infraestructura adecuada son de cerca del 20%.

Sin embargo, esta no es la única preocupación. La competitividad en la logística no está solo en adecuar la infraestructura, sino también en alcanzar mejores estándares en la operación del día a día para ofrecer lo que realmente busca el cliente: el producto correcto, en la cantidad requerida, en las condiciones adecuadas, en el lugar preciso, en el tiempo exigido y al menor costo posible.

Si se mira en forma individual, parece tarea fácil. Pero cuando se habla de los grandes volúmenes que mueven las compañías productoras y de las estrategias de recepción que deben adelantar las empresas de comercio, cualquier desfase o error puede ser castigado por el consumidor.

GS1 analizó diferentes variables —agotados, indicadores de nivel de servicio y sincronización de procesos—, para ver el comportamiento de las empresas colombianas.

"Los resultados fueron muy interesantes. El porcentaje de agotados en supermercados se redujo, mientras que los pedidos perfectos aumentaron. El estudio deja dos grandes conclusiones: una, hay que seguir la tendencia de mejoramiento; y dos, muchos de estos resultados se han logrado, gracias a un trabajo conjunto entre proveedores y cadenas para alcanzar eficiencias, donde todos ganen", explica Rafael Flórez, director de GS1 Colombia.

Los resultados
Los agotados son una de las pruebas ácidas para definir qué tan eficiente es la operación logística. En los últimos 5 años, en los supermercados se ha bajado el nivel de agotados en casi 50%. Es decir, de cada 100 productos que busca un consumidor en este canal, antes no encontraba un poco más de 13. Hoy no están en la góndola 7. Esta reducción se da en un momento en que el consumo en el país viene creciendo, pero su impacto es muy grande. Por un lado, según cálculos de GS1, esto podría significar cerca de $1 billón en ventas perdidas. Y, por otro, de las personas analizadas, cerca del 60% compra los productos que buscaba, pero no reemplaza los agotados, y casi el 40% no compra ningún producto, ni siquiera los que encuentra disponibles.

Por regiones, la Costa Atlántica y Bogotá tienen los mayores porcentajes de agotados (10,5% y 8,9%, respectivamente). En la primera, por las distancias con los centros productivos se pierde capacidad de reacción ante cambios de demanda. En la capital, el incremento en el consumo se refleja en la poca disponibilidad de producto. De hecho, la principal variable para que se presenten agotados en este canal se refleja en los pedidos insuficientes o en que el proveedor no entregó el producto, esto significa que una de las prioridades es la planeación de la producción y de las ventas para que el nivel de agotados disminuya, pero sin aumentar los inventarios.

En el caso de los autoservicios, los agotados se mantuvieron en el nivel del 7% de 2005 a 2006. Las causas más importantes son que el producto no ha sido solicitado por las tiendas y que la cantidad pedida es insuficiente. Y en las tiendas, que según ACNielsen, tiene el 43% del mercado del comercio, se realizó por primera vez una medición en Bogotá donde el nivel de agotados llegó al 20%, siendo el canal donde más oportunidades de mejoramiento se pueden lograr. Allí, el comportamiento del consumidor es diferente al de supermercados: casi el 30% de ellos compra otro producto y solo el 16% se va sin comprar nada.

"La tienda satisface necesidades de los consumidores por cercanía, cantidades de producto personalizadas y por la menor destinación de tiempo para realizar compras. Buscar un diferencial de una tienda a otra podría ser la garantía de tener menos productos agotados y alcanzar una mayor satisfacción del cliente", dice el estudio.

Para que los niveles de agotados disminuyan, las empresas deben adelantar estrategias que las lleven a mejorar los pedidos entregados perfectos. Es decir, a tiempo, en las cantidades y referencias solicitadas y con la documentación adecuada. En 2002, este indicador fue del 62,2% y para 2006 llegó a 68,4%.

En cuanto a los motivos por los cuales los pedidos no son entregados a tiempo, más del 50% obedece al incumplimiento en los horarios de transporte o de recepción de los productos; mientras que cerca del 60% de pedidos no entregados completos corresponde a faltantes en el inventario del proveedor.

Esto significa que las empresas deben afinar la eficiencia en la planeación para su producción. Y queda aún más claro con otra prueba ácida del estudio: la exactitud en el pronóstico de ventas, que se refiere al porcentaje de referencias que cumplen los pronósticos establecidos. El resultado general para 2006 en esta variable fue del 48,6%, es decir, "hay un alto nivel de incertidumbre en la definición de los planes de la demanda, lo cual genera un impacto negativo en el comportamiento de indicadores y procesos", dice el estudio. Y agrega: "Hoy, las organizaciones tienen grandes oportunidades de incrementar la disponibilidad y uso de la información clave que refleje la forma en que se ejecuten las estrategias y los planes de negocio y los equipos de trabajo deben estar más orientados al logro de las metas y retos, siempre bajo la vigilancia de indicadores de desempeño".

Sin duda, en los últimos años, las empresas y el comercio han hecho un esfuerzo por alcanzar mayores eficiencias. Cerca de 2.000 empresas hoy —95% pequeñas y medianas— comparten información con las cadenas.

Allí, con una herramienta de GS1 —Cabasnet—, todas las semanas, proveedores y cadenas comparten la información del comportamiento de sus productos en los puntos de venta en términos de unidades vendidas e inventario.

"La sincronización y el uso de la información de los datos de venta tienen un impacto muy importante en dos variables: una, el nivel de servicio se refleja en mejores estándares en los pedidos entregados completos y a tiempo; y dos, eso les permitirá tener menos agotados", dice Flórez.

Si bien los resultados tienen una mejoría, el reto es lograr una mayor eficiencia en toda la red de valor, para tener una mayor competitividad y rentabilidad.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?