Posgrados en el ciberespacio

| 11/5/1999 12:00:00 AM

Posgrados en el ciberespacio

La competencia ya no es con los niversidades que brindan programas virtuales desde cualquier parte del mundo.

Son las 2:25 p.m. Pablo está en Cartagena, Juan en Manizales, Claudia en Santiago de Chile y Andrés en Madrid. A pesar de las distancias, en cuestión de segundos los cuatro compartirán el mismo "espacio" con 20 personas más de todos los rincones del planeta que están haciendo una maestría en administración. Ellos se encontrarán en la clase de estrategia que dicta el profesor Gabriel Ruiz desde Ciudad de México. A las 2:30, de acuerdo con lo planeado, empieza la conferencia y el profesor despliega una a una las diapositivas de su presentación en Power Point. Pablo tiene una pregunta, el profesor recibe una señal de alerta y se detiene para resolver la inquietud, se abre el debate y todos empiezan a discutir. Al cabo de una hora, Ruiz se despide como de costumbre de los 24 alumnos que nunca ha visto y a quienes posiblemente nunca conocerá. Se acabó la clase, todos se desconectan de la red y vuelven a sus actividades.



Aunque la situación parece sacada de una novela de ciencia ficción, no es más que la descripción de un día común para los alumnos de la maestría en administración de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB, en asocio con el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, México. El sistema ha tenido tanto éxito que ya se han graduado 800 alumnos de programas netamente virtuales con títulos del mismo valor de cualquier programa 100% presencial.



Hoy la educación virtual, otra de las fronteras que abrió internet, tiene pensando a las universidades colombianas debido a que la competencia dejó de ser local. La rivalidad en posgrados ya no es con los actores de siempre. Ahora la pelea es contra el Virtual College de la Universidad de Nueva York y el Tecnológico de Monterrey, por nombrar solo algunos casos.



¿Qué han pensado al respecto nuestras universidades? Unas lo manejan desde hace varios años como la Autónoma de Bucaramanga, que tiene programas completamente virtuales; y otras están conscientes de la competencia y exploran posibilidades, pero hasta el momento solo utilizan internet como una herramienta de apoyo a sus programas, sin que llegue a constituirse en su fundamento.



"Hemos intentado utilizar la tecnología. El salón tiene en cada puesto una conexión a la red y por medio de ella el alumno puede acceder a las bases de datos de algunas empresas y trabajar sobre ellas", afirma Harold Koch, director del MBA del Icesi en Cali. Además de utilizar internet como una herramienta netamente de aprendizaje, los estudiantes hacen los exámenes del MBA por la red. "Esta es una manera de meterse cada vez más en la red", dice Koch, quien ve muy clara la competencia y que con su marcado acento gringo, como él mismo dice, agrega: "Si las universidades hispanoamericanas no avanzamos en el tema, nos van a comer, porque los jóvenes ahora buscan la conveniencia. Ya no hay tiempo de llegar a la universidad, buscan facilidades y calidad". Y es claro, si Colombia no invierte ahora en educación virtual, a largo plazo va a terminar de seguidor y no de pionero como podría serlo ahora.



Los programas virtuales ofrecen flexibilidad de horario, espacio, tiempo y precio, pero no son para todo el mundo. La deserción es alta.





Otro caso interesante es el de la facultad de Administración de la Universidad Javeriana, donde algunos profesores como Ignacio Vélez Pareja han desarrollado páginas de apoyo para sus estudiantes. En el diplomado de Decisiones de Inversión, por ejemplo, él creó una página muy completa con las presentaciones que da en clase, material de consulta, lecturas, libros enteros... Además, tiene una especie de buzón para que los alumnos dejen sus preguntas y por esta misma vía sean resueltas y registradas para que puedan ser consultadas por los demás estudiantes. Esta herramienta, como dice Pareja, "es solo un aporte para los cursos presenciales", pero no reemplaza a la clase como tal.



Lo bueno, lo malo y...



Dentro de todas las ventajas de la educación virtual están la flexibilidad de horarios, espacios, tiempo; la mayor calidad en los programas que resulta de la competencia mundial y la reducción en los costos fijos de las universidades, lo que puede traducirse en una disminución en los precios para los alumnos.

"El estudiante decide cuándo, cómo y dónde quiere aprender. Además, el programa permite la sincronía de los presenciales y la asincronía, una de las bases de la flexibilidad", dice Claudia Salazar, coordinadora pedagógica del sistema de educación virtual de la UNAB.



Esta total autonomía estudiantil implica un cambio de hábitos, es "aprender a aprender" de otra manera, adaptarse a la división del tiempo y del espacio y requiere del estudiante una autodisciplina al límite.



Por su parte, el profesor también tiene que hacer un importante cambio de hábitos, al adaptarse a enseñar por medio de una pantalla de computador, dictarle clase a una cámara de video y además reforzar la confianza plena en sus alumnos, ya que a la hora de las pruebas y los exámenes no tiene manera de cerciorarse de que Juan Rodríguez hizo el examen y no su amigo Pedro Valbuena que tiene un PhD.



"Si las universidades hispanoamericanas no avanzamos, nos van a comer", Harold Koch, director del MBA de Icesi, Cali.















Para Carlos Franco, del Icesi, el problema de la educación virtual es que el contacto personal no es fácilmente sustituible.





Para adaptarse al cambio, la UNAB ha planteado una inducción para los estudiantes, ya que los profesores en su gran mayoría son del Tecnológico de Monterrey y llevan varios años de carrera virtual. Por eso, antes de empezar las maestrías en junio, los 239 estudiantes matriculados deberán pasar el curso del alumno virtual, que dura 5 semanas y que consiste principalmente en aprender a comunicar sus ideas mediante un medio electrónico y de manera escrita.



Otra de las grandes ventajas de la universidad virtual es la posibilidad de acceder a profesores e instituciones de varias nacionalidades, a equipos de trabajo diversificados que enriquecen los cursos con perspectivas y experiencias diferentes. Ya no es necesario pensar en viajar a otro país e incurrir en elevados costos en dólares para obtener intercambios culturales. Ahora la posibilidad se abre desde casa y a costos razonables.



Claro que no todo es color de rosa. Estos programas no están hechos para todo el mundo, porque algunos alumnos no soportan ver al profesor en una pantalla y abandonan el programa. Para Carlos Franco, director del departamento y de la especialización en administración del Icesi, el problema de la educación virtual es que el contacto personal, una fuente importante de motivación para los estudiantes, no es fácilmente sustituible. En España, por ejemplo, hay bastante deserción en los posgrados virtuales.



Harold Koch, por su parte, quien ha reconocido que una de las ventajas de la educación virtual se halla en la competencia, dice que "la educación no es una transacción para comprar dentífrico, es personal y esto se pierde frente a un teclado, se pierde la magia". Flexibilidad, cobertura, calidad y tecnología versus impersonalidad y desconfianza. El debate está abierto.
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