| 9/14/2007 12:00:00 AM

Negocios verdes

Ahora que el país y las regiones están definiendo su política y estrategia competitiva hacia el futuro, la biodiversidad y el impulso de industrias, productos y servicios bajo principios de desarrollo sostenible deben ser prioritarios en la agenda nacional.

¿Cuál fue la última gran novedad en el portafolio de productos de exportación de Colombia que se ganó un espacio en los mercados internacionales y convirtió al país en uno de los proveedores más reconocidos? La respuesta más cercana es tal vez el desarrollo y consolidación del negocio de las flores. La próxima podría estar en el aprovechamiento de la biodiversidad y el medio ambiente del país.

Lejos está la época en que el medio ambiente y sus recursos eran sinónimo de trabas, permisos y burocracia que dificultaban los negocios. "Muchas empresas y mercados en el mundo entendieron que en la ola ambiental había oportunidades en la búsqueda de mayores eficacias. Hoy, se habla de desarrollo de estrategias y búsqueda de nuevas oportunidades a partir del ambiente", explica Eduardo Uribe, consultor ambientalista.

Precisamente, es aquí donde Colombia podría encontrar hacia el futuro esos nuevos productos y servicios de exportación que se conviertan en la punta de lanza de la estrategia competitiva. "El desarrollo económico y el medio ambiente son socios. Esto tiene varios significados: uno, que la rentabilidad no compite con la protección del ambiente; dos, que a mayor nivel de protección ambiental mayor capacidad competitiva; y tres, que los retos ambientales van de la mano con la reducción de la pobreza", explica Juan Lozano, ministro de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial.
 
"No invertir en preparar nuestros sectores productivos para competir con base en producción limpia, pone en riesgo nuestra base exportadora en el mediano o incluso, en el corto plazo", señala Lozano, al recordar que mercados desarrollados, como Estados Unidos y Europa, exigen cada vez más el cumplimiento estricto de normas ambientales con rigurosos protocolos y estándares, mientras que los consumidores demandan productos más amigables con el medio ambiente.

Con esta advertencia en la agenda, muchas empresas han logrado darle un nuevo impulso a sus negocios a partir de la consideración ambiental, entendiendo que este factor será decisivo para la consolidación de sus negocios.

Dónde se mueve Colombia
Nuestro país, en el corto y mediano plazo, tiene en su agenda el desarrollo de varios negocios que tienen como prioridad el medio ambiente y el desarrollo sostenible.

El primer gran ejercicio está en marcha y podría convertirse en uno de los negocios nacientes de mayor impacto: los biocombustibles. En este sector, Colombia empieza a tener una participación importante en América Latina. Según el Ministerio de Agricultura, el país produce 1,1 millones de litros diarios de etanol a partir de la caña, lo cual nos pone en el segundo lugar después de Brasil; mientras que en biodiesel, a partir de palma africana, la producción diaria alcanza los 170.000 litros. Se espera que al terminar este año la producción de biodiesel alcance los 800.000 litros diarios (ver artículo página 116) .

Una de las mayores controversias que este tema ha generado es la relacionada con el impacto que este tipo de desarrollos puede tener frente a los alimentos, como el caso del maíz, cuyos precios han aumentado, pues en países como Estados Unidos es uno de los principales insumos en la generación de este tipo de biocombustibles.
 
"El mercado es muy nuevo aún y estamos en el proceso de redescubrimiento y de nuevos descubrimientos, sobre todo a la hora de las eficiencias de los productos. Sobre el impacto en los alimentos se ha hablado mucho. Históricamente, muchos de estos precios van a la baja en términos reales, eso significa quitar renta del sector rural y pasarlo al urbano. La posibilidad está en dar oportunidad y transferencias a las zonas deprimidas y se convierte en un tema de equidad", dice Jens Mesa, presidente de Fedepalma.

La segunda gran oportunidad de corto plazo está en la venta de certificados de reducción de emisiones, a partir de la ratificación del Protocolo de Kyoto y la decisión de países que no lo han ratificado de iniciar voluntariamente este tipo de reducciones en su industria. Colombia tiene seis proyectos ya aprobados por Naciones Unidas y hay cerca de 100 más en diferentes etapas de formulación y elaboración (ver artículo página 130).
 
Sin embargo, el país tiene que poner el pie en el acelerador, pues otros países emergentes como China, India, Brasil, México y algunos centroamericanos han tomado una gran delantera. Este año, los diferentes proyectos colombianos recibieron más de US$14 millones en venta de estos certificados.

Las otras posibilidades están en el desarrollo del biocomercio. Por el tamaño de la mayoría de las empresas se dificulta la consolidación de la oferta de productos nativos y ambientalmente amigables bajo esquemas de desarrollo sostenible.
 
"Por eso trabajamos desde hace tres años en priorizar cadenas de valor que van desde la producción, el recolector o cultivador, el transformador, el productor y el consumidor", dice José Antonio Gómez, investigador principal de biocomercio sostenible del Instituto Von Humboldt. Se han identificado cinco cadenas de valor donde el país puede ser competitivo: plantas medicinales y aromáticas, flores y follajes, mieles, frutas nativas y ecoturismo (ver página 122).

A su vez, el desarrollo de productos orgánicos también abre grandes puertas. Uno de los principales exponentes en el país es el grupo Daabon, de la costa Caribe, que además de exportar sus productos —banano, aceite, cacao y café, entre otros— a Europa, Asia y Norteamérica, se ha convertido en proveedor de grandes multinacionales como Kellogs, Kraft y más recientemente con la cadena de cosméticos inglesa The Body Shop. Estos productos tienen una característica primordial: son excluyentes, pues no todos los suelos, climas y condiciones permiten sus cultivos; pero esto se compensa porque sus precios son más altos.
 
"Al no utilizar fertilizaciones químicas, las productividades se bajan entre 25 y 30%, pero las compensaciones van desde el 15% e incluso en algunos productos llega al 100%", dice Manuel Dávila, vicepresidente comercial de Daabon (ver artículo página 136).

El potencial que tienen estos mercados ha hecho que empresas tradicionales empiecen a desarrollar productos mucho más ligados con el ambiente o tengan un nuevo enfoque estratégico. Por ejemplo, el Ingenio Providencia desarrolló en su portafolio de productos azúcar orgánica que, si bien solo pesa el 1% de sus ingresos, es una de sus principales armas para ingresar a otros mercados en nichos específicos.
 
JGB adquirió la empresa Casa Natura de productos naturales y Pizano vendió a Incubacol, uno de los principales jugadores en el sector avícola, un zoocriadero. Allí se están enviando los desechos de la producción avícola, pero también buenas prácticas administrativas para la producción de pieles, bajo parámetros y reglas ambientales.

"Para muchos consumidores ahora el tema ambiental es prioritario y las empresas deben empezar a desarrollar productos adecuados a estas necesidades. Para Lenovo, por ejemplo, una de las principales solicitudes es la de computadores con menor consumo de energía. Estas variables serán definitivas a la hora de competir", advierte Iván Ballesteros, presidente de Lenovo en Colombia.

De otro lado, el medio ambiente se convierte en factor de diferenciación no solo en productos nuevos e innovadores sino en la posibilidad de desarrollar proyectos y alcanzar recursos financieros. Dentro de las exigencias para desembolsar créditos a entidades privadas o públicas, la Corporación Andina de Fomento, CAF, tiene en cuenta el impacto ambiental de los proyectos.
 
"La banca privada en países desarrollados está muy comprometida con el medio ambiente. En nuestros países es una estrategia que falta por desarrollar: cómo se mitigan los riesgos de los proyectos, cómo se maneja el tema ambiental", dice María Teresa Szauer, directora de medio ambiente de la CAF.

Los desafíos
Sin embargo, para desarrollar estos negocios, consolidar la oferta y descubrir las nuevas variables competitivas, el país tiene retos gigantescos. Uno es la investigación y el conocimiento. "Colombia está acostumbrada a que nos den respuestas, no a darlas", dice Mesa, de Fedepalma. Por su parte, para Felipe Osorio, presidente de la Alianza Team, afirma que "Colombia es buena para investigar pero mala para inventar. Es necesaria una política para incentivar la invención y procesar más patentes. En nuestro caso estamos moviendo el desarrollo a México, pues allí hay incentivos para las compañías".

En este sentido, es necesario apropiarse y desarrollar el conocimiento que les permita a las compañías encontrar en Colombia un escenario propicio para la investigación. Por ejemplo, en el caso del biocomercio, muchos de los productos naturales no tienen la documentación y no están incluidos en las listas de las entidades internacionales encargadas de vigilar el comercio de esos productos.

"En Colombia hay entre 5.000 y 6.000 plantas medicinales, pero solo se comercializan 156 y de ellas; el 40% son nativas y tienen el aval de Invima. En la medida en que validemos esas plantas, hagamos monografías e investigaciones para incluirlas en las listas y sean aprobadas por las instancias locales, podremos desarrollar productos y darles valor", dice Gómez del Instituto Von Humboldt.
 
Además, estos productos se enfrentan a las regulaciones, sellos, controles y reglamentaciones internacionales que hacen cada vez más complejo el ingreso a esos mercados con productos de alto valor. Agilizar estos procesos y abrir las puertas a otros mercados es fundamental, más aún cuando en el Plan Nacional de Desarrollo está incluido el fortalecimiento del vademécum de plantas medicinales.

La otra tarea, es acelerar la infraestructura. En este momento uno de los principales cuellos de botella para el desarrollo de la industria de biocombustibles está relacionado con los puertos. Daabon, por ejemplo, que también está presente en el negocio de biocombustibles, está invirtiendo más de US$7 millones en un puerto privado en Santa Marta, pero la aprobación de la solicitud no avanza ante el gobierno. "¿Cómo es posible que el gobierno impulse el desarrollo de cultivos para el biocombustible, pero la infraestructura siga retenida y no se dé celeridad al proceso del puerto?", se pregunta Dávila de Daabon.

El mensaje es claro: las empresas tienen que entrar rápidamente a la gestión medioambiental, primero porque pueden obtener eficiencias en sus procesos de producción, pero también porque el adecuado manejo ambiental no es una exigencia explícita en muchos mercados, pero si se convierte en un factor diferenciador para los consumidores de los países desarrollados. Hay que apresurarse, antes de que otros tomen la delantera y nos desplacen de los mercados.
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