| 4/23/1999 12:00:00 AM

Mujeres equilibrio ante todo

Las mujeres ya no tienen que probar nada. Esto les ha permitido obtener el éxito profesional sin sacrificar su vida familiar.

Después de varios años de participar en el mercado laboral, las mujeres pueden estar seguras de dos cosas. Primera, una mujer sí puede llegar a la posición más alta en una empresa y, segunda, lograrlo no significa que deba sacrificar su familia ni su vida afectiva.



Estos son algunos de los principales resultados de los estudios e investigaciones de Luz Gabriela Arango, profesora de la Universidad Nacional. Entre las mujeres que empezaron su vida profesional en los 80 y 90, al contrario de las que la iniciaron antes, se nota una clara tendencia a no querer pagar un costo afectivo y familiar tan alto. Ya no hay que demostrar nada. Aparecen modelos más combinados que desean equilibrar el desarrollo profesional con el personal. Así, ellas buscan una mayor colaboración de sus compañeros, sin que esto implique abandonar por completo su papel de amas de casa y madres.



Esto ha sido posible en la medida en que las expectativas sociales frente a los papeles maternos se han reducido. Ya no es mal visto que las mujeres recurran a cierto tipo de ayudas, como enfermeras y empleadas que se ocupen de su hogar y de sus hijos en los tiempos en que estén trabajando.



Hay que hacer énfasis en que poder combinar con éxito la vida profesional y la personal, como es el caso de algunas mujeres que se desempeñan en cargos altos, no es lo común entre mujeres con cargos medios. Estas mujeres no cuentan con la libertad de manejar su tiempo de acuerdo con sus necesidades y, además, los ingresos no les permiten tener las ayudas a las que pueden acceder mujeres con cargos gerenciales más altos.

Hay, sin embargo, otro grupo de mujeres, las que abrieron el camino, para quienes las cosas no fueron tan sencillas. Tenían que romper los paradigmas no sólo en el trabajo, sino también en sus casas y en sus familias. Algunas de estas mujeres trataron de preservar su papel femenino tradicional y cumplir las expectativas sociales de lo que era ser madre y ser esposa. Y, sobre todo, sin cambiar el modelo de esposa que quería su pareja. En esta generación hubo poca transformación de las relaciones familiares, es decir, una pequeña proporción de mujeres que querían ser exitosas consiguieron el apoyo de sus parejas.



En el trabajo, las mujeres tuvieron que adaptarse al modelo masculino y romper con el estereotipo de que ellas no podían ser gerentes porque eran blandas, emotivas, no sabían tomar decisiones y le temían al riesgo. Para demostrar que esto no era cierto, algunas se fueron al otro extremo, tanto que se decía que había mujeres más rígidas y más estrictas que los mismos hombres. Para algunas, el trabajo tomó un lugar tan importante en su proyecto de vida, que dejaron de lado la idea de tener una pareja e incluso de ser madres, para centrar su desarrollo vital y personal en el trabajo. Estas mujeres transformaron el mundo del trabajo y abrieron la posibilidad de que se diversificaran los estilos de ejercer o acceder al trabajo.



La incursión de este tipo de mujeres radicales en la vida profesional aportó mucho a la conformación de un nuevo estilo gerencial. Ya no es gerente sólo quien toma las decisiones y asume el riesgo, sino quien tiene otras capacidades y mediante sus relaciones logra conformar un equipo de trabajo.



Para muchas ejecutivas, asumir un alto cargo ha representado un costo personal muy elevado. En muchos casos sólo cuando estas mujeres han logrado sentirse realizadas profesionalmente buscan la manera de rehacer sus proyectos personales.



Por otra parte, entre las mujeres ejecutivas hay una necesidad de realización profesional, pero también algún grado de ambición de poder y de imponer su modo de hacer cosas o de tener algún efecto sobre la vida social y moverse en un ámbito de acción distinto a la familia. Además, también se trata de llenar unas necesidades nuevas propias del status social de los ejecutivos que hacen que aunque la posición económica del marido sea buena, se haga necesario tener otro ingreso.



Juanita Gempeler

Sicóloga



Hoy en día, en cualquier decisión que tome la mujer -ser ama de casa, ser gerente de una compañía o combinar las dos cosas-, el factor determinante es estar convencida de lo que quiere y conseguir un equilibrio entre las dos funciones.



Con esto en claro, la mujer que escogió seguir una carrera exitosa y, al mismo tiempo, ser madre y esposa, tiene la capacidad de lograrlo.



Pero debe estar consciente de que esto tiene un costo, ya sea desde el punto de vista sicológico o social. Dependiendo de la madurez y del equilibrio que haya logrado esta mujer, se verá o no afectada por estos costos.



Si bien el planteamiento actual ya no es una competencia entre mujeres y hombres, a Juanita Gempeler su experiencia profesional le ha demostrado que, aunque esos conceptos sean mucho más reales hoy en día, están lejos de cubrir a la totalidad de la población. Todavía hay presiones sociales y sicológicas, que hacen que las mujeres sigan padeciendo sentimientos de culpa, algunos de los cuales tienen bases biológicas, como los relacionados con la crianza, actividad que en principio consideran eminentemente femenina.



Esto implica necesariamente que haya diferencias en la forma como actúan hombres y mujeres. Hoy en día, las empresas deben tener en cuenta que las mujeres se mueven más por los sentimientos que los hombres y, por esto, cuando trabajan se ligan afectivamente con la empresa y crean un mayor compromiso con ella.



Pero para alcanzar la madurez de asumir estos costos, la mujer debe tener una aceptación personal muy grande. Por ello, aunque sea capaz de hacer todo lo que se proponga, una mujer puede estar frustrada en algún aspecto de su vida. Esto está ligado a la forma en que manejan las cosas, pues las mujeres se mueven por afecto y tienen una capacidad de compromiso total, mientras los hombres son más motivados por objetivos.



Si una mujer se mueve por el afecto, siente que lo que hace tiene sentido y se acepta a sí misma, es una persona comprometida con lo que sea. Esta mujer puede tener un marido, varios hijos y ser gerente. No hay que olvidar que una gran cantidad de mujeres tienen estas características y no necesariamente son profesionales.



Una mujer madura y equilibrada evalúa si lo que está haciendo es útil y tiene sentido. Así, una mujer que se quedó en la casa por temor y otra que escogió quedarse en la casa por convicción son muy distintas, la una se sentirá frustrada y la otra se sentirá realizada.



La mujer, independientemente de lo que elija, siempre tendrá un cuestionamiento. Hay profesionales que dicen que habrían podido trabajar menos y mujeres que se quedaron en la casa y piensan que habrían podido hacer más cosas. Pero también se ve el caso de madres que, después de haber criado a sus hijos, vuelven a trabajar y están realizadas en su vida profesional y personal.



La respuesta está en su equilibrio y su coherencia, en la medida de que decida y actúe según lo que decidió. El punto central es cómo se hace las preguntas y cómo se las contesta, es lo que cada una quiera hacer y cómo lo va a lograr.



Hoy, la mujer puede ser buena profesional y tener una familia. Es posible que deba renunciar a cosas en los dos lados y hasta puede complicarse. Pero esto no significa que no pueda hacer las dos cosas, la clave es encontrar el equilibrio.



Juanita es uno de esos casos que demuestra que una mujer comprometida y convencida de sus decisiones puede salir adelante con lo que se propone. Para ella, era claro el papel que jugaba la profesión en su vida y por eso decidió casarse después de haberse especializado en terapia cognoscitiva comportamental en Londres.



Después de un tiempo y de común acuerdo con su marido, decidió tener hijos muy seguidos uno del otro con la intención de que más tarde se pudiera enfocar más en su profesión. Aunque fueron tres años dedicados casi por completo a la crianza, para ella era importante no alejarse por completo del ámbito laboral. Optó por dictar conferencias y escribir un libro.



A Juanita Gempeler, tanto la experiencia personal como la profesional la han llevado a la misma conclusión. La clave para que una mujer se pueda realizar como profesional y como madre y esposa está en que defina con claridad qué quiere y encuentre el equilibrio entre las dos labores.
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